Madrileña de Aranjuez y cántabra de adopción, Miriam Díaz Aroca es uno de los rostros más conocidos del panorama televisivo español, habiendo dejado una importante huella también en el cine.

Radio, teatro, tele, cine o doblaje, ningún medio se le ha resistido y ha trabajado de la mano de los más grandes de su profesión, como Jesús Hermida, Chicho Ibáñez Serrador, Pedro Almodóvar o Fernando Trueba.

Una profesión que reconoce amar, incluso cuando esta decide prescindir de ella, porque lejos de caer en el vértigo del teléfono que deja de sonar o en el abismo del olvido a medida que se van cumpliendo años, Díaz Aroca decidió tomar las riendas de su propio talento y empezar a crear sus propios proyectos y obras.

Una decisión que le ayudó a crecer en todos los planos y que supuso un antes y un después en su vida. Valentía y confianza en sí misma como motores y una máxima: más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido.

"Jugando a ser lo que yo no era, empecé a conquistar un huequito de mí misma y a poder atreverme a asomarme a quien yo era sin tener miedo"

-Alguna vez ha comentado que fue una niña muy tímida. ¿Cómo consiguió vencer esa timidez para ser artista?

-Bueno, pues jugando a ser quien no era yo, y eso me lo regaló el mundo de la comunicación, del espectáculo. Ya desde pequeñita me ocultaba detrás de un telón de guiñol para poder trascender mi timidez y, a través de mis títeres, yo podía expresarme sin ningún tipo de pudor.

Y más adelante, en un micrófono de radio, después en una cámara de televisión, en un escenario... O sea que jugando a ser lo que yo no era, empecé a conquistar un huequito de mí misma, a poder atreverme a asomarme a quien yo era sin tener miedo y sin quedarme sin voz para comunicarme.

Miriam Díaz Aroca genera sus propios proyectos con pasión. Foto: IG

-Ha hecho radio, cine, teatro, tele, ha sido conferenciante, productora, guionista... ¿Cómo se logra una trayectoria tan versátil?

-Con mucha osadía, con mucho atrevimiento y con mucha pasión y confianza en mí misma. A pesar de las dudas, a pesar de que muchas veces el exterior te lo ponía complicado, esa confianza y esa certeza en que lo que acometía era bueno para mí y para los demás, y me ayudó a vencer todos los obstáculos.

-Cajón Desastre fue un formato que tuvo muchísimo éxito y estaba más enfocado a un público infantil. ¿Cree que hoy en día faltan contenidos de este tipo?

-Faltan tantas cosas... A nivel televisivo, por supuesto. Hay un vacío muy grande de atención y dedicación al mundo infantil, con contenidos un poquito más humanos. No estoy rechazando la tecnología ni las pantallas, pero poder hacer un mix, un maridaje.

Cajón Desastre fue un revulsivo, un salto cuántico en el mundo de ver a los niños como seres humanos maravillosos y pequeñitos, con un trato muy normal. Siempre me he llevado muy bien con los niños, quizá porque mi niña interior siempre está viva, y para mí era como ser la jefa de la pandilla.

Aquel programa me hizo vibrar porque pude hacer todo lo que soñaba y todo lo que quería: jugar, hacer deporte, cantar, bailar, interpretar... y dedicarme a toda la familia, por supuesto, no solamente a los niños. Además, contaba con un gran equipo que me apoyaba.

-Del 91 al 93 estuvo al frente del clásico Un, dos, tres. Esto fue todo un reto, ¿no?

-Es como llegar al Olimpo de la televisión. Mi sueño era hacer lo mismo que hacía en Cajón Desastre y lo conseguí saltando a esa gran pantalla, como es el Un, dos, tres, un programa legendario que yo ya había visto en blanco y negro, imagínate... Así que fue volver a hacer lo mismo, pero a lo grande.

"Entender que el éxito no viene de fuera, sino que está dentro de cada uno"

-Belle Époque y Tacones lejanos también son dos de las grandes películas de su carrera. ¿Qué supusieron para ti? ¿Cómo las recuerda?

-Con una emoción infinita, que nunca cesa dentro de mí, puesto que la llamada de Pedro Almodóvar fue buscándome en la pantalla televisiva. Ahora se hace de otras formas, y fue una confianza absoluta. Vio mi cara, vio mi expresividad, me contrató sin más y confió en mí.

Y lo mismo pasó con Fernando Trueba: hizo caso de la opinión de su hijo Jonás, que ahora es un grandísimo director de cine, y me contrató con la confianza de que yo podía asumir el rol de la hermana mayor de Belle Époque. Fueron comienzos muy mágicos, muy sorprendentes, muy auténticos y muy verdaderos.

-Ha trabajado de la mano de los más grandes, ¿hay alguien que especialmente le haya marcado?

-Todos. En cada uno de los trabajos donde he estado, todo ha sido aprendizaje y lecciones, tanto en los momentos excepcionales como en los momentos más duros.

Todo ha sido un crecimiento profesional y he aprendido de los que más se conocen y de los que menos se conocen, porque los equipos son muy grandes; los que trabajan detrás de las cámaras y los que estamos delante son equipos de seres humanos maravillosos.

-Habló de momentos duros... Belle Époque ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y ha comentado alguna vez que para usted supuso un antes y un después, y quizá no en el sentido que esperaba... ¿A qué se refiere con esto?

-A las expectativas que se tienen cuando algo grande llega a tu vida... Porque mi participación en Belle Époque y el Oscar de Hollywood no lo tenía yo en mi foco, ni en mis sueños; llegó y me desbordó y me llevó a una situación preciosa donde empecé a configurar una agenda llenita de ofertas laborales, pero no fue tan abrumadora como esperaba.

