A medida que la inteligencia artificial se integra en nuestra vida cotidiana, solemos preguntarnos qué ocurrirá con nuestros empleos, nuestras escuelas o nuestra manera de consumir información.

Sin embargo, hay una transformación más silenciosa y profunda en marcha: qué sucede con la diversidad del lenguaje humano cuando las máquinas se convierten en los principales traductores, redactores y sintetizadores de nuestro mundo.

Para aprender y funcionar, los modelos de lenguaje requieren volúmenes colosales de datos digitalizados. Allí emerge una brecha contundente: la enorme mayoría de las miles de lenguas que se hablan en el planeta casi no tienen presencia en la red y muchas directamente no existen para los algoritmos.

Por supuesto que es tentador (¡y nos alivia!) pensar que este fenómeno de homogeneización es una invención exclusiva de Silicon Valley y que es culpa de los magnates actuales. Sin embargo, la historia de las lenguas muestra que no estamos ante una ruptura absoluta, sino ante el capítulo más reciente de una larga serie de selecciones.

La IA no tendrá regulaciones estatales por 10 años. / Shutterstock

Para muchos investigadores la humanidad tuvo una “edad de oro” de la diversidad lingüística, cuando antes de lo que conocemos como Antigüedad pequeños grupos humanos vivían relativamente aislados y cada comunidad desarrollaba sus propios códigos de comunicación.

El largo camino en la desaparición de idiomas

Si bien el colonialismo europeo aceleró la desaparición de cientos de idiomas por la imposición administrativa y la escolarización obligatoria, el proceso se había iniciado antes.

Hace diez mil años, la aparición de la agricultura transformó las estructuras sociales.

La formación de ciudades, reinos y Estados exigió lenguas comunes para comerciar, cobrar impuestos y dictar leyes, reduciendo progresivamente el espacio para las variedades locales.

Ninguna lengua viva llegó hasta el presente por ser eficaz o más fácil de usar sino que hablamos con palabras y términos que son sobrevivientes de innumerables conflictos y expansiones pasadas.

El español se consolidó tras desplazar otras lenguas de la península ibérica y expandirse por América; el inglés se volvió global mediante la combinación de imperio, comercio e industria cultural y la lista podría seguir…

La IA también puede ser una herramienta para la preservación del lenguaje. Foto: Shutterstock.

El rol de la Inteligencia Artificial

Pero una lengua nunca es únicamente un código de comunicación sino que es un modo específico de prestar atención y de entenderlo al mundo.

Con la extinción de palabras y nombres no solo se pierden vocablos sino formas particulares de clasificar la naturaleza, organizar el parentesco o expresar emociones.

Hoy, la inteligencia artificial vuelve a alterar el escenario con una profunda paradoja: si solo alimentamos a los sistemas con las lenguas hegemónicas, estas se volverán todavía más eficientes y visibles, relegando a las demás al margen de la infraestructura digital.

No se trata de un destino inexorable: estas mismas herramientas son capaces de traducir en tiempo real, sintetizar voz y generar recursos pedagógicos para comunidades cuyos idiomas carecían de soporte técnico.

La misma tecnología que amenaza con acelerar la homogeneización puede convertirse en una herramienta de preservación sin precedentes.