La muerte de Juan Tamariz dejó un profundo vacío en el mundo de la magia y especialmente entre sus hijos Mónica, Ana, Alicia y Juan Diego.

Horas después de conocerse el fallecimiento del legendario ilusionista, su hija Ana Tamariz publicó un emotivo mensaje para despedirse de su padre y agradecer el cariño que recibió durante toda su vida. “Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre, Juan Tamariz, una persona increíble, muy querida y admirada por todos”, escribió Ana al comenzar su despedida.

Sus palabras estuvieron atravesadas por el dolor de la pérdida, pero también por el reconocimiento hacia una figura que fue mucho más que uno de los magos más populares de España. Para Ana, Juan Tamariz fue su padre y, al mismo tiempo, una de las personas que marcó el camino profesional que ella decidió seguir.

El legado mágico

La relación entre padre e hija estuvo estrechamente vinculada al ilusionismo.

Ana Tamariz creció rodeada de cartas, trucos y espectáculos de magia. Con el tiempo, convirtió aquella pasión familiar en su propia profesión y desarrolló una trayectoria vinculada especialmente con la enseñanza y la divulgación.

El mago español falleció a los 83 años de edad. Foto: EFE/J.Casares

Actualmente es directora de la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, fundada en Madrid a finales de la década de 1980. Por sus aulas han pasado distintas generaciones de alumnos interesados en aprender los secretos de una disciplina que forma parte de la historia de su familia.

En su mensaje, Ana puso precisamente el foco en ese legado compartido.

Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló. Su recuerdo y su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros”, expresó.

Juan Tamariz, mucho más que un personaje televisivo

Para varias generaciones, Juan Tamariz, que dijo adiós a los 83 años, quedó asociado a una imagen inconfundible.

Su particular sentido del humor, el característico “chan-ta-ta-chá” y el inseparable violín imaginario lo convirtieron en una figura reconocible para el gran público.

Pero detrás de ese personaje televisivo existía una extensa trayectoria dedicada al estudio y la enseñanza de la magia.

El madrileño fue considerado uno de los grandes estudiosos y maestros de la cartomagia -rama que utiliza una baraja de naipes como elemento principal- y ejerció una influencia notable sobre ilusionistas de distintas generaciones.

Ese es también el legado que Ana reivindicó al despedirse de su padre: una obra que trasciende su popularidad y que continuará vinculada a la formación de nuevos magos.

Un agradecimiento especial

La hija de Juan Tamariz también quiso dedicar parte de su mensaje a las personas que estuvieron cerca del mago durante sus últimos años y, especialmente, durante sus últimos días.

Notas de la despedida de este 19 de agosto en San Isidro, en Madrid. Foto: EFE/ Chema Moya

Gracias a todos los magos, amigos y familiares que le habéis acompañado a lo largo de toda su vida, hasta el último día”, escribió.

Ana también expresó su reconocimiento hacia quienes estuvieron a cargo de su atención médica y sus cuidados. “Mi agradecimiento también a la residencia Ballesol, a los hospitales Clínico y Cruz Roja y a los chicos de las ambulancias, todos con un corazón enorme”, señaló.

Juan Tamariz falleció el 18 de agosto de 2026 en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, acompañado por sus hijos.

Según explicó Moisés Rodríguez a EuropaPress y otros medios, representante de la familia, el ilusionista “se despidió de este mundo sin sufrir” y lo hizo “sonriendo y en paz”.

Daniel Tamariz recuerda a su abuelo

El legado de Juan Tamariz también aparece en la siguiente generación de la familia.

Capilla ardiente del mago Juan Tamariz instalada en el tanatorio de San Isidro, en Madrid. EFE/ Chema Moya

Daniel Tamariz, hijo de Ana y nieto del ilusionista, explicó que la influencia de su abuelo también fue determinante en su propia relación con las artes.

“Es mi abuelo, así que supongo que siempre me acompañará en el recuerdo y supongo que esto, que yo me dedique al arte, es en parte su culpa”, afirmó.

Daniel matizó inmediatamente esa expresión y explicó que, más que una culpa, lo considera una consecuencia del camino que abrió su abuelo.

“No sé si es culpa, pero sí que al haber hecho lo que ha hecho, mi madre tiene una escuela de magia, yo también he estado ahí muchos años acompañando y aprendiendo”, relató.

Con el paso del tiempo, Daniel terminó orientándose hacia otra disciplina artística.

“Yo me he decantado un poco más por la vía circo, pero me encanta la magia. Sigo aprendiendo magia, sigo formándome y sigo con ganas de mostrar arte”, contó.

Para él, esta herencia recibida de su abuelo es algo que quiere conservar. “Supongo que lo que me llevo es esa herencia que quiero seguir manteniendo viva, un legado bonito, desde luego”, sostuvo.

El recuerdo de un abuelo entusiasta

Daniel también recordó a Juan Tamariz desde una perspectiva íntima y familiar, alejada de los escenarios y los grandes espectáculos.

Lo describió como un abuelo entusiasta, con una manera particular de relacionarse con la vida y con las personas que lo rodeaban.

“Pues siempre ha sido un buen abuelo, no puedo comparar mucho con otros abuelos pero era un personaje, desde luego”, recordó.

En su relato aparece un Juan Tamariz que conservaba una mirada ilusionada y una especial vocación por hacer disfrutar a los demás.

“Siempre con ilusión, con una manera muy inocente de ver la vida y con ganas de hacer disfrutar a la gente, de hacerles reír”, señaló.

“Siempre ha sido un gusto acompañarle, ver todo el cariño que la gente le daba”, explicó a Europapress.

Y puso como ejemplo una escena cotidiana que, con el tiempo, adquirió un valor especial: salir a cenar con su abuelo y observar cómo distintas personas se acercaban para agradecerle por su trabajo.