Pocas frutas están tan asociadas al verano como la sandía. Presente en comidas familiares, meriendas y sobremesas, se ha convertido en uno de los postres más habituales cuando suben las temperaturas gracias a su sabor refrescante y a su elevado contenido en agua.
Su gran tamaño, sin embargo, hace que lo más frecuente sea consumirla durante varios días, lo que plantea una duda habitual en muchos hogares: cuál es la mejor forma de conservarla una vez abierta para que mantenga su textura, su sabor y todas sus propiedades.
La chef Carme Ruscalleda compartió en el programa Tot es mou una serie de recomendaciones para conservar correctamente la sandía después de cortarla. La cocinera explica que el proceso comienza incluso antes de pasar el cuchillo por la fruta y ofrece varios consejos para mantenerla en las mejores condiciones dentro de la nevera o heladera.
De la nevera al congelador
Una vez abierta, Carme Ruscalleda desaconseja el método más habitual en muchos hogares, que consiste en guardar media sandía con la corteza y cubierta con papel film.
“La sandía no debería guardarse en la nevera con film ni con la corteza”, señala. En su lugar, propone retirar toda la piel, cortar la pulpa en bloques grandes y conservarlos dentro de un táper.
Y detalla: “Nunca dejo media sandía envuelta en film. Hay una forma mucho mejor de conservarla. Haces bloques grandes, a tacos. En un táper la tienes preparada; quien tenga sed ya la tiene lista, no tiene que quitar el plástico y volver a cortarla. Y es mucho más higiénico”.
Carme Ruscalleda, chef, aconseja cómo conservar la sandía. Foto: Captura
Un detalle previo que marca la diferencia
Antes incluso de cortar la fruta, la chef recomienda un paso que suele pasarse por alto en muchas cocinas: lavar bien la pieza.
“En casa no solemos hacerlo, pero habría que lavar la pieza antes de cortarla. Porque con el cuchillo siempre arrastras lo que hay en la corteza”, advierte, en referencia a la posible contaminación de la pulpa al atravesar la piel con la hoja.
¿Por qué conviene retirar la corteza?
El consejo de Ruscalleda tiene una explicación desde el punto de vista de la seguridad alimentaria. Aunque la pulpa de la sandía está protegida en su interior, la corteza puede acumular tierra, bacterias y otros microorganismos durante el cultivo, el transporte o su manipulación en el punto de venta.
Al introducir el cuchillo, estos pueden pasar a la parte comestible si la fruta no se ha lavado previamente. Por ese motivo, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda lavar siempre las frutas antes de cortarlas, incluso cuando se vayan a pelar, y utilizar un cepillo en aquellas de corteza dura, como el melón o la sandía.
La sandía tambié puede usarse en preparaciones saladas. Foto: Shutterstock
Una vez abierta, conservar la pulpa ya cortada en un recipiente hermético y refrigerada ayuda, además, a protegerla de contaminaciones y a mantener mejor su sabor y su textura.
El corte que facilita el proceso
La chef también aconseja cambiar la forma habitual de cortar la sandía. En lugar de partirla por la mitad, recomienda eliminar primero los dos extremos para que la pieza pueda mantenerse de pie sobre una base plana.
“Cuando la cortamos siempre está la duda de si partirla por la cintura. Pero si quieres hacer estas piezas grandes, corta un extremo y luego el otro. Así se aguantará derecha”, explica.
Con la fruta ya estabilizada, basta con retirar la corteza de arriba abajo con un cuchillo. “Entonces ya puedes quitar toda la piel y te quedará una bola roja que podrás cortar en rodajas gruesas o en bloques. Así ya la tienes preparada”, añade.
Un sorbete casero sin apenas preparación
Carme Ruscalleda también propone aprovechar parte de la fruta congelándola. Para ello, aconseja cortar la sandía en bloques, envolverlos con papel de horno para evitar que se peguen entre sí y guardarlos en un recipiente hermético.
Una vez congelados, los trozos adquieren una textura muy firme. La cocinera explica que pueden rallarse con un rallador grueso o triturarse con una máquina de picar hielo para obtener una preparación similar a un sorbete. Si también se congela melón, ambas frutas pueden combinarse en una misma copa para elaborar un postre refrescante.
La sandía puede aprovecharse más allá de un postre. Foto: Archivo
Mucho más que un postre
La chef recuerda que la sandía también puede utilizarse en elaboraciones saladas. Entre sus propuestas figura incorporarla a gazpachos y salmorejos (la crema o sopa fría tradicional de Andalucía) para aportar un toque más fresco y dulce durante los meses de calor.
Además, plantea una bebida para adultos elaborada con vodka, agua con gas y una ramita de cilantro o perejil. En el caso del melón, apuesta por preparar una sopa fría con yogur, aceite de oliva, vinagre, sal y pimienta.
Como alternativa para el verano, también sugiere llenar media copa de flauta con melón congelado y rallado, añadir cava y terminar con una hoja de menta. Para quienes no consuman alcohol o para los niños, recomienda sustituir el cava por gaseosa.
De este modo, demuestra que tanto la sandía como el melón pueden aprovecharse mucho más allá del postre y convertirse en ingredientes versátiles para distintas recetas estivales.
Christian Jiménez, La Vanguardia.
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