De golpe, a las 20.29, una brisa tan sutil como impensada alivió el agobio de los 36 grados y el eclipse del siglo tuvo sus segundos de gloria -y de oscuridad- en Roa, un pueblo de Burgos que los vecinos mantenían en secreto: a orillas del Duero y sobre una cerro rocoso a 820 metros sobre el nivel del mar, Roa fue un balcón privilegiado para presenciar los cien segundos en los que la luna se interpuso entre la Tierra y el sol.
La escena, que oscureció una franja de 290 kilómetros de ancho de España, entre Galicia y las islas Baleares, comenzó en el océano Artico, pasó por el extremo nororiental de Groenlandia y por el oeste de Islandia y avanzó por el Atlántico hasta adentrarse en España, donde unos 20 millones de personas asistieron al fenómeno astronómico que provocó dos noches en un mismo día.
El 60 por ciento de quienes vivieron el evento en algún rincón de España llegó desde otros países. Como Angela y Ralph, un matrimonio suizo que manejó desde Zurich hasta Roa para no perderse el eclipse solar total que los españoles no presenciaban desde 1905, cuando hasta el rey Alfonso XIII se trasladó a Burgos para verlo mejor.
“Fue una maravilla”, comenta Angela a Clarín. “Es nuestro tercer eclipse. Hemos asistido a uno en Turquía y a otro en China. Este se vio clarísimo aunque estando tan cerca del atardecer no provocó el mismo efecto que si la jornada se oscureciera a mediodía”, agrega.
Vista del eclipse total de sol al atardecer en la región Castilla y León, en España. Foto: Cézaro De Luca
A unos pasos de Angela, Julia, de 92, se acomoda una gafas con marco turquesa de cartón que le consiguió su sobrino para proteger la vista de los efectos del eclipse. “Es el segundo que vivo. Para el anterior, no tenía anteojos como estos. Sólo recuerdo que en aquella ocasión era pleno día y que se hizo de noche”, cuenta a Clarín.
Brian May, huésped de honor
A las siete y media de la tarde, en el cerro de la Cruz de Pelayo, en Roa, un centenar de vecinos y forasteros buscan un lugar donde sentarse. En el pueblo cuentan que la cruz, del siglo XVI, recuerda la premonición que tuvo San Pelayo sobre la victoria que obtendría el conde Fernán González, el primero que logró liberar sus dominios de la sumisión a los reyes leoneses y convertirlos en hereditarios.
Ralph y Angela vinieron de Zurich, Suiza, para ver el eclipse en la zona de mayor ocultamiento del sol en España. Foto: Cézaro De Luca
El eclipse triplicó las reservas en destinos no urbanos de Aragón, de Navarra, de La Rioja, de Castilla La Mancha y de Castilla León, donde el gasto por visitante, en promedio, fue de 670 euros.
Teruel, cuna de la llamada “España vaciada”, tuvo un huésped de honor: Brian May, el guitarrista de Queen, fue invitado por el observatorio de Javalambre para vivir la experiencia.
El eclipse desde el mar
Cinco cruceros, con once mil pasajeros a bordo, esperaron en las costas de A Coruña, en Galicia, para ver cómo la sombra de la luna devoraba al sol.
Un grupo de amigos observa el eclipse solar total en Roa, una de las mejores zonas para ver el ocultamiento de sol. Foto: Cézaro De Luca
A Coruña fue el primer punto del territorio peninsular donde el eclipse solar total se volvió visible. Comenzó a las 19.31 y su punto máximo se produjo a las 20.28.
En Asturias, las nubes boicotearon el eclipse que arrancó con los primeros mordiscos de la luna al sol a las 17.34 en el mar de Bering y terminó a las 21.58 en el océano Atlántico.
Vista del eclipse de sol al atardecer en la región de Castilla y León. Foto: Cézaro De Luca
En España, la fase de oscuridad total duró entre 30 segundos y un minuto y 50 segundos, según la región.
Las luces de Madrid
Más de un millón de personas se movilizaron desde las zonas donde se sabía que el eclipse se vería parcialmente -como en Madrid- hasta las regiones en las que el fenómeno se pudo apreciar en su totalidad.
En la capital española, donde el fenómeno engañó a las farolas que iluminan las calles y las hizo encenderse antes de tiempo, se vendieron los anteojos protectores para mirar eclipses hasta última hora.
Julia, de 92 años, vecina de Roa, observa el eclipse en la colina de su pueblo. Foto: Cézaro De Luca
Sobre la calle Manuel Becerra, el negocio de fotografía y óptica Roma vendía gafas hasta las ocho de la noche. “Lo veremos en casa, online o por la tele”, decía el encargado de la óptica.
Calendario
El eclipse solar total pasó y mientras los chats se pueblan de fotos, arde el calendario de fenómenos astrológicos. Porque al eclipse solar total que acaba de vivir España le seguirá otro, el 2 de agosto de 2027.
La comunidad científica lo considera el más largo del siglo XXI visible desde Europa. Incluirá hasta cinco minutos de oscuridad total en Ceuta, la ciudad española en territorio africano que hace unos días fue desbordada por miles de inmigrantes provenientes de Marruecos que desembarcaron a nado.
Vista del eclipse solar total de este 12 de agosto en la región Castilla y León. Foto: Cézaro De Luca
La tercera cita será el 26 de enero de 2028: se estima que un eclipse dibujará un anillo de fuego sobre España de suroeste a noreste.
La franja a oscuras cruzará el país de oeste a este a través de Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares.
En Roa, cuando el sol se oscureció y quedó como rodeado por una circunferencia de lámparas led doradas, hubo aplausos y silbidos. “Nos vemos en agosto del año que viene, para el próximo eclipse”, bromeaban los vecinos mientras bajaban de la colina y la Cruz de Pelayo recuperaba su soledad.
PB
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