Cubría una inundación en José C. Paz, cayó en una boca de tormenta y se rompió la rótula. Celebraba en TV el Día del perro y un can la mordió en vivo. Probó calamares en las playas de Brasil y se atragantó en cámara.
Giuliana Salguero cuenta noticias y termina siendo protagonista. O al menos centro de la viralidad efímera, del recorte malintencionado. Una movilera todoterreno que durmió en Fuerte Apache para sentir los tiros a una puerta de distancia, que nadó por el Riachuelo con traje de buzo y convivió en Perú con un hombre y su harem para entender la cabeza de un polígamo.
Muchos se preguntan de dónde salió esta periodista que se define "genéticamente despeinada", y que ocupa ocho horas diarias entre las pantallas de TN y El Trece ¿En qué cátedra formó ese temperamento a prueba de bloopers? ¿Cómo llegó a apoderarse de horas de programación correteando entre la Fiesta Nacional de los Estudiantes en Jujuy, las aguas curativas de Villa Epecuén y las penurias del Conurbano profundo?
"Tengo hambre de trabajo", decía una de las cien cartas que escribió hace casi 25 años, y que llegó a los ojos de Chiche Gelblung. Fue su modo de ingreso a la radio y a la cursada en una particular "facultad".
"Me escondieron mucho tiempo", dice Giuli. (Foto: Martín Bonetto).
"El periodismo se aprende haciéndolo", lanza su teoría enmarcada en unos increíbles rulos resorte que durante un tiempo fueron su trauma. "Trabajar en los medios no siendo lacia, no siendo almidonada, es revolucionario. A mí me escondieron durante mucho tiempo".
-¿Quiénes?
-Mucha gente. "Con esa melena no, escondela, que esté del otro lado de la cámara, editala y ponele la mano". Me planché el pelo mucho tiempo para cumplir con el canon estético televisivo. Un día simplemente me rebelé. Y el día que me rebelé mi personalidad explotó.
-¿Cómo llegaste a los medios?
-Mi vida es un ejercicio de supervivencia. No creo en la suerte porque no la tuve. Tengo el sentido de la oportunidad muy entrenado. Me paraba en la puerta de Radio 10 y un día Chiche Gelblung me llamó.
-¿Cómo?
-Yo pasaba por la pecera de la radio hace más de 20 años. Me gustaba mirarlos desde la vereda. Me venía desde Quilmes y les escribía cartas para ver si alguien me daba trabajo. Un día le escribí una carta manuscrita a Chiche. La leyó y me hizo llamar por un productor.
-¿Justo había un espacio para sumarte?
-En realidad no había un espacio, lo generé. Mi hambre de laburo es insaciable. No tenía nada para presentar ni demostrar, pero aprendo rápido y estaba completamente dispuesta.
De Solano a Haití
Giuliana Alejandra nació en San Francisco Solano un 29 de marzo hace "cuarentitantos años", según cuenta.
Criada en Quilmes, admite que tuvo una infancia "caótica" que le duele recordar. "No estoy preparada para contarlo, tengo el poder de haber vencido a mi propio destino. Eso para mi es un gran capital, hoy piso muy fuerte cuando camino porque no tenía un solo contacto, no tenía experiencia. No había forma de que participara de ese universo que me fascinaba, e insistí hasta que entré en una ventana temporal, en esas fallas que tiene el destino", se suelta, mientras toma una bebida light en el imponente Museo de Arte Decorativo, en lo que fue el palacio Errázuriz, de Matías Errázuriz Ortúzar y Josefina de Alvear.
Con sus compañeras, Dominique Metzger y Paula Bernini.
Ex alumna del Ausonia y del San Germain de Quilmes, intentó estudiar Psicología en la Universidad del Salvador durante un semestre, y terminó decidiéndose por cursar Arte dramático en un instituto de Rodríguez Peña y Mitre que dirigía Guilermo Bredeston. Su primer intento laboral fue como "promotora de lamparitas Philips en medio de dos góndolas", y renunció a los tres días porque "las calzas eran demasiado apretadas".
"Fui una niña histriónica y una adolescente muy tímida, me costaba generar vínculos. No era una persona que tuviera facilidad para hablar, no lo podía hacer, no era segura de mí", se anima con reparos a contar parte de ese pasado, primero en una casa humilde en una cuadra sin asfalto en Solano, luego ya en una vivienda de clase media de Quilmes.
