El martes 16 de junio las miradas argentinas estaban concentradas en el once titular de la Selección Argentina que se iba a enfrentar a Argelia en el primer partido de la fase de grupos del Mundial. Entre grandes jugadores, también había grandes promesas, y una de ellas era Benjamín Rodriguez, el adolescente de catorce años, arquero de San Miguel, que aquel día llevó la pelota al centro del campo.
“En 2018 me junté con todos mis amigos a ver el Mundial. Teníamos ocho años cuando empezamos a gritar de felicidad y de tristeza entre goles. Después de eso, todos nos anotamos para jugar en una escuelita”, recuerda Benjamín.
El entrenador notó en Benjamín gran habilidad para defender el arco: “Se me acercó y me ofreció ir a jugar al club Acassuso. Ahí estuve un año y medio, hasta que me llamaron para jugar en River, donde estuve seis años y medio”, cuenta.
Benjamín frente al cuerpo arbitral en el partido de Argentina contra Argelia con la pelota en la mano.
Cuando llegó la adolescencia, el club destacó la habilidad del joven jugador, pero se preocupó por su falta de altura. Sus entrenadores le aseguraban que iba a crecer, que era cuestión de tiempo: “Él siempre me decía que la altura era algo que no iba a poder cambiar, sin importar cuánto se esforzara, jamás iba a poder cambiarlo si su cuerpo no lo permitía –añade el padre de Benjamín– Después de eso, lo llevaron a jugar a las inferiores de San Miguel, ya que no tenía la altura para seguir en River”.
A San Miguel llegó midiendo 1,63, hoy mide un 1,80 con catorce años. Se levanta diariamente a las cinco de la mañana para ir a entrenar, y de ahí va para el colegio: “Su entrenamiento como futbolista conlleva más que el desempeño deportivo, sino que debe ir al psicólogo deportivo, ir a todos los partidos y perderse de parte de la vida de un adolescente –cuenta el padre– La vida de un futbolista es muy sacrificada para que solo el 1% pueda llegar a hacer algo provechoso con eso. Pero yo confío mucho en Benja”.
Benjamín recibe propuestas de diversos clubes para jugar, como Racing, Independiente, Argentinos Juniors y Riestra. Sin embargo, está decidido a quedarse en San Miguel, donde le dan la oportunidad de mostrar su capacidad: “Si me voy a esos clubes, me van a poner a jugar en octava división, donde no podría mostrarme y hacer tanto como acá, donde entreno con los jugadores de reserva. Solo tengo catorce años, tengo que tener paciencia para ir a grandes clubes”.
La pasión de Benjamín empezó a sus ocho años, después del Mundial 2018.
Antes del Mundial, el sponsor oficial de la FIFA, Kia, organizó una convocatoria para que los seis jóvenes jugadores tuvieran la oportunidad de acompañar a la selección al centro del campo en el primer partido del Mundial de este año: “Fuimos a los Ángeles a jugar un torneo con mi equipo y salimos terceros –dice Benjamin– Yo era el capitán de mi equipo, y por mérito me dejaron ser el ballcarrier, es decir me hicieron llevar la pelota”.
Es así que aquel martes 16 de junio llegó, y Benja estaba en el túnel de la cancha, minutos antes de empezar el partido, saludando a los jugadores de la selección argelina y argentina: “Zidane, el arquero de Argelia, me recomendó seguir adelante, a pesar de las dificultades de la posición como arquero”.
Benjamín, de 14 años, jugó en Acassuso y River y ahora está en San Miguel.
Sin embargo, lo que más recuerda es ver a Messi, al Dibu, a Julián Álvarez y a todos los jugadores pasar un detrás de los otros es algo que jamás va a olvidar y que lo impulsó a seguir siguiendo el fútbol: “Hay un video en el que yo le sonrío a Messi antes de entrar a la cancha, y él me devolvió la sonrisa. Yo solo tenía miedo de hacer boludeces”.
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