-Sos coautora junto a Rafael Rofman, "La Revolución Demográfica", que explica, entre otras cosas, la abrupta caída de la natalidad en Argentina. ¿Cuál fue el objetivo de hacer el libro?
-De alguna manera queríamos responder a la preocupación de muchas personas sobre los cambios demográficos recientes en la Argentina. Especialmente sobre la falta de niños en el país. Y este libro viene a traer la palabra demografía, que a veces asusta, porque internamente se la conoce como la ciencia de las alarmas. Hubo un momento en el que nos preocupábamos por la sobrepoblación y ahora, como dice la serie "El cuento de la criada", estamos temerosos ante la posibilidad de que no haya más niños, de que se acabe la humanidad y no sé cuántos más escenarios distópicos...
-¿Temores injustificados?
-Sí, porque queremos demostrar que el cambio demográfico que estamos viviendo es una buena noticia y no debería alarmarnos, aunque sí tenemos que estar atentos para armar la discusión de lo que se viene a futuro.
-Lo que alarma es lo estadístico: la fecundidad en Argentina se fue a pique y en una década, entre 2014 y 2024, cayó casi un 50 por ciento. Se pasó de 2,4 hijos a 1,23 por madre.
-La caída fue muy acelerada. Hasta no hace mucho leíamos en los diarios que en las escuelas no había vacantes y hoy en día ya no leemos más esas noticias. En términos educativos, en el sector público, es una gran oportunidad porque hay muchos desafíos como por ejemplo pensar en una doble escolaridad, o en brindar una atención más personalizada, o en mejorar los resultados de calidad en el aprendizaje. Entonces, a partir de las políticas que se implementen, puede ser una posibilidad inmejorable para fortalecer la oferta educativa en todo el país. Están las escuelas, están los niños estudiando, aunque en menor cantidad, y están los docentes, a quienes se podría capacitar aún mejor.
-¿Los colegios privados correrán la misma suerte?
-Bueno, las escuelas privadas suelen sostenerse económicamente por la cantidad de alumnos que pagan su cuota mensual, son establecimientos que tienen un modelo en el que la cantidad es importante, por lo cual van a tener que repensarse. Entiendo que tendrán que explorar recursos con lo que les quede de capacidad ociosa y reformular los pasos a seguir.
-¿Es viable que esta "oportunidad" se cristalice en un país como Argentina?
-Debería suceder para que aprovechemos este momento histórico que se llama "Bono Demográfico", que es donde estamos parados en la actualidad. ¿Qué quiere decir? Que somos muchas personas de 20 a 64 años, en edad de trabajar, en comparación a gente mayor y a niños y niñas, ambos grupos a los que llamamos personas dependientes. Se supone que en la actualidad tenemos más recursos para distribuir a los dependientes, pero hay que saber que ese bono demográfico se acaba en unos 15 años. Allá por 2040, 2041 se consolidará el envejecimiento y aumentará la proporción de personas dependientes, principalmente la gente mayor. Por eso hay que enfocarse en la preparación de los chicos para que el día de mañana puedan tener buenos trabajos.
"En unos quince años se consolidará el envejecimiento y aumentará la proporción de personas dependientes, principalmente la gente mayor", afirma Carola Della Paolera. Foto: Juano Tesone
-¿Cuán positivo es que sepamos que el país está envejeciendo?
-Es una buena noticia. Envejecemos porque vivimos mejor, porque aumentó la esperanza de vida y contamos con más desafíos y oportunidades por delante. La mayor parte de los países avanzados están envejecidos y ya pasaron su transición demográfica. Ahora le toca a la Argentina transitarlo y debe saber que habrá fuertes impactos en la organización en el sector educativo, en el mundo del trabajo y en la salud. Y pasaremos de una sociedad de nietos a una sociedad de abuelos.
-Suena preocupante. ¿Qué significa?
-Como vamos a vivir más, vamos a ser más personas mayores por cada niño, con lo cual los menores estarán más acompañados de de gente grande.
-¿Ese envejecimiento impactará sobre la edad jubilatoria y las leyes previsionales?
-Nos pone frente a la necesidad de repensar nuestro sistema jubilatorio, que hoy está muy fragmentado, con cerca del 40 por ciento de jubilaciones de excepción. Como sociedad vamos a tener que plantearnos, con tiempo y seriamente, cómo sostenemos el estado de bienestar, para que todos podamos tener una calidad de vida digna. Es una discusión que habrá que dar, será difícil porque es un tema sensible, pero será fundamental reorganizar el sistema previsional, que al día de hoy tiene muchísimas falencias.
"A partir de 2014 se dio el inicio de la "revolución silenciosa", esta vez descendiendo la natalidad más rápidamente, hasta llegar a 1,23 hijos por mujer en 2024. Foto: Juano Tesone
-En términos laborales existe el miedo de que, por la irrupción tecnológica, las personas sean reemplazadas y queden sin trabajo. ¿Qué podrías decir con el panorama demográfico?
