Lois Roberts y Aron Llywd tenían empleos profesionales, pero los gastos cotidianos les impedían ahorrar o planificar la compra de una vivienda. Más de la mitad de sus ingresos desaparecía cada mes entre alquiler, facturas y otros costos propios de la vida urbana.
La situación cambió cuando encontraron un anuncio que buscaba cuidadores para Ynys Enlli, también conocida como la isla Bardsey, frente a la península de Llyn, en Gales. La oferta incluía un salario y una casa sin alquiler a cambio de mantener jardines y diez alojamientos turísticos.
La pareja aceptó y cambió Cardiff, la capital, por una comunidad aislada donde viven apenas cuatro personas y unas 500 ovejas. “Es un sueño hecho realidad”, aseguró Lois en un reportaje publicado por el diario británico The Sun.
Ambos buscaban una experiencia más autosuficiente, aunque no contaban con el dinero necesario para comprar un terreno y desarrollar un proyecto propio. “Queríamos estar cerca de la naturaleza y vivir de forma sostenible”, explicó la joven.
Una isla sin tiendas ni señal telefónica
La vida en Ynys Enlli exige planificación. No hay comercios ni una localidad cercana y salir de la isla depende del clima y del transporte disponible. La señal telefónica solo aparece al subir a la zona más alta, aunque la casa cuenta con conexión a internet.
El lugar es paradisíaco. Foto: TikTok/@loisoffgrid
La energía procede principalmente de paneles solares. Durante el invierno utilizan una turbina eólica y cuentan con baterías y un generador como respaldo. El agua para lavar y realizar tareas domésticas depende de la lluvia, mientras que el agua potable procede de un pozo situado en la montaña.
La experiencia hizo que Lois prestara más atención al origen de cada recurso. En la ciudad daba por sentadas la electricidad y el agua; ahora controla cuánto consume porque sabe que ambas pueden escasear.
La pareja cultiva verduras, mantiene gallinas para obtener huevos, utiliza trampas para conseguir mariscos y prepara sidra con las manzanas de un huerto próximo. Las ovejas también forman parte de su rutina. “Consideramos a las ovejas nuestras vecinas”, bromeó Lois.
Ahorrar la mitad de sus salarios
Lois había terminado una maestría en psicología clínica y trabajaba como investigadora. Aron, de 29 años, era técnico de iluminación en producciones de cine y televisión. Ambos disfrutaban de sus profesiones, pero sentían que el costo de vida no les permitía avanzar.
Entre 2024 y 2025 trabajaron en la isla mediante contratos temporales y regresaron al continente durante los inviernos. Cuando los cuidadores permanentes dejaron el puesto en marzo de 2026, ellos asumieron la responsabilidad a tiempo completo.
Sus jornadas incluyen reparar puertas y ventanas, cuidar jardines, coordinar voluntarios y preparar casas. Foto: TikTok/@loisoffgrid
Sus jornadas incluyen reparar puertas y ventanas, cuidar jardines, coordinar voluntarios y preparar las casas construidas en la década de 1870 para los huéspedes que llegan entre abril y septiembre.
La vivienda gratuita y la reducción de los gastos les permiten ahorrar cerca de la mitad de lo que ganan. El cambio también les dejó tiempo para aprender nuevas actividades: Lois comenzó a tejer, utilizar telares, realizar impresiones artesanales y tocar el banjo.
No planean permanecer allí para siempre, pero esperan continuar algunos años. Mientras deciden el siguiente paso, disfrutan de cielos sin contaminación lumínica, auroras boreales y una tranquilidad que no encontraban en la ciudad.
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