Tal vez hoy, en tiempos de cancelación y de extrema corrección política, y como ocurrió con la Lolita de Nabokov, sometida recientemente en foros culturales a un juicio contemporáneo que en algunos casos terminó en prácticas como la autocensura, para muchos resulte una trama inadmisible: una adolescente de 15 años se enamora de un galán multimillonario, doce años mayor, y viven una suerte de amor imposible situado en 1929 en la Indochina francesa. Es el argumento central de El amante, novela escrita por Marguerite Duras en 1984 y adaptada al cine en 1992 por Jean-Jacques Annaud con algunas licencias que provocaron la ira de la escritora, fallecida en 1996.
El amante fue un suceso de ventas poco común en su trayectoria –obtuvo el Premio Goncourt y ha sido traducida a más de cuarenta idiomas– y la película logró una repercusión mundial, tanto como le había pasado con Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959), donde Duras había escrito el guion que luego fue nominado a los Oscar.
Escena del film "El amante", basado en la novela de Marguerite Duras.
En su época, los sectores conservadores reaccionaron escandalizados ante la exhibición de la película, enmarcado en el pedido al parlamento francés de intelectuales como Michel Foucault, Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, Simone de Beauvoir y Gilles Deleuze sobre la derogación de varios artículos de la ley sobre la edad de consentimiento sexual y la despenalización de las relaciones consentidas entre adultos y menores de quince años, es decir, poner en debate a qué años una persona puede decidir tener relaciones sexuales o no. “De inmediato supe que se iba a convertir en mi amante”, confesaría Marguerite Duras sobre la génesis de la historia, camuflada en la novela como Hélène Lagonelle y colocando El amante en el fin de su inocencia en Saigón –en la actualidad llamada Ciudad Ho Chi Minh–, período de entreguerras, por entonces Indochina y luego convertida en Vietnam.
Allí había nacido, en 1914, hija de padres franceses que habían emigrado para trabajar en la por entonces colonia gala. Su padre debió regresar rápidamente a Francia, donde murió poco después, y su madre, maestra de escuela, hizo una mala inversión en la colonia que los dejó en la penuria. Marguerite sufrió la violencia física de su madre y su hermano mayor, un opiómano adicto a las prostitutas. En el medio de un turbulento crecimiento, con sus primeros destellos como escritora del cual nació un libro escolar, acontece el romance breve y apasionado –“estuve atrapada en él”, se lee en la novela original– con el seductor y acaudalado hombre chino: su primera relación sexual, la fuerza del deseo, el contraste brutal con su tortuosa vida familiar.
La escritora Marguerite Duras (1914-1996).
Con mote de clásico cinematográfico en las actuaciones de Jane March y Tony Leung Ka Fai, detrás de la figura tan visceral como magnética de la escritora –entre la ficción y la realidad, Duras escribió que a sus dieciocho ya se sentía envejecida, y arrastró de por vida el tabaco y alcoholismo como una dura sombra–, en El amante transcurren escenas emblemáticas como cuando conectan con la mirada en el barco, primera ventana de la atracción; o él iniciando un juego de manos que parece el preludio de un erotismo lento; o cuando ella se acerca a su limusina negra y besa el vidrio humedeciéndolo con sus labios carnosos; o los días que pasan encerrados en un cuarto, desnudos y haciendo el amor, donde se filtran los sonidos de la caótica ciudad mientras los cuerpos se fusionan entre la piel, el olfato, y él la baña con un jarrón; los momentos en el internado de niñas y los paseos suntuosos con él, que invita a banquetes a su familia y luego se enfurece; ella con una tristeza a cuestas bajo el calor infernal, el rechazo de su madre por su vocación de escritora, la desolación de las almas y “esos besos en el cuerpo que hacen llorar”.
“La imbecilidad humana no tiene límites”, decía Marguerite, que en El amante de la China del Norte, de 1991, haría una prolongación de El amante, best seller mundial que desde aquella escena icónica en el transbordador sigue asombrando en cada relectura. Escritura y vida, ficción y realidad, amor y drama, dinero y familia, pasión y desamparo. “Durante todo el tiempo que dure nuestra historia, durante un año y medio, nunca hablaremos de nosotros. Desde los primeros días, sabemos que un futuro en común no es proyectable, de modo que nunca hablaremos del futuro, mantendremos conversaciones como periodísticas, y de igual calibre”, se dice en la película bajo el modo en que Duras mejor fluía su escritura: personajes despojando sus mentes en la narración de una experiencia.
El director francés Jean-Jacques Annaud. Foto: AFP
Tras sus años en Indochina, Duras se trasladó a París en 1932, donde estudió derecho, matemáticas y ciencias políticas. Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con la Resistencia, militó en el Partido Comunista y fue expulsada, y tuvo un rol protagonista en el Mayo Francés del 68. Falleció hace treinta años, dejando una obra prolífica y caudalosa: más de medio centenar de títulos que abarcan novela, teatro, guion y cine, además de dirigir numerosos films vanguardistas. También es autora del ensayo Escribir y de la compilación Cuadernos de la guerra, donde vuelve a su infancia y adolescencia en Indochina. Audaz y elíptica, sensual y lúcida: una de las voces más vigorosas de la literatura europea del siglo XX.
*Como parte del ciclo Cine y Libros, organizado por Revista Ñ y CineArte Cacodelphia, la película El amante, de Jean-Jacques Annaud, se proyectará el miércoles 26 de agosto, a las 19, en el complejo ubicado en Av. Roque Saenz Peña 1150.
PC
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