Japón volvió a poner en marcha una pieza clave de su sistema energético. Después de 14 años sin operar, el reactor número 6 de la central nuclear Kashiwazaki-Kariwa, situada en la prefectura de Niigata, retomó este 2026 su actividad comercial.

No se trata de una instalación cualquiera. Kashiwazaki-Kariwa, propiedad de Tokyo Electric Power Company (TEPCO), es considerada la central nuclear de mayor capacidad instalada del mundo. Sus siete reactores suman más de 8.000 megavatios (MW), aunque solamente una parte está en condiciones de regresar progresivamente al sistema eléctrico.

El reactor 6, con una potencia de 1.356 MW, comenzó sus operaciones comerciales el 16 de abril. Su regreso representa un paso importante en la estrategia japonesa para recuperar la energía nuclear tras el desastre de Fukushima de 2011, reducir las importaciones de combustibles fósiles y garantizar un suministro eléctrico estable.

Sin embargo, esa enorme cantidad de electricidad disponible también está exponiendo una paradoja: en determinados momentos Japón produce más energía de la que puede consumir o transportar, y las primeras fuentes que deben reducir su generación son las renovables.

Cuánta electricidad puede generar el reactor

A pleno funcionamiento, el reactor 6 podría producir aproximadamente 9.500 GWh de electricidad por año, según las estimaciones recogidas por Autonoción.

La cifra equivale a cerca del 2% de la electricidad consumida en el área de Tokio, una región que concentra decenas de millones de habitantes y una enorme actividad económica.

También supone una reducción considerable en la utilización de combustibles fósiles. TEPCO calcula que la energía generada por la unidad podría sustituir aproximadamente 1,3 millones de toneladas de gas natural licuado (GNL) al año.

Para Japón, que depende fuertemente de las importaciones energéticas, esa diferencia tiene implicancias económicas y estratégicas.

Central nuclear Kashiwazaki Kariwa de Tokyo. Reuters

Antes del accidente de Fukushima, el país tenía 54 reactores nucleares en funcionamiento y obtenía cerca del 30% de su electricidad de esta fuente. El desastre llevó al cierre progresivo de todas las centrales mientras se revisaban las condiciones de seguridad.

Desde entonces, la recuperación fue lenta. Hasta 2026, 15 reactores habían vuelto a funcionar bajo estándares regulatorios mucho más estrictos.

Por qué Japón está limitando la energía solar

El regreso de Kashiwazaki-Kariwa puso de manifiesto otro desafío: cómo combinar una gran producción nuclear constante con el crecimiento de las energías renovables.

Tokyo Electric Power Company (TEPCO).

Cuando existe mucha generación solar y, al mismo tiempo, la demanda eléctrica es reducida, el sistema puede recibir más electricidad de la que necesita.

El 29 de marzo se llegó a restringir un máximo de 3.290 MW de generación renovable en el área de TEPCO, según los datos citados por Autonoción.

Esto no significa que Japón haya decidido reemplazar la energía solar por la nuclear. El problema está relacionado con el funcionamiento de la red.

Las centrales nucleares están diseñadas principalmente para proporcionar una producción estable y continua. La energía solar, en cambio, depende de las condiciones meteorológicas y alcanza sus máximos durante determinadas horas del día.

Cuando ambas coinciden con una jornada de bajo consumo, aparece el excedente.

El desafío se agrava por las limitaciones para almacenar grandes cantidades de electricidad y por la capacidad todavía insuficiente para trasladar excedentes entre distintas regiones del país.

Las centrales nucleares están diseñadas principalmente para proporcionar una producción estable y continua.

Por eso, mejorar las interconexiones y ampliar el almacenamiento mediante baterías serán piezas fundamentales si Japón pretende continuar aumentando simultáneamente su generación nuclear y renovable.

El otro problema: qué hacer con el combustible nuclear usado

Kashiwazaki-Kariwa enfrenta además una cuestión mucho más delicada.

El combustible gastado debe permanecer inicialmente almacenado en piscinas especialmente diseñadas dentro de las instalaciones. Pero el espacio disponible no es ilimitado.

Durante una visita de periodistas realizada en mayo, la piscina de combustible usado correspondiente al reactor 6 se encontraba aproximadamente al 88% de su capacidad.

El gerente de la central, Takeyuki Inagaki, reconoció la importancia del problema.

“Nuestra generación eléctrica se paralizará tarde o temprano”, advirtió Inagaki al referirse a lo que ocurriría si no se desarrolla una solución sostenible para retirar y gestionar el combustible gastado.

La cuestión forma parte de uno de los mayores desafíos de la industria nuclear japonesa: establecer un sistema definitivo para almacenar o reprocesar residuos altamente radiactivos.

El regreso nuclear de Japón después de Fukushima

La reactivación de Kashiwazaki-Kariwa tiene un peso simbólico adicional porque pertenece a TEPCO, la misma compañía que opera Fukushima Daiichi, escenario del accidente nuclear provocado por el terremoto y tsunami de marzo de 2011.

Central nuclear Kashiwazaki Kariwa de Tokyo Electric Power Company (TEPCO) en Kashiwazaki.

Desde entonces, la política energética japonesa atravesó un profundo cambio. El cierre de los reactores obligó al país a aumentar las importaciones de carbón y gas para mantener el suministro eléctrico.

Ahora el gobierno pretende que la energía nuclear vuelva a ocupar un lugar importante junto con las renovables para reducir las emisiones y la dependencia de combustibles importados.

Kashiwazaki-Kariwa muestra tanto las posibilidades como las dificultades de esa estrategia. Un solo reactor puede generar suficiente electricidad para cubrir una parte significativa de la demanda de Tokio y ahorrar 1,3 millones de toneladas anuales de GNL, pero su regreso también obliga a resolver cómo gestionar los excedentes eléctricos y el combustible usado.

Después de 14 años detenido, el reactor volvió a producir energía. El desafío para Japón ahora es conseguir que la energía nuclear y las renovables puedan crecer juntas sin que una termine obligando a desperdiciar parte de la producción de la otra.