A casi 1.700 kilómetros de Nueva York hacia el oeste, la lejana Iowa es famosa por organizar los primeros caucus presidenciales, esas internas tan especiales de EE.UU. y por albergar una icónica cancha de béisbol. Desde Argentina, sin embargo, es el espejo en el que se miran los chacareros. Se trata del principal productor de maíz que luego se transforma en carne vacuna y de cerdo en Estados Unidos, es decir del mundo.

Lo llaman el corazón agrícola del Medio Oeste que va corriendo hacia nuevos desafíos la frontera tecnológica.

Roberto Bisang, economista, profesor titular de Ciencias Económicas (UBA) y uno de los integrantes de la “Peña de nerds”, que en el ITBA busca capacitar en agronegocios a jóvenes vinculados a la tecnología para atraerlos al ecosistema del negocio rural, es de aquellos que piensan fuera de la caja. Afirma que hoy Pergamino, nuestro corazón agrícola, es como Iowa, “no hay nada que envidiar”, le dice a Clarín.

Este investigador desarrolló un nuevo concepto, el “campo ampliado, esa combinación de química verde e inteligencia artificial, una plataforma de producción agrobioindustrial que arranca con la gestión de la fotosíntesis”, según desliza.

Roberto Bisang fotos Ariel Grinberg

Así, entiende que se ha evolucionado desde la siembra directa, que nos distingue, el uso de la genética y la agricultura por contrato con paquetes tecnológicos de avanzada, hacia un nuevo modelo de organización, “una plataforma que abarca el campo ampliado y es parte de las locomotoras como energía, la minería a gran escala y la industria de servicios del conocimiento, que pueden sacar el país adelante”.

-¿A que le llama el campo ampliado?

-Es un campo antes del campo, con todo el desarrollo de fabricación de semillas, fertilizantes, insumos, microbiología del suelo aplicada a inoculantes. Es una red de oferta de insumos altamente sofisticados e industriales que abastecen a la producción agrícola.

-¿Y la química verde?

-Es una industria nueva a nivel mundial. Son los materiales de origen vegetal, reciclables, los bioinsumos. El mundo va en esa dirección. Era acero, petroquímica, automotriz, y ahora es bioenergías, biomateriales, más inteligencia artificial, más una nueva forma de organización global en redes de valor. Argentina tiene en el campo una actividad que transita una revolución técnica global.

-¿Por qué relaciona Pergamino con Iowa?

-Un granjero de Estados Unidos viene a aprender a Expoagro y un granjero de Pergamino va al farm progress show a intercambiar con sus pares de Estados Unidos. Allá los farmers manufacturan el maíz y lo convierten en diversos insumos a nivel industrial. Pero acá se vive el cambio tecnológico mundial cuya avanzada también tiene lugar en nuestras latitudes. La ventana de oportunidad está abierta. Y si se observan las rutinas empresarias del campo se notará que saben cómo hacer el negocio, toman riesgos, juegan en red con contactos internacionales.

En la visión de Bisang, “el modelo de producción que predomina en el campo tiene cada vez menos que ver con la naturaleza y cada vez más con el uso intensivo de la tecnología. Los productores de punta están siempre conectados, con sembradoras y cosechadoras con GPS y gerenciamiento inteligente. Argentina tiene un posicionamiento esperanzador. Hay tierra disponible, agua dulce y genética propia”.

Bisang da ejemplos. En el caso de los semilleros Don Mario, entre tantos otros, como las estaciones experimentales del INTA, que entienden la semilla como un código genético que se puede modificar, o las cabañas de reproductores que seleccionan en función de marcadores moleculares y hasta los tambos robotizados y de economía circular de Adecoagro, por citar solo unos pocos.

“Tenemos la gente y las rutinas empresarias. La potencialidad de nuestro agro depende de la estrategia y de la política que nos tracemos de industrializar la biomasa completa del maíz, de la soja, de la caña de azúcar, de los 296 cultivos que tiene registrados la Argentina y no tanto de los mercados internacionales”, concluye.