Más de cuatro décadas después de haberse recibido, Juan Carlos Angelomé sigue pensando que la arquitectura se construye conjuntamente desde la obra, el aula y la gestión.

Su recorrido profesional lo convirtió en un referente de la producción y dirección de proyectos, tanto públicos como privados, y en un docente que insiste en tender puentes entre lo proyectual y lo práctico.

“La arquitectura es plantarse ante una necesidad y responder, y eso se logra con comunicación”, resume, condensando en una frase toda una vida de trabajo.

Formado en la Universidad de Morón y con especialización en realización de obras, Angelomé cofundó hace 25 años TReCC S.A., una firma que nació de manera casi intuitiva, sin proponerse como un estudio de arquitectura tradicional.

En la obra, escenario clave para los arquitectos.

La parte dura de la disciplina

Junto a su socio, el arquitecto Roberto Févre, comenzaron asesorando municipios en obra pública y descubrieron que las organizaciones proyectuales y los clientes tenían dificultades para absorber la parte dura de la disciplina: pliegos, factibilidad, gestión ambiental.

Esa carencia los llevó a interiorizarse en procesos de gestión y a incorporar la dimensión ambiental como parte inseparable del gerenciamiento. “Descubrimos que el estudio ambiental y la gestión de obra podían ser un paquete completo de acompañamiento profesional”, recuerda.

Así, TReCC mutó hacia una consultora capaz de trabajar con corporaciones, organismos estatales e internacionales, consolidando un perfil que combina obra y documentación, territorio y estrategia.

La empresa creció con proyectos para el Ministerio de Turismo, el Banco Interamericano de Desarrollo y obras públicas de gran escala, como el control de inundaciones en La Boca-Barracas.

El gran salto fue ganar el concurso para la sede del Ministerio de Ciencia y Tecnología, donde incorporaron sistemas de gestión más avanzados.

En ese camino, Angelomé y su equipo desarrollaron el “tablero de control TReCC”, una herramienta en la nube que organiza documentación y comunicaciones, accesible desde cualquier dispositivo.

Angelomé, especialista en gestión de obra.

“Inventamos una manera de gestionar la obra que nos permitió acercar la lógica entre lo analógico y lo digital”, explica. Esa innovación les dio transparencia frente a los clientes y los hizo ganar concursos de ideas en innovación tecnológica.

Su mirada sobre la profesión es crítica y anticipatoria. Para él, la formación universitaria dedica demasiadas horas al proyecto y muy pocas a la práctica, cuando en la realidad la mayoría de los arquitectos se desempeñan en la obra y no en el tablero.

“¿Cómo es posible que logremos la capacidad proyectual de lo abstracto del diseño y no podamos proyectar correctamente un cronograma de obra?”, se pregunta.

Advierte que la dicotomía entre lo digital-proyectual y lo analógico-práctico se profundizará con el tiempo. Y por eso los egresados deberán adaptarse a un escenario donde la Inteligencia Artificial agilizará el diseño, mientras la gestión y dirección de obra se volverán centrales.

El desafío estará en cómo comunicar y liderar equipos, en cómo transformar la tradición constructiva en procesos digitales, y en cómo sostener el respeto al comitente, la organización de la producción y el cumplimiento de tiempos y costos.

Angelomé dice que el desafío es comunicar.

“La profesión se mejora desde adentro, tenemos que dejar de ser hombres de negro y empezar a ser más hombres de blanco, más científicos. La sociedad requiere de nosotros proyectos que cumplan en tiempo y costos esperados”.

La dimensión colectiva de la construcción

Sus premisas para un proyecto exitoso son unificar las velocidades del diseño y la obra, fortalecer la comunicación y el liderazgo de equipos, y reivindicar la dimensión colectiva de la construcción. “No se puede resolver una obra sin el compromiso y acuerdo de todas las partes”, insiste.

La docencia ocupa un lugar equivalente en su vida. “Si hubiese soñado, solo hubiese sido docente; lo disfruto mucho”, confiesa. Como docente tiene una mirada positiva, cree que los alumnos son buenos hasta que se demuestre lo contrario y que el aula es un espacio de intercambio colectivo más que de transmisión unilateral.

Prefiere hablar de compartir conocimiento antes que de enseñar y valora especialmente el posgrado, donde la discusión con colegas lo mantiene actualizado y nutre a sus equipos de trabajo.

Al mismo tiempo, reclama una actualización del plan de estudios de la UBA para incorporar prácticas profesionales obligatorias que acerquen lo proyectual a lo real.

La docencia, una de las pasiones de Angelomé.

Angelomé disfruta de lo que hace a pesar de los disgustos y el estrés laboral, la satisfacción llega al ver que la ciudad se transforma gracias al esfuerzo compartido.

“Las ciudades las construimos entre todos”, afirma, convencido de que el protagonismo individual del arquitecto está quedando atrás, dando paso a una mirada más integral y colectiva.

Su trayectoria y su visión lo convierten en una voz que, desde el andamio, interpela tanto a la profesión como a la sociedad.