"Tengo una hermana mayor, y mi compañía permanente en casa era la radio AM. Estaba mucho tiempo sola, y como no podía dormir, escuchaba toda la programación de noche, Luisa Delfino y demás. En la tele recuerdo ver a Gerardo Sofovich cortar la manzana, a Berugo Carámbula, a Roberto Galán, a Larrea y todas las telenovelas que existieran. Quería ser actriz hasta que descubrí el periodismo" .
"Atrevida e inclaudicable", se define la movilera criada en Quilmes. (Foto: Martín Bonetto).
-¿Buscabas ser actriz para que te quisieran, como pasa con gran parte de los artistas?
-Obvio. Todo lo que hago es para que me quieran. Por eso hoy amplifico las voces de los demás, y me gusta porque participo de la vida de la gente. Cuando alguien me dice que le mejoré el día es mi mayor alegría. Esa es mi paga.
-Hablás de una infancia compleja...
-Hubo poco juego. Yo tuve una infancia muy estricta. Mucha autoridad. No había lugar para imaginar quién ibas a ser o cómo ibas a ser. Estaba obligada a ser lo mejor en lo que hiciera.
-¿Cuándo te independizaste de tu familia?
-Como a los 22 o 23 alquilé un departamento en Palermo. Lo de la radio tenía que pasar porque en el caos siempre hay oportunidad. Empecé como asistente de producción, fui creciendo y después pasé con Chiche a la tele, en un régimen voraz, producir 100 notas para que salieran diez al aire. Fue un gran entrenamiento. Todo lo que sé de periodismo lo aprendí ahí, después tuve que desaprender algunas cosas...
-¿Cuáles?
-Lo que tenía que ver con los modos...
-¿Lo padeciste?
-Se repetía el modelo familiar: o tiene que ser un éxito o no vuelvas... Una presión grande.
La "fábrica" Gelblung
"Yiuli", como figura en su cuenta de Instagram con 54 mil seguidores, estudió dos años de Periodismo, pero fue en la factoría Gelblung donde obtuvo jugosas herramientas para el día a día laboral. "Para mí el periodismo es a la intemperie. Como tengo bastante dominio de los territorios con calles de tierra y me muevo con facilidad, Chiche solía mandarme a notas con glosario villero, problemática de drogas... Yo no tenía miedo. Es un valor embarrarse, empaparse", dice casi sin tomar respiro, poseída por la vocación.
"A mí no me asusta nada, nací en una calle de tierra con zanja, hablo el mismo idioma. No voy a desentonar ni para arriba ni para abajo. La calle es desafiante, es como tirar una moneda al aire. Me encanta no saber para dónde va a caer y esto de desarrollar alertas por todos lados y leer las señales".
Giuliana se reconoce "vulnerable al hate", y hoy siente orgullo por "los rulos que antes escondía".
Cuenta que estuvo en Haití en 2010 cubriendo el desastre del terremoto y entendió que lo suyo es "el ejercicio de vencer la adversidad": "No teníamos cómo salir, y recuerdo haber hecho dedo en el aeropuerto para pedir que un avión privado me llevara. Finalmente, nos fuimos en el avión de un militar colombiano".
-Tu universidad fue "la Chiche Gelblung". ¿Cómo definirías esa escuela?
-Se caracteriza por encontrar recursos permanentemente, ser muy detallista en la búsqueda y no dejarse amedrentar.
-¿Y cuál es tu límite respecto a ese periodismo?
-Te hablo de quien soy hoy, porque no he sido siempre así. No hago nada que pueda afectar a una persona. He hecho cosas de las que no me enorgullezco y probablemente hayan afectado la calidad de vida de alguien, y de ninguna manera veo así el periodismo hoy. A veces es innecesario preguntarle a alguien hasta que le duela. No busco la lágrima. Antes por ahí tenía un estilo más quirúrgico, tomaba lo que necesitaba y salía. Hoy soy más de acompañar.
-¿Hay algo de esa actriz que querías ser en tus intervenciones televisivas de hoy?
-Sí, no es algo que descarté totalmente, sueño con hacer entretenimiento, o mi Stand up... De hecho hice un par de bolos en novelas. En Yago, que emitía Telefe en 2001, con Facundo Arana y Gianella Neyra, jugaba a ser cronista. No tenía contactos y nunca accedí a propuestas deshonestas. Las hubo y me resultaban humillantes.
