Hoy una reseña de Google puede consagrar o hundir a un restaurante. Los locales piden calificación al final de la comida, arman campañas para juntar estrellas, hasta ofrecen descuentos a cambio de una reseña. Bodegón Caballito hizo lo mismo, pidió reseñas a sus clientes, y llegó a 4,7 puntos sobre 5, un número que hoy funciona como anzuelo para quien todavía no lo conoce.
Funciona en las instalaciones de Caballito Jrs, un club de barrio, sobre la calle Nicasio Oroño, en lo que fue su buffet social. Los domingos al mediodía puede hacer 200 cubiertos con colas de una hora o más.
Empanadas de carne al Malbec, tortilla y matambrito a la pizza son los platos destacados que se pueden compartir entre tres personas, con $ 25.000 cada uno alcanza. Ahí está la clave del lugar, comer rico sin gastar de más.
Cómo es y qué comer en Bodegón Caballito
El local funciona dentro de Caballito Jr, un club histórico de futsal que supo estar en la Primera A y hoy juega una categoría más abajo, aunque sigue siendo semillero de baby fútbol en el barrio. Antes del bodegón, en ese mismo espacio funcionaba el buffet del club, un salón chico, que fue ganando terreno con los años.
Detrás del proyecto están Martín Acuña y su socio Mauro, amigos. Martín arrancó como bachero a los 19 y ahí aprendió el oficio. "Yo trabajé un tiempo en algunos restaurantes. En la Parolaccia estuve como dos años, aprendí un montón de cosas, y ahí empecé como bachero, fui creciendo". Mauro venía de un emprendimiento familiar de viandas para empresas y tenía ganas de dar el salto al servicio de mesa.
El salón lleno del Bodegón Caballito.
Abrieron en 2021, en plena salida de la pandemia, cuando los bodegones empezaban a multiplicarse por toda la ciudad. Al principio abrían solo los viernes a la noche, con parrilla libre y poco más. El crecimiento fue escalonado hasta que, en el verano de 2025, tiraron una pared y sumaron parte del espacio del club para ampliar el salón y optimizar la cocina y la caja.
Hoy el domingo al mediodía es el turno más fuerte. "El domingo es impresionante, el último que pasó al mediodía hicimos 181 cubiertos, para nosotros eso está por encima de la media, hemos tenido picos de 200". El récord absoluto llegó un sábado a la noche, después de un recital de una banda que tocó en Ferro, a pocas cuadras de allí.
El crecimiento trajo también más reseñas, y con ellas, algo de vértigo. "Nosotros siempre estuvimos en 4.8, cuando empezó a venir más gente empezó a reseñar más, hubo algunas buenas, muchas buenas, algunas malas, y bajamos a 4.6, ahí armamos una campaña con los chicos, con los camareros, y pudimos llegar al 4.7".
El bodegón fue ganando espacio al club. Su vereda se llena.
Piden la reseña con un código QR en la mesa, "amablemente", aunque reconocen que también reciben alguna mala. "Te baja el promedio un montón, viene gente y te dice llegué y había espera, y eso también te pega".
La propuesta gastronómica nació de la cocina de casa, antes que de la parrilla. Martín lo resume así, "nos gusta la parrilla, yo tengo por ahí la gastronomía de la Parolaccia, pero sabía que me desempeñaba bien con todo lo que nosotros llamamos salseado, pollo al verdeo, matambre al verdeo, pollo al champiñón, la cocina de la casa y de nuestras abuelas". Esa base marcó el rumbo del menú.
La tortilla rellena para compartir de Bodegón Caballito. Foto: Ariel Grinberg.
La parrilla llegó después, casi de rebote. Empezaron con chorizo y morcilla en el arranque, sumaron vacío, asado y ojo de bife, hasta que el padre de Mauro puso el límite. "Un día vino el padre de mi socio y nos dijo, ustedes van a hacer un bodegón o una parrilla, fue como, tenés razón, entonces le dimos más bola a la cocina de adentro, a la milanesa, alguna cazuela, las pastas".
Hoy la carta combina las dos almas del lugar. Tiene milanesas, empanadas, buñuelos, tortilla y pastas de un lado, vacío, asado banderita y ojo de bife del otro. La entraña quedó afuera, "es un corte difícil, caro", explica Martín.
El matambre a la pizza de Bodegón Caballito.
De todo eso, cuatro platos se llevan la mayoría de los pedidos. La tortilla es, en palabras de Martín, "el emblema del bodegón", abundante al punto de rendir para tres personas. Es alta, rellena de jamón y queso, sale babé por dentro, y la papa se corta especialmente para la tortilla, distinta a la que usan para las papas fritas, un detalle que no es tan común en otros bodegones, donde suelen usar el mismo corte para las dos preparaciones ($ 19.500).
El vacío es "el caballito de batalla, lo que sale bien, lo que no falla, sale bien servido" ($ 34.000). Un poco más abajo en el ranking, pero igual de pedidos, están el matambre a la pizza, con guarnición propia, también para tres personas ($ 27.200). Y la Mila Bodegón, la milanesa de la casa ($ 39.000). Las empanadas son fritas, bien rellenas de carne desmechada al malbec. Hay que probarlas.
El criterio detrás de cada plato es siempre el mismo, que la comida esté bien hecha antes que bien fotografiada. "Si pedís una milanesa con papa frita y huevo frito, que esté bien hecha, la milanesa dorada, la papa bien cocida y caliente, el huevo frito, lindo, pero no lindo para la foto, lindo de que esté bueno, como en tu casa".
La milanesa de la casa sale con guarnición para compartir. Foto: Ariel Grinberg.
El cubierto promedio ronda los $25.000 a $27.000. "Acá comés bien con un buen producto, precio y calidad, materia prima buena y que no duela tanto el bolsillo, eso hace que la gente venga, repita y vote con el bolsillo", cierra Martín.
El año pasado sumaron La Roti del Bode, una rotisería a diez cuadras, en Villa Santa Rita, con la misma propuesta y un mostrador de platos del día.
Bodegón Caballito, Nicasio Oroño 566, CABA. Abren de martes a domingo de 12 a 16 y de 20 a 0 h. Instagram: @bodegoncaballito
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