Durante años, una abuela de Kenia sostuvo a su familia con trabajos informales y vivió con una preocupación que parecía imposible de resolver: conseguir una casa propia.
Su realidad económica hacía que la idea de construir una vivienda pareciera demasiado lejana. Tenía que ocuparse de sus dos hijas y de sus nietos y destinar sus ingresos a las necesidades básicas de la familia. Pero esa situación comenzó a cambiar cuando decidió intentar algo que durante mucho tiempo había considerado imposible.
El proyecto de construcción empezó con un momento sencillo, pero cargado de significado: la propia mujer colocó el primer ladrillo de la vivienda que esperaba convertir en el hogar de su familia.
Una familia sostenida con trabajos informales
La mujer había pasado buena parte de su vida realizando trabajos informales para conseguir ingresos.
En Kenia, como ocurre con muchas familias que dependen de este tipo de empleos, los ingresos pueden variar de un día a otro y dificultan la posibilidad de planificar proyectos a largo plazo.
Su realidad económica hacía que la idea de construir una vivienda pareciera demasiado lejana. (Foto: gentileza Click Petroleo e Gas)
En su caso, además de cubrir sus propias necesidades, tenía que ayudar a sus dos hijas y a sus nietos. La prioridad era garantizar la comida y los gastos cotidianos. Ahorrar una cantidad suficiente para construir una casa parecía, por eso, prácticamente imposible.
Durante años, la posibilidad de tener una vivienda propia quedó relegada frente a las necesidades más urgentes.
El sueño de una casa propia
La falta de una vivienda propia no representaba solamente una cuestión económica. Para la familia, contar con una casa significaba tener un lugar estable donde vivir y reducir la incertidumbre que puede generar depender de soluciones habitacionales temporales.
La abuela sabía que construir una vivienda requería dinero, materiales y tiempo. Tres elementos que no abundaban en su situación. Aun así, decidió comenzar.
El primer ladrillo representó mucho más que el inicio de una obra. Fue la prueba de que aquel proyecto que durante años había parecido inalcanzable podía finalmente convertirse en una realidad.
Ella misma colocó el primer ladrillo
El momento tuvo un fuerte valor simbólico. La mujer no se limitó a imaginar cómo sería la casa ni a esperar que alguien más la construyera. Fue ella misma quien colocó el primer ladrillo.
A partir de ahí comenzó un proceso que requeriría esfuerzo y perseverancia. Cada avance significaba acercarse un poco más a una vivienda que podía cambiar las condiciones de vida de toda la familia.
La construcción también se convirtió en una forma concreta de dejar atrás la idea de que tener una casa propia era algo reservado para quienes tenían mayores ingresos.
Una vivienda para tres generaciones
El objetivo no era construir una casa solamente para ella. La vivienda estaba pensada para ofrecer un lugar estable a tres generaciones de la misma familia: la abuela, sus dos hijas y sus nietos. Eso convirtió el proyecto en algo mucho más grande que una obra particular.
Ahorrar una cantidad suficiente para construir una casa parecía prácticamente imposible. (Foto: gentileza Click Petroleo e Gas)
Una casa propia podía significar que las generaciones más jóvenes crecieran en un espacio estable y que la familia tuviera una mayor seguridad frente a los cambios económicos.
La ONG detrás de este proyecto
El proyecto de la construcción de la casa fue apoyado y registrado por Habitat for Humanity International (HFHI), una ONG estadounidense de perfil filantrópico que se dedica al desarrollo de este tipo de acciones tendientes a darles soluciones a personas que viven en condiciones precarias, con la edificación o refacción de viviendas.
Esta ONG surgió en Estados Unidos, donde tiene presencia en todos sus estados, pero ya se ramificó a distintas partes del mundo, ya que hay 50 países donde tiene subsidiarias. Fue fundada en 1976 por el filántropo Millard Dean Fuller y su esposa, Linda Fuller, pero fue en 1984 cuando el apoyo del expresidente Jimmy Carter le dio un empuje más fuerte.
En sus primeras tres décadas, la organización construyó más de 350 000 viviendas para más de 1,75 millones de personas. Habitat for Humanity International mantiene su sede operativa en Americus, Georgia, donde fue fundada, y su sede administrativa en Atlanta.
Todavia no hay comentarios aprobados.