Una fanática de la calle
Viviana, la hermana de Giuliana, aporta su mirada vía WhatsApp: "De chica se escapó solita a operarse la nariz, sin un peso. Buscó al cirujano en la puerta de la clínica y le pidió que la escuchara. El doctor, que era una eminencia, le dijo: 'Te voy a ayudar'".
"Fue muy positivo, yo padecía muchísimo mi nariz", confiesa ahora Giuliana sobre esa intervención estética. "Era menor y un día escuché en la tele que cada enero Juri atendía gratis a quienes lo necesitaban. Me fui desde Quilmes a Palermo, había una lista de espera de cinco años, él entendió que yo no tenía los recursos propios y me lo permitió apenas cumplí la mayoría de edad. Me dio seguridad. Un poco cambió mi vida".
Su seguridad es ahora su capital. Una entrevista a un niño mirmecólogo (criador de hormigas), otra al veterinario de la vaca Olga, la protagonista de un spa... Su perfil de redes está plagado de recortes de su desfachatado trabajo. Acompaña a su pequeña biografía una canción como hecha con Inteligencia artificial que dice: "Nadie vio las noches largas/ nadie vio las lágrimas secas/ Pero aquí estamos... Crecí con peso en la espalda y sueños rotos/ Promesas que el tiempo dejó en escombros/ Me dijeron tu no puedes, mira de dónde vienes... y casi les creo".
La ensortijada movilera llega a un lugar y el móvil se alborota con su presencia: abre micrófonos y aparecen vecinos que aprovechan para denunciar al PAMI, o para pasar el aviso de una llave de auto extraviada. Es consciente de que ella busca una dirección, pero la calle siempre propone otra cosa.
"Tengo un sexto sentido infalible", dice la cronista que ama la imprevisibilidad de la calle. (Foto: Martín Bonetto)
"Me pasan todas. En un móvil apareció una señora diciendo que era la novia de mi papá. Encuentro personajes e historias en todos lados. Mirá, acá en la puerta hay un linyera que fue equilibrista de circo. Estoy segura de que todo el mundo pasa por delante y no lo ve", y reconoce que vive "para y por" el periodismo. "No juego al tenis ni me voy de camping. A mí me gusta hacer periodismo y lo llevo conmigo a todos lados. Mi novio es camarógrafo y siempre estamos preparados para eso, incluso en vacaciones".
En pareja con Pablo desde hace 12 años, cuenta que se conocieron por Facebook. Empezaron una conversación digital con la excusa de que él la conocía de Quilmes, se vieron en persona y ella logró cambiarle el rumbo laboral al entonces kiosquero. "Le inventé la profesión. Lo orienté. Hoy trabaja para una empresa privada".
Admiradora de Nelson Castro, a quien considera "un tipo honorable que siendo quien es no tiene problemas en ensuciarse los zapatos", Giuliana dice que agradece a las dos clases de personas con las que se cruzó en un hábitat "insaciable y demandante": "A los que me dieron el espacio y a todos los que me lo negaron. Me hicieron quien soy y a muchos de ellos los tengo en una lista".
-¿Qué tipo de lista?
-(Gesto con el brazo izquierdo) Una que dice: ¡Tomá!".
-¿Cómo llegaste a TN/El Trece?
-Después de trabajar con Chiche pasé a Crónica, se había terminado una etapa laboral y fue una especie de milagro, porque estaba en la Iglesia de Guadalupe en Palermo pidiendo trabajo. Me llamaron de la producción de Artear.
-¿Cuáles creés que son tus fortalezas laborales?
-Soy audaz, intrépida, tengo un sexto sentido infalible. ¡Soy inclaudicable!
-¿Qué te pasa con los que te critican y te agreden?
-Leo y me desespera, me hace daño el hate. Soy muy vulnerable. No tengo el blindaje necesario. No estoy teflonada. Si me pongo a contestar, es peor, el ataque es mayor. Por suerte, me pasa lo contrario también. Voy a un pueblo y la gente me da la llave de su casa. De repente no tengo donde cambiarme y alguien dice: "Tomá, andá a cambiarte a mi casa". O "venite a comer a mi casa". ¡Tengo una familia ampliada! Tuve una reducida y ahora todos los televidentes son mi familia.
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