En la década de 1970, mudarse a Alaska representaba para muchos estadounidenses la posibilidad de buscar trabajo o empezar de cero en un lugar nuevo. Para Kenneth Deardorff, un veterano de la guerra de Vietnam, ese viaje terminó convirtiéndose en algo mucho más trascendente.
Deardorff llegó al estado con la intención de conseguir empleo, pero terminó instalándose en una remota parcela y construyendo allí una nueva vida. Años más tarde, su nombre quedaría ligado a uno de los capítulos más importantes de la expansión territorial de Estados Unidos.
El veterano se convirtió en la última persona en la historia de Estados Unidos en recibir una patente de propiedad bajo la Ley de Asentamientos Rurales (Homestead Act), una histórica norma promulgada por el presidente Abraham Lincoln en 1862.
Esta ley permitía a determinados solicitantes acceder a tierras públicas federales siempre que se instalaran en ellas, las mejoraran y cumplieran una serie de requisitos.
La patente otorgada a Deardorff no fue, por lo tanto, un documento de propiedad más. Los Archivos Nacionales de Estados Unidos la identifican como la última concesión otorgada bajo las disposiciones de la histórica ley.
La historia del veterano de Vietnam que empezó de cero en Alaska
Kenneth Deardorff nació en Los Ángeles en la década de 1940 y sirvió en el Ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, donde resultó herido.
Después de completar sus estudios universitarios de Geografía, viajó a Alaska en busca de trabajo y con la intención de incorporarse al Servicio Geológico de Estados Unidos.
Sin embargo, poco después de llegar comenzó a evaluar otra posibilidad. Consultó a la Oficina de Administración de Tierras (Bureau of Land Management, BLM) sobre la posibilidad de obtener una propiedad mediante el sistema establecido por el Homestead Act.
Así accedió a una parcela a orillas del río Stony, a unos 320 kilómetros al oeste de Anchorage. La propiedad, según los registros finales de los Archivos Nacionales, abarcaba 80 acres -unas 32 hectáreas- y carecía de acceso por carretera.
Presentó la documentación y permaneció sin resolver durante 9 años más desde que terminó el trabajo requerido.
Llegar hasta allí dependía de avionetas, embarcaciones o de la capacidad de desplazarse por un territorio remoto.
Vivir en esas condiciones planteaba enormes desafíos para conseguir suministros y mantenerse comunicado. El correo llegaba de forma irregular y retirarlo requería trasladarse hasta otras zonas.
Para sobrevivir allí, el veterano de Vietnam instaló una tienda general destinada a los viajeros que transitaban por el río Stony y complementó sus ingresos con la pesca y el comercio de pieles.
Su objetivo no era simplemente ocupar el terreno. Para quedarse legalmente con la propiedad debía demostrar que había cumplido las condiciones establecidas por la ley federal.
Deardorff completó esos requisitos en 1979. Sin embargo, el gobierno no le otorgó la patente definitiva hasta el 5 de mayo de 1988, casi nueve años después.
Esa demora terminó dándole un lugar particular en la historia: aunque había cumplido mucho antes con las exigencias, fue la última persona en recibir oficialmente una propiedad bajo el programa.
La ley de Lincoln que cambió la distribución de tierras en Estados Unidos
La Ley de Asentamientos Rurales fue promulgada por Abraham Lincoln en 1862. La norma establecía que los solicitantes que cumplieran determinadas condiciones podían recibir hasta 160 acres -unas 65 hectáreas- de tierras públicas.
Para obtenerlas debían vivir en el lugar, mejorar el terreno y satisfacer otros requisitos establecidos por el gobierno.
Por eso, el Homestead Act no consistía simplemente en entregar tierras gratuitamente. Los interesados debían seguir un procedimiento y demostrar que habían cumplido las condiciones necesarias antes de recibir el título definitivo.
El objetivo era incentivar el asentamiento y el desarrollo de tierras públicas federales.
La ley fue derogada en 1976, pero Alaska recibió una extensión especial que permitió continuar presentando solicitudes durante otros diez años. Allí, el programa permaneció vigente hasta 1986.
Las características geográficas de Alaska hacían que acceder a una parcela estuviera lejos de significar que el desafío había terminado. La enorme extensión del estado y la dispersión de sus comunidades convertían las distancias en uno de los principales obstáculos.
Incluso cuando una persona tenía derecho legal sobre un terreno, convertirlo en una propiedad habitable y productiva podía requerir años de esfuerzo. Los caminos, comercios y servicios básicos podían encontrarse a grandes distancias.
Deardorff experimentó esas dificultades en primera persona a orillas del río Stony.
Su caso resulta excepcional no solo porque fue el último beneficiario del Homestead Act, sino también porque tuvo que esperar casi nueve años desde que cumplió los requisitos hasta que recibió el documento definitivo.
Cuando finalmente obtuvo su patente en 1988, habían pasado 126 años desde que Abraham Lincoln promulgó la ley. Deardorff se convirtió así en el último nombre de una extensa historia de concesiones de tierras que había comenzado en plena Guerra Civil estadounidense.
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