El incidente vial ocurrido en la Cuesta de Lipán, en la provincia de Jujuy, en el que un vehículo cayó 80 metros por un barranco y se cobró hasta ahora dos víctimas fatales, puso otra vez en discusión la capacidad de manejo de muchos conductores en Argentina.

Si bien por el momento no se han esclarecido las causas por las que el vehículo se salió de la ruta y desabarrancó, el camino por el que transitaba ofrece un cierto grado de complejidad, especialmente si no se acostumbra a conducir por este tipo de caminos.

La Cuesta de Lipán, que es atravesada por la ruta nacional 52, es uno de los caminos panorámicos más espectaculares que tiene el país. Pero al mismo tiempo exige máxima concentración de quien va al volante.

Rutas con características similares se pueden encontrar también en Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Tierra del Fuego. Hasta se encuentran condiciones parecidas en zonas serranas de Córdoba o San Luis.

Los desafíos de un camino de montaña

La Cuesta de Lipán es espectacular pero exige cuidados.

Encarar un camino de montaña no es lo mismo que manejar sobre el llano. Las fuerzas de la física hacen que el vehículo se comporte de manera diferente a la que se percibe en un terreno plano, ya sea acelerando, doblando o frenando.

Además, en bajadas, es muy fácil ganar mucha velocidad, por lo que la curva puede llegar más rápido de lo previsto y suelen ser mucho más cerradas que las que se encuentran en el llano. Por lo tanto, la velocidad a la que se las encare será decisiva para transitarla con seguridad.

El camino de montaña también exige al conjunto mecánico. El motor se verá más forzado, la caja recibirá más trabajo y esfuerzo, los neumáticos estarán más cerca del límite de adherencia y los frenos serán más exigidos.

Por supuesto que en esto también juega el conocimiento del vehículo. Saber su poder de aceleración o de frenado, cuánto hay que pisar el pedal de freno, el nivel de asistencia de la dirección, cuánto se inclina la carrocería al doblar o las opciones de uso que tiene la caja en caso de ser automática.

En un camino de montaña es clave controlar la velocidad.

Y si bien los autos modernos hoy cuentan con asistencias clave, como el control electrónico de estabilidad, que contribuye a mantener el vehículo sobre la cinta asfáltica, su trabajo se encuentra supeditado a las leyes de la física. Dicho de otro modo, te puede hacer zafar de alguna maniobra complicada pero no hace milagros.

Qué tener en cuenta al manejar en montaña

Como siempre la clave será respetar las velocidades máximas de cada tramo. Pero aún así, con una topografía que puede resultar ajena para mucha gente, será necesario ir todavía más despacio hasta obtener la confianza necesaria que requiere estar detrás del volante de un vehículo.

Es fundamental mantener una velocidad constante y controlada, especialmente en los descensos, en donde se gana velocidad muy rápidamente. Para evitar estas situaciones, no es recomendable abusar del freno. Lo más aconsejable será sacar el pie del acelerador y dejar que el freno motor controle la velocidad. Si hiciera falta más, se debe hacer un rebaje y hasta hacer algunos toques al freno.

En el caso de las cajas automáticas, hay opciones según cada tipo de transmisión para generar el mismo resultado o uno muy parecido. Algunas vienen con una posición más luego de la D y suele estar identificada con la letra L. Esta opción permite generar una retención idéntica a la del freno motor.

La letra L en una caja automática es gran aliada en la montaña.

Otras cajas permiten un "modo manual" y dejan que el conductor suba o baje cambios a gusto, con algunas limitaciones para proteger al conjunto mecánico. En estos casos se puede hacer desde la palanca selectora o con unas levas que están detrás del volante.

Tener de aliada a la caja de cambios es fundamental para no calentar los frenos, ya que la sobre exigencia de los mismos puede llevar a una fatiga por temperatura que le hace perder eficacia de una manera rápida y notable, lo que se traduce en una mayor distancia de frenado.

Si ante cada curva vamos a frenar enérgicamente, lo más probable es que sobre calentemos los frenos. Por eso es mejor llegar con la velocidad controlada al momento de llegar al giro.

En montaña las curvas suelen ser más cerradas que las que se toman en el llano y se circula a más baja velocidad, por lo que hay que girar más el volante; seguramente un ángulo poco habitual en ruta para muchos conductores. Para ir tomándole el tiempo y generar confianza es recomendable que las primeras curvas sean tomadas a velocidad relativamente baja. Es un modo de familiarizarse con el camino.

Por supuesto que siempre hay que respetar el carril de circulación. Un caso típico de manejo en montaña se en gente que "corta" la curva con tal de no girar de más el volante y es ahí cuando se puede producir un choque contra un vehículo que venga de frente.

Al momento de hacer un sobrepaso, si el camino lo permite, hay que tener en cuenta que la altitud puede atentar contra la respuesta del motor. Al igual que con las personas, a mayor altura cuesta respirar más, hay menos oxígeno; y en el motor, menos oxígeno una menor potencia.

Y por sobre todas las cosas, no hay que sacar nunca la vista del camino. Muchos caminos de montaña tienen poco tránsito y suelen ser muy pintorescos, generando distracciones en el conductor. Es mejor encontrar un lugar para parar, bajar a estirar las piernas y allí contemplar el espectáculo natural.