Eso me hizo replantearme muchas cosas en la vida, como, por ejemplo, dejar de depender de que te valoren desde el exterior y aprender a valorar por mí misma y a generar mis propios productos y proyectos. También a entender que el éxito no viene de fuera, sino que está dentro de cada uno. Eso me hizo crecer mucho.

A Miriam Díaz Aroca ganar un Oscar le hizo replantearse muchas cosas. Foto: Archivo

-¿Ha sentido el vértigo que comentan otras compañeras de profesión de que el teléfono deje de sonar?

-No he sentido ese vértigo. Me he planteado qué no estoy haciendo bien para que esto no funcione como me gustaría, porque nunca ha dejado de sonar. Ha podido sonar 80 veces y ha podido sonar 20, pero nunca dejó de sonar. Lo que pasa es que yo empecé a provocar mis propios proyectos, con lo cual ya no dependía de esa llamada exterior, y ese fue el gran cambio de mi vida.

"Yo soy mi mejor sueño"

-Miriam, ¿cree que ser mujer y cumplir años en este mundillo te hace un poco invisible?

-No. Uno se siente invisible porque se siente invisible, pero la conquista de la que estoy hablando, el ser yo reina y soberana de mi propio talento y mi propia luz, eso me hace, de alguna manera, ser invencible. Ser absolutamente independiente de cómo vienen los vientos, siempre navegar el mar con la mejor fuerza y la mejor certeza, independientemente de la edad.

Es cierto que hay un sistema, y las mujeres en el mundo de la interpretación, sobre todo en ficción televisiva y en cine, cuando tienes una determinada edad, parece que ya no tienes una oportunidad, pero también es una puerta para hacer otras cosas.

En vez de estar por la queja, el conflicto y el victimismo del edadismo, es mejor ser consciente de que tienes un potencial gigantesco para hacer otras cosas y desplegar otros talentos. Y luego, el teatro, que es un espacio maravilloso donde nosotras, en concreto, siempre tenemos una continuidad.

Es un poco como lo afrontes tú: o te dejas caer en el victimismo y en el conflicto, o aprovechas la oportunidad para crecer.

-Ahora justamente está haciendo la obra de teatro La Casa del Mar. ¿Se puede pensar que la protagonista tiene mucho de usted?

-Absolutamente. En todos los personajes y los trabajos, cuando asumes un papel, es inevitable que aportes de ti. De mi recorrido vital he podido aportar mucho a Aurora en su muerte y en su renacimiento como personaje.

Está teniendo un éxito maravilloso, con una recepción en el público que te emociona, con unas críticas extraordinarias... Así que tenemos mucho recorrido todavía este año y el que viene.

-¿Y qué otros proyectos tiene en marcha?

-Estoy ahora mismo estudiando mi próximo proyecto de teatro, que estrenamos el día 16 de octubre en Rota, y andaremos luego por Cádiz, Jerez, Sevilla... Se llama Las cunetas de la gloria de Santiago Escalante, y es una belleza de proyecto.

La verdad es que estoy entusiasmada con los proyectos que me están llegando. Habla de los últimos días de una actriz venida a menos. Es una comedia donde asoman muchas tragedias que están fuera de la alfombra roja. Es un personaje hermoso. En Madrid estaremos en enero en el Teatro Bellas Artes.

Y mi tercer proyecto teatral, que es otra bendición, es la historia de una grandísima actriz de teatro, Catalina Bárcena. Una mujer que, por su libre pensar y su libre vivir, fue exiliada de España. Y ella volvió. La vuelta de Catalina Bárcena la ha convertido en un texto teatral magno para hacer justicia y colocarla donde se merece.

Estrenamos en Santander e iremos a Madrid el año que viene. Soy muy afortunada, me siento privilegiada por afrontar estos textos con esta potencia tan grande.

-¿Qué sueños le quedan por cumplir en esta profesión?

-Pues es que yo soy mi mejor sueño. Yo me sueño todos los días, así que ese es mi foco.

-Sostiene que hoy es la mujer que quiere ser y sabe para qué es. ¿Cuál es el secreto para llegar a esta revelación?

-La valentía de elegir vivir en la máxima coherencia y no traicionarte por el qué dirán.

Miriam Díaz Aroca sostiene que debemos ser auténticos y determinados. Foto: IG @miriamdiazaroca

"Más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido, y no al revés, como hemos normalizado"

-Como curiosidad, tiene también licencia de socorrista, ¿verdad?

-Sí. Soy socorrista y monitora de natación. Soy deportista gracias a mi padre, que nos inculcó el amor por el deporte, y mis hermanas y yo nos formamos como socorristas y monitoras de natación. Amamos profundamente el deporte.

Yo se lo he inculcado a mis hijos porque creo que es muy sano crecer y desarrollarse con esa filosofía del deporte, de competir contigo mismo, de hacer equipo, de formar y saber ser equipo. Eso es superimportante para luego aplicarlo en la vida. Yo soy un pececito, adoro el mar. El agua es mi elemento.

-Y Miriam, ¿hay algún mensaje que quiera transmitir a los lectores?

-Que aprendamos a tomarnos la vida de otro modo. Que dejemos de funcionar como rebaños y aprendamos a ser quienes realmente queremos ser y no lo que los demás esperan de nosotros, ya sea la familia, la pareja, el trabajo...

Que sepamos ser auténticos y tengamos esa fuerza y esa determinación. Y que, por supuesto, más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido, y no al revés, como hemos normalizado.

Cristina Cantudo, La Vanguardia