La tradición representada a través de objetos, música y hábitos corre por la sangre de los argentinos. Algunos consumen lo que fue producido por las personas que formaron nuestra cultura para satisfacer esa necesidad acuciante de sentirse identificado con la patria. Otros, no solo disfrutan de las obras pasadas, sino que producen nuevas.

“Con mis piezas intento mantener la estética de las piezas de antaño para que sean lo más fieles posibles a lo tradicional. Pero siempre le pongo mi impronta, para que la gente pueda reconocerlas y saber quién la hizo”, dice Mauricio Bentancour, platero de 54 años, vecino de San Miguel, ganador del premio en la Exposición Rural por su pieza artesanal.

“En realidad, soy orfebre, ya que sé hacer piezas de joyería, de platería litúrgica o de platería civil –aclara Mauricio– En realidad, cuando empecé con este oficio, yo quería trabajar en cuero crudo y agregarle cosas en metal, pero con el tiempo el metal tomó el lugar del cuero”.

Cuchillo de plata ganador como mejor pieza de uso tradicional en la rural 2026.

La historia del platero sanmiguelino empezó en su juventud, cuando su casa rebosaba de folclore argentino; entre canciones, historias y danzas tradicionales Mauricio aprendió a amar a su país: “A mí siempre me gustaron los trabajos manuales. Y mientras los hacía se escuchaba música bien tradicional de nuestro país”.

Fue así que hace 25 años, un amigo joyero le enseñó a soldar. Cuando le encontró el gusto, se sumó a un curso de platería que dictaba un platero de san Miguel llamado Daniel Díaz: “Más adelante estudié con el orfebre Diego Pallarols –recuerda Bentancour– Hacía mis piezas y en paralelo tenía mi trabajo en la administración pública, hasta que hace algunos años decidí renunciar y dedicarme únicamente a mi pasión”.

Freno, bozalejo y fiador para caballos que fue expuesta en el Congreso de la Nación en 2017, en el marco del primer congreso gaucho.

Desde que empezó hace más de dos décadas, Mauricio ha recolectado experiencia y su vocación únicamente creció. Hace veinticinco que su cabeza se encierra en su taller e imagina cómo quedará su próxima obra y hace su máximo esfuerzo para que esa supere a la anterior: “No tengo obra maestra, hay algunas que me gustan más que otras, o me encariño porque le puse mucho trabajo y empeño, pero uno siempre espera superar los trabajos anteriores y evolucionar”, asegura.

Al igual que él, sus clientes son personas amantes de la tradición argentina. Algunos son coleccionistas, otros personas que quieren cortar el asado con un cuchillo práctico y bello a la vez: “Hay diferentes tipos de clientes. En los casos de los coleccionistas, sus compras rara vez saldrán de una vitrina. Pero después están los tradicionalistas, gente que vive y usa las piezas a diario”.

Rastra de plata y oro, obra del artista sanmuguelino.

Cuando alguien le encarga un pedido, Mauricio se sienta en su taller y trabaja arduamente hasta que quede exactamente como se lo pidieron. Pero cuando se desvela una noche pensando en una obra de carácter propio, no puede contenerse y se encierra en su taller, y entre soldaduras, fundidos, laminados y golpes de martillo, trabaja sin parar.

“En estos momentos la platería es mi forma de vida, sustento y pasión, a tal punto de estar constantemente pensando cual va a ser la pieza que me va a tocar hacer o cual quiero hacer y no hice”, concluye.