Dakota Miranda tuvo claro desde muy joven que no quería una vida de oficina. Con 14 años, mientras sus compañeros de clase pensaban en el fin de semana, ella ya estaba en la cocina del Hotel San Francisco, fregando platos y aprendiendo lo que significaba ganarse la vida.

En una entrevista en el canal de YouTube del creador de contenido Francois Pouzet recuerda esa necesidad de salir adelante forjada en trabajos precarios. Una aspecto que hoy la ha llevado a facturar 300 millones de pesos chilenos al mes (cerca de 300.000€ al cambio) al frente de MyCocos, una marca de cuidado personal masculino que ya está presente en siete países.

De mesera a empresaria

El camino de Dakota no fue lineal. Trabajó como promotora para marcas como Puch, L'Oreal y The Body Shop, donde tuvo su primer sueldo estable. Pero pronto sintió que el techo corporativo era demasiado bajo: “Esto no puede ser, la vida no se puede tratar de esto. El hambre que yo tenía estaba totalmente limitado en ese trabajo”.

Esto no puede ser, la vida no se puede tratar de esto. El hambre que yo tenía estaba totalmente limitado en ese trabajo. Foto: IG/dakotamirandam

Fue entonces cuando, trabajando como mesera en un restaurante de montaña, conoció a Eduardo Daza, su actual socio y pareja. Juntos, empezaron a hacer pequeños negocios: revender perfumes, vender ropa interior.

Un contratiempo casi letal

Hasta que Calvin Klein les cayó encima por comerciar con productos de la marca. “Calvin Klein nos demanda, nos dice que estamos importando mil cosas sin autorización y tuvimos que regalar todo eso, regalamos más de 50 millones de pesos en mercadería de solo calzoncillos boxers”. Fue un golpe duro, pero también una lección. “Fue como volver a prácticamente empezar sin producto, pero esta vez tenía el conocimiento”.

Un nombre provocador y un producto que funciona

La oportunidad llegó cuando Dakota, Eduardo y sus socios empezaron a analizar negocios de comercio electrónico que triunfaban en otros mercados. Estudiaron productos, tráfico y modelos de negocio hasta encontrar una idea que podían adaptar a Latinoamérica.

La oportunidad llegó cuando Dakota, Eduardo y sus socios empezaron a analizar negocios de comercio electrónico. Foto: IG/dakotamirandam

Así nació MyCocos, una marca especializada en cuidado personal masculino que comenzó con una rasuradora y fue ampliando progresivamente su catálogo. Hoy, según Dakota, la compañía está presente en siete países latinoamericanos y cuenta con unas 43 personas trabajando en el conjunto de sus empresas.

“El emprendimiento te lleva a tus partes más oscuras”

Dakota no presenta el camino como una sucesión de éxitos. De hecho, una de las partes de la entrevista que más llama la atención tiene que ver con el desgaste.

Durante años trabajó, según explica, prácticamente sin descanso. Hasta que llegó un momento en el que consiguió los primeros resultados económicos importantes y descubrió que ganar más dinero no solucionaba necesariamente el problema.

La importancia de aprender a gestionar la ansiedad y la presión de hacer crecer una empresa. Foto: IG/dakotamirandam

“Cuando ese primer retiro lo ves en la cuenta, dices: no me siento más feliz, no me siento igual”, recuerda. A partir de ahí empezó a trabajar también en su bienestar personal. Habla de terapia semanal, sesiones de coaching con el equipo y de la importancia de aprender a gestionar la ansiedad y la presión de hacer crecer una empresa.

Errores del pasado y mirada al futuro

Su otra gran lección tiene que ver con delegar. Si pudiera volver al principio, asegura que incorporaría especialistas mucho antes, especialmente en áreas como finanzas y desarrollo de producto.

La razón la aprendió por las malas: un error contable relacionado con sus ventas online acabó generando, según cuenta, unos 27 millones de pesos chilenos de IVA adicional (más de 25.000€) que todavía estaban intentando recuperar.

Hoy su objetivo tampoco es simplemente facturar más. Dakota asegura que quiere construir empresas que funcionen sin depender constantemente de sus fundadores. Y tiene un sueño bastante concreto: una granja desde la que pueda trabajar, viajar y tener libertad para decidir dónde vivir y cómo organizar su tiempo.

Marc Mestres