Flâneur es una palabra de origen francés que significa paseante o callejero. Describe a la persona que camina sin prisa ni rumbo fijo por la ciudad, solo por el placer de observar la vida urbana y los detalles cotidianos.

Los primeros indicios de que el arquitecto Luis Rivas se había convertido en un flâneur aparecieron apenas se abrió el confinamiento estricto por la pandemia del coronavirus.

Tras los primeros meses de encierro, cuando las personas fueron autorizadas a salir a la calle para llevar a sus mascotas a dar un paseo, Rivas, recién jubilado como docente de Historia de la Arquitectura en la UBA, comenzó a dar largas caminatas junto a su caniche por las calles de Palermo.

Mientras fatigaba las mismas cuadras de siempre de su barrio, comenzó a descubrir obras de arte a las que jamás les había prestado atención. Murales de pintores famosos y desconocidos, escondidos en palieres, fachadas y frentes de edificios o en galerías comerciales. Murales que se convirtieron en su nueva obsesión.

Mural. Fragmento de una obra de Antonio Berni que "descubrió" Rivas en Palermo. Foto: Maxi Faila

“Les sacaba fotos y se los mandaba a mis colegas arquitectos. Primero fue por Palermo y después fui caminando por otros barrios y descubriendo que estaban por todos lados. Armé una planilla de Excell y empecé a anotar todos los datos y a armar una especie de catálogo”, recuerda Rivas, de 68 años.

A partir de sus descubrimientos diseñó una serie de treinta caminatas por diferentes barrios de la ciudad -Barracas, San Telmo, La Boca, Palermo, Chacarita-, para los eventuales flâneurs que quieran seguirlo.

Al proyecto lo bautizó El Flâneur de Palermo”. A las caminatas las realiza, desde 2022, cada sábado a las 15 horas.

Volver a mirar

Ahora es un sábado soleado de agosto y el punto de encuentro es Entre Ríos y San Juan. Unas quince personas, mujeres y hombres aficionados a la arquitectura y otros simplemente curiosos, se entregan a la guía de Rivas, que durante las próximas dos horas les mostrará los murales que permanecen camuflados por las calles de San Cristóbal.

Escondido. Obra de un artista sin identificar aún. Foto: Maxi Failla

“Mostrar los murales es un poco despertar la conciencia del valor que tienen estas pinturas en las que casi nadie repara. Las caminatas tienen el propósito de recuperar algo que está un poco en peligro de extinción. Yo creo que la mejor forma de protegerlos es hacer que la gente los conozca”, explica Rivas, que durante todos estos años descubrió más de mil doscientos murales.

Cuenta que sólo cuarenta de esos murales están protegidos por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Del resto, en el 70 por ciento de los casos pudo averiguar quiénes fueron sus autores, entre ellos, Luis Giovanni, Teodelina García Cabo, Luis Seoane.

Así encontró, por ejemplo, cinco murales de Antonio Berni. El maestro argentino los realizó en palieres de edificios privados emplazados en Palermo, Villa Crespo, Chacarita y Once.

“Entre fines del 50 y principios de los 70 hubo mucha construcción en Buenos Aires y los edificios solían incluir murales en sus halls -explica Rivas-. Fue una moda, un argumento que hacía más atractiva la venta. En esa época, la mayoría de los artistas importantes hicieron murales en edificios de propiedad horizontal. Los arquitectos buscaban a los artistas, y los artistas también buscaban a los arquitectos. Esa moda se terminó con la crisis económica y el advenimiento de la dictadura militar. Y los murales quedaron en el olvido”.

Tesoro. De Juan Carlos Castagnino, en Palermo. Foto: Maxi Failla

La primera parada de la caminata por San Cristóbal es en la Galería del Plata. Desde afuera luce abandonada: la mayoría de los negocios están vacíos. Apenas se cruza el umbral de la entrada, Rivas le pide al grupo de caminantes que observen a sus pies.

En medio del piso de granito negro, sobresale un increíble mural en colores, con el dibujo de una orquesta formada por paisanos con guitarras, bombos y sikus.

Desperdigados, van apareciendo otros murales "graníticos", tal como los llama Rivas, del mismo autor: un cactus por acá, una guitarra por allá, un bombo a un costado. El descubrimiento maravilla a los que participan de la caminata: muchos de ellos dicen que suelen pasar por delante de esa galería. Jamás habían reparado en que se conservaba es obra de arte.

Muchos de los murales están dentro de edificios particulares. Foto: Maxi Failla.

“Más allá de la calidad de cada uno de los murales, el valor tiene que ver con el conjunto. Es un patrimonio disperso, que en vez de estar en un museo, está en la calle. Y por eso mismo, porque es público, lo puede ver cualquiera. Solo es cuestión de prestar atención”, dice Rivas.

Los estilos porteños

Durante la caminata por los murales de San Cristóbal, Rivas se detiene también en fachadas de edificios para apreciar distintos tipos de arquitectura.

Muestra edificios art-noveau, brutalistas, modernistas. “Buenos Aires no tiene un estilo único propio pero sí tiene edificios que son verdaderas obras de arte”, explica, mientras el grupo observa con curiosidad el “edificio del Puente”, emplazado en medio de la avenida Entre Ríos, que tiene un vistoso puente en altura que cruza de un cuerpo al otro de la construcción.

“Buenos Aires se caracteriza por tener muchos estilos juntos. En las ciudades de Europa tienen un solo tipo de construcción. En Londres hay mucho ladrillo y parques, en París proliferan los edificios con mansarda (un tipo de techo y último piso con pendiente doble muy inclinada). En Buenos Aires, hay edificios que podrían estar en Londres, otros en París, otros en Viena”.

Además de los edificios y los murales, a medida que se avanza por las quince cuadras que comprende la caminata, Rivas señala ornamentos, herrerías, tipos de balcones, cúpulas, torres, angelitos, puertas con detalles artísticos escondidas en medio de las construcciones.

Edificios. Otra atracción de las caminatas. Foto: Maxi Failla.

Recuerda que durante estos años hubo caminatas en las que los curiosos llegaron a ser cuarenta, y otras en las que había una persona. “Si viene una sola persona la hago igual porque me entretiene. Hacer esto desde que me jubilé me tiene muy ocupado. Sobre todo, me gusta el hecho de conocer gente y compartir con otros”, dice.

“Sigo actualizando mi base de datos y las fichas de las obras. Ahora incluso es la gente la que me acerca información”, asegura Rivas, que entre 2021 y 2023 ganó dos becas del Fondo Nacional de las Artes y un financiamiento de Mecenazgo, con los que desarrolló una página web y un catálogo con fotos y la ubicación de todos murales que fue descubriendo.

Antes de que termine la caminata, Rivas pasa la gorra y algunos de los asistentes le piden que los sume al grupo de WhatsApp de las caminatas, que nuclea a más de doscientas personas. “Los he vuelto a todos entusiastas de los murales”, dice con orgullo.

“Ahora estoy armando un nuevo recorrido por Devoto. Y con ayuda extra de algunos porteros de edificios, estoy descubriendo nuevos murales para sumar al catálogo”.

Las caminatas que organiza Luis Rivas los días sábados a las 15 son a la gorra. Se anuncian los miércoles en su Instagram: @flaneur.de.palermo

Más informacuión sobre el proyecto en arteypropiedadhorizonal.wordpress.com/ y en arteypropiedadhorizontal.ar/