-Es bueno mencionar este punto, porque a medida que la tecnología gana espacio, también vamos a tener menos cantidad de personas en edad de trabajar, con lo cual no necesariamente sea negativo que la tecnología venga a ayudarnos a levantar los niveles de productividad por persona. Hoy hay muchos escenarios distópicos sobre el futuro, pero la realidad es que nunca estuvimos mejor parados en términos de las posibilidades que tenemos.
-¿Por qué se dice que Argentina es "una rara avis" en términos demográficos?
-Llegando a 1950, la fecundidad había bajado a alrededor de 3 hijos por mujer, luego tuvimos algunos vaivenes en sus valores en el país pero a grandes rasgos, entre 1950 y 2014, en Argentina la fecundidad cayó cerca de un 25 por ciento, mientras que en la región la caída fue de alrededor 62 por ciento. A mediados de la década de los 2000 estábamos en alrededor de 2,4 hijos por mujer, pero a partir de 2014, como mencioné, se dio el inicio de la "revolución silenciosa", esta vez descendiendo más rápidamente hasta llegar a 1,23 hijos por mujer en 2024, últimas cifras registradas.
-¿Esta tendencia en baja se revertirá o quedará así?
-Lo más probable es que las mujeres tengan entre uno y dos hijos. Puede llegar a rebotar un poco, pero no se movería de ahí, según lo que advertimos en varios países, en el marco de la transición demográfica.
-¿Vamos a llegar a ser 50 millones de argentinos?
-Vamos a acercarnos a esa cifra, pero no la vamos a superar. Según las proyecciones estadísticas, no habrá cambios significativos respecto a la población que conocemos hoy. Sí cambiará mucho en términos de composición, ya que será una población más envejecida.
-Hace unos días el presidente Milei, en el Council of the Americas, hablando de la baja natalidad expresó: "Estamos pagando caro la locura de los pañuelitos verdes".
-(Risas) Lo que dijo no coincide con el diagnóstico. La tasa de la caída de la fecundidad en el país comenzó en 2014 y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo fue sancionada en 2020, e impulsada en 2021, con lo cual los abortos no explican la caída de natalidad. Lo que lo explica es que la gente está eligiendo libremente tener menos hijos. Sí podría haber una influencia cultural sobre las elecciones de las personas, pero esto excede a "los pañuelitos verdes" y es que a lo largo de la historia de la humanidad cambió el mandato "la mujer sólo sirve para procrear" por otros escenarios más amplios de la vida.
-¿Qué debería hacerse desde la política?
-Acompañar en este proceso de transición demográfica, que sucedió y sucede en todo el mundo, y en el que pasamos de sociedades en las que nacíamos muchos y moríamos mucho porque vivíamos poco, a sociedades donde nacemos menos pero donde vivimos mucho más. El envejecimiento poblacional es el éxito de la humanidad.
-También podríamos observar que el Presidente se refiere al tema sin ser padre.
-Una de las cosas que nos impulsó a escribir con Rafael Rofman el libro fue que estábamos en un asado y allí un señor deslizó: "Las mujeres deberían tener más hijos, ¡qué mal! El mundo está cayendo en picada". Lo miramos y le preguntamos cuántos hijos tenía, y nos dijo "uno" y "no quiero saber nada con tener más". ¿Entonces? Ese señor también contribuye a la caída de natalidad, pero lo gracioso era la visión que tenía, sin tener en cuenta su propio registro. Creo que este tipo de discursos en algún lugar de la sociedad prende, pero basta con ver el diagnóstico de lo que pasa, para notar que es afirmación no se condice con la realidad. Siento que la política pública no debería asustar, lejos estamos de un fin de humanidad.
-Siempre está latente esa idea, pensamiento o verdad de perogrullo que "todo tiempo pasado fue mejor"...
-De ninguna manera. Estamos en momentos históricos mundiales donde la calidad de vida es muy superior a otras épocas, hoy podemos elegir sobre nuestra vida reproductiva... Obviamente hay problemáticas y padecimientos en la caída de los mandatos familiares, hoy hay una heterogeneidad que no tiene nada que ver con otros tiempos, cuando uno se casaba temprano y era padre joven... La familia en una caja de cereales o Los Ingalls son cada vez menos comunes. Eso genera ansiedad, pero también se abre una capacidad de autonomía y de elección que antes no había.
-Para mucha gente que está preocupada: ¿hay posibilidades de quedarnos sin chicos a futuro?
-No va a suceder eso, porque la gente sigue teniendo hijos, simplemente hoy se elige tener menos hijos.
