Las jornadas de temperaturas extremas no solo representan un desafío para el organismo desde el punto de vista físico. También pueden provocar sensaciones como falta de aire, mareos o palpitaciones que, en algunas personas, generan preocupación porque se interpretan como una señal de que algo grave está ocurriendo.

El psicólogo especializado en ansiedad Alex Didoni explica en un video de su cuenta de TikTok que, durante una ola de calor, esas reacciones suelen formar parte de los mecanismos naturales que utiliza el cuerpo para regular su temperatura y no necesariamente indican una crisis de ansiedad.

"Si sientes que estos días con tanto calor te falta el aire, estás mareado o de repente notas que el corazón se te acelera, es muy normal que pienses que vas a padecer un ataque de pánico o que estás perdiendo el control", afirma el especialista.

Sin embargo, el psicólogo aclara que muchas veces esa interpretación no coincide con lo que realmente ocurre en el cuerpo. Frente al calor, el organismo pone en marcha diferentes mecanismos para mantener una temperatura estable, como aumentar la circulación sanguínea o acelerar algunos procesos internos.

El especialista destaca la importancia de comprender cómo reacciona el organismo durante los episodios de calor intenso. Foto: Shutterstock.

“No es una crisis, sino tu cuerpo adaptándose al calor”, resume Didoni. Según el especialista, comprender esta diferencia puede ayudar a evitar que las sensaciones físicas normales sean interpretadas como una amenaza inmediata.

El problema aparece cuando esas señales corporales generan miedo y preocupación. Según explica el psicólogo, la similitud entre los efectos del calor y los síntomas de la ansiedad puede llevar a que la mente interprete la situación como un peligro. “Esto provoca que nuestra mente entre en un estado de alerta y que piense de forma inmediata que le está pasando algo muy grave”, sostiene.

Esa reacción puede generar un círculo en el que la persona presta cada vez más atención a sus sensaciones físicas y aumenta la preocupación ante la posibilidad de volver a sentirlas. De esta manera, las altas temperaturas pueden quedar asociadas a una experiencia negativa que incrementa la ansiedad en futuros episodios de calor.

Didoni también señala que intentar controlar de manera constante esas sensaciones puede intensificar el malestar. “Cuanto más lo intentes controlar, seguramente más miedo te va a generar”, advierte.

Es clave diferenciar entre una reacción fisiológica al calor y una verdadera crisis de ansiedad.

El especialista plantea que reconocer la respuesta natural del cuerpo puede ser una herramienta para reducir la alarma. Entender que algunos cambios físicos durante una ola de calor forman parte de la adaptación del organismo permite diferenciar entre una reacción esperable ante las temperaturas elevadas y una verdadera crisis de ansiedad.

Así, su mensaje apunta a cambiar la interpretación de esas señales: no siempre indican que algo está mal, sino que muchas veces muestran que el cuerpo está realizando un esfuerzo para adaptarse a un entorno exigente.