El presidente Donald Trump anunció este viernes que suspende por 90 días los aranceles a las importaciones de carne vacuna picada a Estados Unidos, con el objetivo de contener el aumento de los precios de un alimento clave de la mesa de los estadounidenses a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre. Aunque no se conocen aún los detalles de implementación y cuál será el impacto real, la medida despertó expectativa entre los productores argentinos, que podrían beneficiarse con más ventas.

Trump escribió en la red Truth Social: “Durante los próximos 90 días, Estados Unidos permitirá importar hasta 300.000 toneladas métricas de productos destinados a carne picada vacuna sin aplicar el arancel correspondiente a las importaciones que excedan la cuota”.

Este tipo de carne se importará sin "aranceles fuera de cuota" y se venderá un 25 por ciento por debajo del precio actual de mercado, dijo Trump.

La carne picada es un insumo fundamental para los estadounidenses, que consumen habitualmente hamburguesas y productos procesados con ese alimento. Hoy cuesta en promedio nacional 6,89 dólares por libra (453 gramos), el equivalente a 15,19 dólares por kilo. Es cerca de un 24% más que cuando Donald Trump asumió la presidencia en enero de 2025, según datos oficiales del Bureau of Labor Statistics.

En clave electoral, a pocas semanas de las elecciones del 3 de noviembre, Trump dijo que tomaba esa decisión “para reducir sustancialmente el precio de la carne picada para las familias trabajadoras estadounidenses” y, culpó a su antecesor por la suba.

“Como todos saben, con el presidente Biden, los precios de la carne de vaca se dispararon a un ritmo más rápido y el ganado estadounidense cayó a su tamaño más pequeño en la historia moderna”, dijo el presidente.

En verdad, los precios subieron dramáticamente en el gobierno de Biden durante la pandemia y el corte de la cadena de suministros (hubo picos de inflación de un 9% anual), pero el costo de vida bajó hacia el fin del mandato del demócrata y se estabilizó en casi un 3%.

Trump ganó las elecciones con la promesa de bajar los precios, pero su política de aumento generalizado de aranceles, que en la práctica se traslada a los principales insumos, más el aumento del precio del combustible por la guerra con Irán, provocaron una nueva suba en los alimentos y otros productos de consumo diario.

Trump impuso aranceles a todos los países que, en su mayoría, fueron declarados luego ilegales por la Corte Suprema. A través de otro instrumento se aplicaron aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % a las importaciones procedentes de 60 países bajo el argumento de que en ellos se hacen "esfuerzos insuficientes para combatir el trabajo forzoso". No obstante, la carne vacuna quedó eximida de este gravamen.

La inflación es la principal preocupación de los estadounidenses hoy, según las encuestas. Un 67,4% de los ciudadanos desaprueba específicamente la gestión de Trump para contener los precios y un 60% su manejo en general de la economía, según un promedio de sondeos de RealClearPolling.

El presidente no dio detalles sobre cómo funcionaría su plan de reducción de aranceles de la carne picada, pero la noticia sorprendió a los ganaderos estadounidenses, que ya venían protestando por el aumento de cuotas de importación de carne de varios países, entre ellos la Argentina. Trump no especificó de qué países provendría la carne de vacuno, de dónde se vendería ni cómo se descontaría un 25 por ciento.

Entre las otras medidas adoptadas por Trump para intentar reducir el precio de la carne vacuna, a comienzos de este año firmó una orden ejecutiva que aumentó cuotas de importación de carne argentina.

La medida elevó en 80.000 toneladas métricas la cuota arancelaria para la carne vacuna de Argentina. El incremento se aplica exclusivamente a los recortes magros de carne vacuna, utilizados para elaborar carne picada.

Brasil es uno de los mayores proveedores de carne vacuna a Estados Unidos. La Casa Blanca informó que este mismo viernes Trump había hablado por teléfono con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y que el presidente brasileño enfatizó la necesidad de continuar con las negociaciones arancelarias.

No se mencionó si habían hablado específicamente del tema de la carne. Pero Brasil es uno de los pocos países que podría exportar grandes cantidades de carne de vacuno a Estados Unidos en los próximos 90 días, cumpliendo el objetivo de 300.000 toneladas métricas. Los principales exportadores son, además de Brasil, Canadá, México, Australia, Nueva Zelanda y Uruguay. Más lejos, Argentina.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo a The New York Times que el presidente firmaría una orden ejecutiva para eliminar los aranceles en las próximas dos semanas. A cambio del alivio arancelario, el presidente había logrado un acuerdo con exportadores extranjeros de carne para ofrecer un descuento del 25 por ciento, dijo. El funcionario no especificó a qué exportadores extranjeros se refería ni de qué país procedía la carne.

"Esta acción, en un momento de demanda histórica de carne de vaca, ayudará a abordar la asequibilidad de la carne, después de que el suministro de ganado de nuestro país cayera a su nivel más bajo 75 años bajo la administración Biden", dijo el Departamento de Agricultura.

Más del 80 por ciento de la carne de vaca que consumen los estadounidenses se produce en Estados Unidos, lo que significa que incluso un aumento en las importaciones de carne probablemente no incrementará radicalmente la oferta de carne ni bajará los precios.

Ganaderos y economistas afirman que la única forma duradera de reducir los precios de la carne de vaca es aumentar el tamaño del rebaño estadounidense. El número de cabezas de ganado en EE. UU. es el más bajo desde los años 50, tras años de sequía y márgenes bajos que llevaron a los productores a reducir el tamaño de sus rebaños o abandonar el negocio.