Las menores de 20, el cambio más pronunciado
Cuando a Della Paolera se le consulta por cuál es el sector etario donde se advirtió la caída de la natalidad, la especialista no lo duda: "El de las mujeres jóvenes, de menos de 20 años y con menor educación. Esa franja registró una caída del 70 por ciento de natalidad, lo cual es un muy buen indicador porque los embarazos adolescentes, generalmente, son no intencionales, no deseados y tienen repercusiones muy fuertes en las trayectorias de vida de esas mujeres y de esos hogares".
"En la franja etaria de chicas menores de 20 años es donde se registró la mayor caída de natalidad: 70 por ciento". Foto: Juano Tesone
Investigó Della Paolera que hubo dos motivos puntuales que llevaron a este abrupto descenso: el acceso a anticonceptivos modernos e información, y después se necesita voluntad de la gente para querer usarlos. Pero no es que las mujeres no están teniendo hijos, sino que están teniendo menos. Hoy la mayor cantidad de gente que conocemos alrededor nuestro, entre 30 y 40 años, tiene uno o dos hijos a lo sumo. Este es el cambio demográfico que estamos viendo".
Sobre aquella popular frase "se embarazan por un plan", que se refería a la Asignación Universal por Hijo, Della Paolera la descarta: "Claramente esa preocupación era fallida, porque lo que estamos viendo es que cayeron las tasas de natalidad. Esa frase fue un mito, porque eso no sucedió. Si hay algo que funcionó muy mal a lo largo de la historia, en Argentina y en el mundo, son los estados diciéndole a la gente cuántos hijos tiene que tener. Las políticas que empujan por mayor o menor natalidad, salvo si son extremadamente coercitivas, suelen no funcionar. La decisión de tener hijos es individual, personal, multidimensional y tiene que ver con muchas cosas".
Si bien como dice la investigadora, "la decisión de tener hijos tiene que ver con muchas cosas", a veces asoma la sensación de que la crisis económica también pudo haber influido en las familias a la hora de tener menos hijos o postergarlo. "Argentina es un buen laboratorio para ver este tema. Acá estuvo la hiperinflación, la crisis de 2001 y no advertimos grandes cambios en la tasa de fecundidad. La explicación económica no está detrás de una decisión de tener o no tener niños, o cuándo. Pero sí es vedad que los hijos son caros, caros en tiempo y en dinero. Y aunque no guste, hay que decir que como sociedad hemos encarecido a los hijos porque les queremos brindar más calidad de vida, que sean felices, que tengas más cosas, que vayan a la universidad. Es como que cambiamos cantidad de hijos por calidad de hijos".
Itinerario
Hija de economistas, Carola Della Paolera nació en Nueva York, pero a los tres meses se mudó a la Argentina y años más tarde pasó su adolescencia y parte de su juventud en Francia. "Hasta los 11 años estuve en Buenos Aires, hice la escuela primaria y después, por compromisos laborales de mis padres, nos mudamos a París, donde hice la secundaria y parte de la universidad".
Se encontró con una autonomía inesperada, empezó a saborear de una ciudad como París, hasta que a los 20 decidió que ya era hora de volver a Buenos Aires, porque a India, donde se habían marchado sus padres, no quería ir. "Así fue que llegué a la Argentina con mi proyecto de vida y un voluntariado en una fundación que trabajaba en facilitar el acceso de la red de gas en Moreno y así fue que me enganché con las políticas públicas".
Carola es Magíster en Políticas Públicas por la Universidad Torcuato Di Tella y Licenciada en Psicología (major) y Economía (minor) por la American University of Paris. Sus áreas de investigación incluyen la pobreza, la protección social y la inclusión sociolaboral. Fue coordinadora del programa de Protección Social en CIPPEC. Hoy trabaja para la consultora Llorente & Cuenca.
Al toque
Un desafío: contribuir en el diseño de políticas públicas para mejorar la calidad de vida de la población.
Un proyecto: terminar mi carrera de psicología en Argentina para trabajar en salud mental.
Un sueño: siempre vivir de forma auténtica en sintonía con el deseo.
Un prócer: Simone de Beauvoir. Fue una pionera para miles de mujeres en todo el mundo.
Un líder: Marie Curie.
Un libro: "El malestar en la cultura", de Freud.
Una película: Persépolis.
Una comida: asado.
Una bebida: vino tinto.
Una sociedad que admire: los Países Nórdicos por su calidad de vida, Francia por su rebeldía, España por su comida, Italia por su extroversión. Pero… no hay nada como la Argentina. Tuve la suerte de vivir en otro país, y sigo eligiendo Argentina.
Un placer: juntarme con amigos en el Parque Saavedra (el mejor parque de la ciudad)
Un recuerdo: las historias de vida que me contaba, y por suerte me sigue contando, mi abuelo.
PS
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