Emily Watson construyó una sólida carrera con títulos como La teoría del todo y la multipremiada miniserie Chernobyl. Sin embargo, la actriz reveló que estuvo a punto de rechazar Rompiendo las olas, la película que la lanzó al reconocimiento internacional, debido a la influencia de una organización religiosa que hoy define como una “secta muy estricta”.
La revelación tuvo lugar durante el Festival de Cine de Sarajevo, donde Watson recibió el premio honorífico Corazón de Sarajevo. Allí recordó una infancia y juventud atravesadas por la influencia de la Facultad de Filosofía y Ciencias Económicas, una organización con sede en Londres que promueve valores conservadores, rígidas normas de conducta, con roles de género y ética sexual estrictamente tradicionales.
La actriz aseguró que, aunque conserva recuerdos felices de esa etapa, también reconoce que creció en un entorno profundamente restrictivo. “Partes de esa experiencia fueron muy felices y otras muy extrañas”, explicó la artista al repasar aquellos años.
Según contó, durante mucho tiempo fue una persona profundamente devota y le llevó años encontrar su propio camino fuera de ese sistema de creencias.
Emily Watson en los Premios BAFTA (Premios de la Academia Británica de Cine) en Londres en febrero de 2026. Foto: AP
El momento que cambió su vida
La situación alcanzó un punto de quiebre en 1996, cuando surgió la oportunidad de protagonizar Contra viento y marea (Breaking the waves), la aclamada película de Lars von Trier. Según ella, la actuación le salvo la vida.
El drama de 1996 narra la historia de Bess McNeill, una joven que vive en una comunidad religiosa extremadamente conservadora y que desafía las normas de su entorno a partir de una relación amorosa que transforma su vida. Paradójicamente, Watson descubrió con el tiempo que el personaje reflejaba conflictos muy similares a los que ella misma atravesaba en la vida real.
Emily Watson en una escena de "Contra viento y marea", un drama de 1996 en el que interpretó a Bess McNeill. Foto: Captura de video
Antes de aceptar el papel, la actriz informó a los dirigentes de la organización religiosa sobre el proyecto. Según recordó, fue convocada a una reunión y le comunicaron que no debía participar en la película. Incluso le advirtieron que estaba eligiendo un camino indigno.
Lejos de retroceder, Watson tomó la decisión que terminaría cambiando su destino. Alejarse de la comunidad en la que había crecido le provocó un profundo dolor emocional, ya que allí estaban sus amistades y gran parte de su mundo conocido. Pero, al mismo tiempo, experimentó una sensación de liberación que aún recuerda con intensidad.
Al describir aquel momento, la actriz utilizó una metáfora impactante. “Era como un cable siendo desenchufado”, afirmó. También comparó esa etapa con una explosión de energía que la impulsó a creer en sí misma y seguir su verdadera vocación.
Para Watson, esa mezcla de ruptura, miedo y libertad terminó nutriendo de manera directa la interpretación que realizó en la película.
Con el paso de los años, la estrella británica comprendió que Contra viento y marea no sólo fue su gran debut cinematográfico, sino también una experiencia personal. “Fue un momento de ruptura”, reconoció, al explicar que le llevó toda una vida procesar las implicancias de su crianza y entender hasta qué punto ese personaje conectaba con su propia historia.
La película se convirtió en un fenómeno de la crítica internacional y le valió a Watson su primera nominación al Oscar como Mejor Actriz, abriendo una carrera que no dejó de escalar.
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