Tenía una familia grande y no había plata para regalos caros. Así que aquel Día del Niño hubo bizcochuelo casero, gaseosa, globos comprados en el kiosco y un manojo de primos corriendo por la casa.
A la noche, cuando todos se habían ido, quedó una montaña de vasos sobre la mesa.
Décadas después ese chico me dijo que ése fue uno de los días más felices de toda su infancia.
No se acuerda qué le regalaron. Recuerda la casa llena.
Día del Niño 2026. Foto: Freepik.
En tiempos en los que la crianza parece haber quedado atrapada entre reels con consejos variopintos y, para muchos, la culpa de no hacer lo suficiente, el Día del Niño puede ser una oportunidad: ¿qué necesitan emocionalmente los chicos para ser felices?
Muchos vivimos pendientes de, justamente, sus emociones. Si se aburren, buscamos una actividad. Si reciben un no, negociamos.
Pero, ¿si intentar que nuestros hijos sean felices todo el tiempo no ayuda?
Límite y castigo
Otra anécdota. Una nena de 6 años intenta atarse los cordones antes de salir para la escuela. Le sale mal una vez. Después otra. El papá mira el reloj. Está a punto de agacharse y hacerlo él. Pero se detiene. “Probá una vez más”, le dice. Ella protesta: “¡No me sale!”. Él responde: “Todavía”.
Hay algo profundamente amoroso en un adulto que puede tolerar el malestar de un hijo sin correr inmediatamente a eliminarlo.
Lo dicen todos los manuales: no se trata de decirle a un chico “Arregláte solo” sino “Sé que esto te da mucha bronca. Estoy acá. Pero no se puede”.
Padre a hija. Foto ilustración: Shutterstock.
Ya sé: del dicho al hecho, hay un largo trecho. Será porque durante mucho tiempo la idea de límite estuvo asociada con castigo. Hoy sabemos que un límite, respetuoso y oportuno, es un borde que organiza.
Mi hija Vera me puso un límite en estos días. En mi cabeza escucho a la psicóloga decir: no le des tanto poder; es una nena. Y tiene razón. Pero, con esa experiencia fresca, les aseguro que el límite puede abrazar.
Enojo. Foto ilustración Shutterstock.
Aprender a volar
Es posible aprender de todo del arte. A propósito de los límites, hace un tiempo, Graciela Montes, autora más de 70 libros para chicos --y de la colección Derechos humanos para todo el mundo, un ícono de la vuelta de la democracia-- alertó en una entrevista con Clarín :“Los adultos tenemos que revisar algunas cosas de las que nos hemos sentido liberados”.
Y Montes agregó: "Los adultos aprovechan la disparidad con los chicos de muchas maneras. Algunos los mandan a robar, otros los llenan de golosinas”.
La entrevista se puede leer acá.
María Montessori, una de las grandes pedagogas del siglo pasado, afirmó: “Nunca ayudes a un niño con una tarea en la que siente que puede tener éxito”. La idea que sigue siendo incómoda para muchos adultos. Pero ayudar de más, atarle siempre los cordones, es una manera de impedir que un chico descubra de qué es capaz.
La autonomía no aparece mágicamente a los 18 años. Se construye cuando a un chico se le permite ordenar sus cosas, esperar su turno, hacerse cargo de una tarea, equivocarse y probar.
Así que tal vez para el Día del Niño 2026 haya de estos regalos que no entran en una caja. Un límite dicho con calma. Un adulto que no resuelve ya. Una tarde sin programa. Un “probá vos primero”. Un “te salió mal, podés volver a intentar”. Un abrazo después de una rabieta. Y una certeza: equivocarse no convierte a una persona en fracasada, ni de chico ni de grande.
Todavia no hay comentarios aprobados.