Los problemas digestivos parecen haberse convertido en uno de los grandes dolores de cabeza de la vida cotidiana. Hinchazón después de comer, gases, estreñimiento, diarrea, reflujo, dolor de estómago o digestiones que se hacen interminables son molestias que muchas personas han aprendido a normalizar, hasta el punto de asumir que forman parte de su día a día.

Sin embargo, los problemas digestivos no son una cuestión menor: en 2024, las enfermedades del aparato digestivo fueron, por segundo año consecutivo, la principal causa de hospitalización en España, con cerca de 612.000 altas hospitalarias, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

“El origen es multifactorial. El ecosistema en el que vivimos hoy no es coherente con nuestras necesidades biológicas. Normalmente vivimos en medio de la ciudad con un ritmo de vida muy ajetreado, comemos ultraprocesados, dormimos fatal, vamos de estrés hasta arriba...", afirma la bioquímica y especialista en patologías digestivas, Fani García, en el podcast Deja Fluir.

Y agrega: "Y efectivamente, el cuerpo tiene que avisarnos de alguna forma de que esto así no puede seguir”.

Como las emociones influyen en el aparato digestivo

La experta subraya que lo que ocurre a nivel emocional puede tener consecuencias físicas y el estrés mantenido puede influir en la respuesta inflamatoria del organismo.

Ahora bien, establece una distinción importante entre dos conceptos que a menudo se utilizan como sinónimos: “Cuando hablamos de inflamación, no tiene por qué haber hinchazón, y cuando hablamos de hinchazón, no tiene por qué haber inflamación”. En este sentido, advierte de que algunos signos de inflamación pueden pasar desapercibidos y acabar normalizándose.

Fani García explica cómo influyen las emociones en el aparato digestivo. Foto: Captura "Deja fluir"

“Podemos tener una inflamación de bajo grado y sentir que estamos más cansadas, que tenemos algo de niebla mental, pero se asocia a la normalidad, a no descansar bien, y en realidad es un estado inflamatorio de base”, explica. “La inflamación no se soluciona con una dieta antiinflamatoria, ni quitando alimentos”, asegura.

La hinchazón, por su parte, puede ser un síntoma de un problema digestivo. Y cuando aparece cualquier molestia de este tipo, señala García, lo habitual es mirar primero hacia la alimentación.

“Porque nos da la falsa sensación de control”, apunta. De ahí que una de las estrategias más frecuentes sea retirar determinados alimentos que se considera que pueden sentar mal. El problema es que, en ocasiones, los síntomas persisten pese a haberlos eliminado.

“No pensamos en que igual no es el alimento y son las emociones. Nunca pensamos en el momento vital en el que estamos y cómo ese sistema nervioso puede estar haciendo que nuestro sistema digestivo no funcione como debería”, indica.

Y remarca que cuando a nivel emocional no se solucionan los problemas de base, los tratamientos y el protocolo son parches que funcionan de forma momentánea, “pero que va a volver a salir por otro lado, o en el mismo lado a través de una recaída”.

Ir más allá del síntoma

García considera fundamental ir más allá del síntoma y tratar de identificar el patrón que lo está desencadenando. De lo contrario, advierte, se corre el riesgo de encadenar soluciones parciales sin abordar la raíz del problema. “En muchas ocasiones, el abordaje no es el adecuado”, concluye.

La experta asegura que el cuerpo “tiene memoria”, que puede venir de la vida intrauterina o de la primera infancia y a partir de ahí se van a establecer patrones de comportamiento, que “pueden ser más o menos funcionales”.

En este sentido, advierte que cuando una memoria se repite y no se soluciona, “es cuando el cuerpo dice que o lo cambiamos, o no podemos seguir avanzando”.

Hay que ir más allá del síntoma e identificar el patrón que está desencadenando la inflamación. Foto: Pixabay

"Cuando acumulamos mucho gas dentro es porque tenemos la sensación de que no tenemos nuestro espacio fuera"

Esta relación entre lo emocional y lo digestivo, según García, también puede observarse en algunos síntomas concretos. En el caso de las personas que padecen patologías del tracto digestivo alto, como problemas de estómago, reflujo, esófago o garganta, la especialista relaciona estos trastornos con dificultades para aceptar determinadas situaciones.

“Les cuesta aceptar las situaciones que no son como ellos quieren o como esperaban y se les activa el reflujo, el dolor de estómago o las hernias”, afirma.

En cuanto a las personas que padecen diarrea de forma recurrente, García apunta que suelen tener sentimiento de “urgencia por quitarme algo de encima cuanto antes y les cuesta mirar dentro de ellas”.

Los gases también tienen, en su interpretación, una dimensión emocional. “Cuando acumulamos mucho gas dentro es porque tenemos la sensación de que no tenemos nuestro espacio fuera”, apunta. Una relación que, de nuevo, vincula con el momento vital que atraviesa cada persona.

Más allá de estas asociaciones concretas, el mensaje de García apunta a una idea central: ante un síntoma digestivo recurrente, no siempre basta con buscar qué alimento lo provoca. La alimentación puede ser una pieza del puzle, pero el funcionamiento del aparato digestivo también está condicionado por el estrés, el descanso y el estado emocional.

Entender esa conexión puede ser clave para no limitarse a poner parches sobre el síntoma y tratar de comprender qué está detrás de él.

Marta Sánchez, La Vanguardia