No existe una regla explícita, pero quienes usan las redes para conocer gente o buscar pareja parecen manejar los mismos códigos. Todo suele arrancar con un follow, seguir con algunos likes estratégicos y una respuesta a una historia. Recién después, si las señales son mutuas, llega la propuesta de verse cara a cara. Es como si cada movimiento estuviera milimétricamente calculado y casi nada quedara librado al azar.

Ese intercambio de señales y pequeñas estrategias para medir si hay interés del otro se conoce entre los más jóvenes como la "danza del apareamiento digital", un término que describe el ritual antes de empezar un vínculo romántico en la era de las redes sociales y las aplicaciones de citas.

La expresión hace referencia al baile de apareamiento del mundo animal, un ritual de cortejo en el que distintas especies realizan movimientos, cantos o exhibiciones para atraer a una pareja. En los humanos, describe ese ida y vuelta de interacciones a través de las pantallas con el que muchas personas intentan coquetear y acercarse al otro.

Los códigos de la "danza del apareamiento digital"

En esta "danza", cada movimiento puede decir algo. O, al menos, eso es lo que muchas personas interpretan. No importan solo los likes, sino también quién responde una historia, cuánto tarda el otro en contestar un mensaje o si deja de interactuar de un momento a otro.

"Creo que estamos en un momento donde todo se mide por las interacciones. Yo interpreto que le gusto a alguien según lo que haga en las redes. Si me da me gusta, si me responde una historia o me agrega a mejores amigos, siento que le gusto. Y yo hago lo mismo", cuenta Emilia (27) a Clarín.

Incluso recuerda que salió con un chico que le escribía todos los días y se veían seguido, pero nunca reaccionaba a lo que ella publicaba. "Hay algo de adrenalina cuando te llega una interacción de esa persona. Pero también hay mucha angustia cuando no llega nada. Para mí la danza es una señal para saber si le interesás o no", agrega.

La "danza del apareamiento digital" describe el ritual antes de empezar un vínculo romántico en la era de las redes sociales.Foto: Shutterstock

Y si bien reconoce que esa dinámica puede ser agotadora, también entiende que forma parte del juego de seducción: "Da fiaca estar midiéndote constantemente para no quedar desesperada con el otro. Pero también es un método de seducción. Habría que encontrar un punto medio".

Para Alejandro (26), en cambio, esos códigos solo cobran importancia cuando el vínculo nace en las redes sociales. "Si conozco a una chica en persona, no me importa si me agrega a mejores amigos o me pone like. Pero si nos estamos conociendo por Instagram, ahí sí", cuenta.

Reconoce que él también entra en ese juego. "Le respondo una historia, le pongo me gusta o subo una foto para que la vea. Si del otro lado no vuelve nada, entiendo que no le intereso y listo. Creo que a la mayoría le afecta cuando hace movimientos para acercarse y no recibe ninguna señal. Uno se está mostrando y espera alguna respuesta".

Qué pasa cuando cada señal se interpreta

Para la psicóloga y sexóloga Milagros Burgos Recci (@lic.miliburgosr), la importancia que hoy tienen las interacciones digitales no es exagerada. "Lo que pasa en las redes sociales es parte de la realidad, en el sentido de que produce efectos en las personas. Un like de la persona que te gusta puede cambiarte el día, que te dejen de seguir puede sentirse como un rechazo o abandono, es súper válido", explica.

Pero ¿qué pasa cuando esa necesidad de interpretar cada movimiento se vuelve permanente? La psicóloga Ana Paula Rivadero explica: "Los 'me gusta', las respuestas, quién mira un perfil o quién deja de hacerlo funcionan como signos que la persona intenta interpretar todo el tiempo". Sin embargo, aclara: "Son interacciones propias del mundo digital cuyo sentido nunca es unívoco ni puede darse por sentado".

La especialista sostiene que las redes promueven un modo de funcionamiento donde se privilegian la imagen, la apariencia y la aprobación externa. Como consecuencia, "la autoestima suele quedar ligada a la cantidad de likes, seguidores o respuestas recibidas".

Esa búsqueda constante de validación también cambia la forma de conocer al otro: "El otro es valorado más por la imagen que proyecta en su perfil que por el encuentro con su singularidad. Eso dificulta la construcción de relaciones profundas, porque el vínculo queda mediado por la imagen, la validación y la necesidad de reconocimiento".

Las psicólogas advierten que esta dinámica puede afectar la autoestima y la construcción de relaciones profundas. Foto: Adobe Stock.

Y añade: "Esto favorece la ilusión de que siempre existe una opción mejor y mantiene al sujeto en una búsqueda incesante. A eso se suma la exposición permanente a imágenes idealizadas, lo que intensifica la comparación y puede hacer que una persona se pregunte si es lo suficientemente atractiva o interesante".

En la misma línea, Burgos coincide: "El monitoreo constante genera un estado de alerta que hace que tengas conductas de control y comprobación, porque estás tratando de descifrar al otro y eso crea un ciclo de búsqueda de aprobación y atención".

¿Cómo salir de esa lógica? Para Rivadero (@rivaderopauli), no se trata de dejar de usar las redes sociales, sino de no permitir que toda la relación dependa de ellas.

"Los vínculos se vuelven más genuinos cuando dejan de organizarse únicamente alrededor de la aprobación y de la imagen que se proyecta. Poder aceptar que ni uno mismo ni el otro son perfectos permite construir relaciones más auténticas", dice.

Finalmente, Burgos insiste en recuperar el encuentro cara a cara. "Estamos hiperconectados, pero no nos estamos vinculando. No es lo mismo tener contacto que tener vínculo. La hiperconexión genera una falsa ilusión de intimidad. El vínculo se construye en presencia, poniendo el cuerpo, no en las pantallas", concluye.