Con 21 años, Mateo Santiago Medina, joven estudiante de Ingeniería Electrónica en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), viaja a Francia este viernes para cursar durante dos años en la École CentraleSupélec de París, una de las instituciones más prestigiosas de Europa, gracias al programa de Doble Diploma que mantiene la universidad argentina.

Será el primer viaje al exterior del vecino de Claypole y también la primera vez que suba a un avión. Primera generación universitaria de su familia, fue seleccionado por su destacado desempeño académico. Según sostiene, esta oportunidad representa mucho más que un logro personal, es una muestra del valor de la educación pública y de las oportunidades que puede generar.

Cómo surgió su pasión por la ingeniería

La pasión de Mateo por la ingeniería comenzó mucho antes de ingresar a la universidad. De chico desarmaba juguetes, computadoras en desuso y distintos aparatos electrónicos para descubrir cómo funcionaban. También intentaba reparar artefactos eléctricos junto a su papá.

Mateo Medina junto a la primera placa de circuito impreso que desarrolló.

Sin embargo, fue una charla del programa "Ingeniero por un Día" de la UBA la que terminó de marcar su camino. En esa oportunidad, vio un auto robot y comprendió que lo que tanto le interesaba era la robótica.

Esa curiosidad fue creciendo durante la carrera. En una de sus primeras materias diseñó un dispositivo capaz de captar una señal de audio mediante un micrófono, procesarla con un microcontrolador y reproducirla en un auricular.

Además, desarrolló su primera placa de circuito impreso utilizando el software KiCad (un programa para desarrollo de circuitos electrónicos) y el método de planchado sobre cobre, una experiencia que le permitió transformar los conocimientos teóricos en un proyecto concreto.

La carrera también implicó grandes desafíos. Los primeros años estuvieron marcados por materias de matemática, física y electrónica que exigieron adaptación y constancia.

En paralelo, comenzó a participar en el Proyecto Hábitat Claypole, donde colabora en el desarrollo de un sensor para medir el nivel del agua del arroyo San Francisco, una iniciativa que combina tecnología, monitoreo ambiental e infraestructura sostenible.

El viaje de Mateo y el valor de la educación pública

El camino hacia Francia tampoco fue sencillo. Mateo se postuló a tres instituciones francesas, preparó su CV, cartas de motivación y presentó distintos proyectos académicos. Dos solicitudes fueron rechazadas, hasta que llegó la respuesta de la École CentraleSupélec. "Grité 'Me admitieron' y salí corriendo a contarle a mi familia que me iba a Francia", recordó.

Durante los próximos dos años se especializará en control automático, sistemas embebidos y desarrollo de tecnologías aplicadas a la robótica, la industria aeroespacial y los vehículos autónomos no tripulados. Luego deberá regresar al país para finalizar su carrera en la UBA, tal como establece el programa de Doble Diploma.

El proyecto estuvo cerca de frustrarse por cuestiones económicas, ya que la beca cubría la formación académica, pero no todos los gastos del intercambio. En ese contexto, el Municipio de Almirante Brown decidió otorgarle una ayuda económica que fue entregada por la jefa de Gabinete, Paula Eichel, y el secretario de Educación, Ciencia y Tecnología, Sergio Pianciola.

Mateo Medina junto a sus padres y Paula Eichel, la jefa de Gabinete de Almirante Brown.

"Viajar a Francia es una oportunidad única, no solo para desarrollar mis capacidades personales sino también para demostrar el valor que tiene la educación pública para miles de familias y jóvenes bonaerenses", cerró Mateo.