La primera vez que alguien le dijo que era "demasiado sensible" tenía unos 12 años. Durante una cena familiar comentó que una amiga de sus padres parecía preocupada, aunque no hubiera dejado de sonreír en toda la noche. Su madre le respondió que estaba interpretando cosas que no existían. Dos semanas después, esa mujer llamó para contar que estaba atravesando un divorcio.

Aquella escena se convirtió en un patrón que la acompañó durante los siguientes 25 años. Detectaba un cambio en el tono de voz de alguien, una mirada esquiva o una amabilidad que parecía poco auténtica. Lo mencionaba y la respuesta era casi siempre la misma: estaba exagerando o leyendo demasiado entre líneas.

En una reflexión publicada por Get The Empire File, la autora cuenta que terminó dudando de sí misma porque todos insistían en que aquello que percibía no era real. Hasta que decidió dejar de negar lo que veía.

La mujer cuenta que terminó dudando de sí misma porque todos insistían en que aquello que percibía no era real. Foto: Freepik

Así resume ese proceso: "Tengo 37 años y me he pasado toda la vida adulta escuchando que soy 'demasiado sensible' o que 'interpreto demasiado las cosas', pero la verdad es que me doy cuenta cuando el tono de la gente cambia, cuando evitan el contacto visual, cuando su amabilidad parece fingida, y estoy agotada de fingir que no veo lo que veo".

"Estoy cansada de fingir que no noto lo que noto. Una y otra vez terminé comprobando que aquello que había percibido era real, pero antes tuve que pasar días creyendo que el problema era yo", escribe.

La ciencia encontró un nombre para ese rasgo

Buscando entender por qué experimentaba esa sensación, la autora encontró las investigaciones de los psicólogos Elaine Aron y Arthur Aron, de la Universidad de Stony Brook, quienes describieron un rasgo conocido como sensibilidad de procesamiento sensorial.

Según sus estudios, cerca del 20% de la población procesa la información emocional y ambiental con mayor profundidad que el resto. No se trata de un trastorno psicológico ni equivale a ansiedad o introversión, aunque pueda coexistir con ambas características.

Los investigadores describen cuatro rasgos principales: un procesamiento cognitivo más profundo, una mayor reactividad emocional, una capacidad superior para detectar detalles sutiles del entorno y una mayor facilidad para sentirse sobreestimulados.

Según investigaciones, cerca del 20% de la población procesa la información emocional y ambiental con mayor profundidad que el resto. Foto: Freepik

La autora asegura que esa explicación cambió por completo la forma en que interpretaba su propia experiencia.

"Cuando una persona altamente sensible dice que notó un cambio en la energía de alguien, no necesariamente está imaginando cosas. Su cerebro está procesando esa información con mucha más profundidad", explica.

También comprendió que el verdadero problema nunca fue esa capacidad de observación.

El agotamiento de ver algo que los demás niegan

"Lo más difícil no es darme cuenta de esas cosas. Lo agotador es sentir la presión constante de actuar como si no las hubiera visto", afirma.

Cuenta que muchas veces percibía que la cordialidad de un compañero era forzada, que una amistad comenzaba a tomar distancia o que un "estoy bien" ocultaba exactamente lo contrario. Sin embargo, optaba por callarse porque señalar esas contradicciones incomodaba a los demás.

Con el tiempo descubrió que esa invalidación permanente tenía consecuencias.

"Pasé años en conversaciones donde podía sentir la diferencia entre lo que alguien decía y lo que realmente quería decir. En lugar de confiar en mi percepción, aprendí a cuestionarla", recuerda.

El ensayo también menciona el concepto de gaslighting, una forma de invalidación psicológica que puede aparecer incluso sin intención consciente. Frases como "estás exagerando" o "sos demasiado sensible" trasladan el foco desde aquello que una persona observó hacia un supuesto defecto de quien lo señala.

Frases como "estás exagerando" o "sos demasiado sensible" trasladan el foco desde aquello que una persona observó hacia un supuesto defecto de quien lo señala.

"Cuando durante años te dicen que lo que ves no existe, dejás de confiar en el instrumento con el que entendés el mundo, aunque ese instrumento funcione perfectamente", reflexiona. Eso no significa, aclara, que ahora confronte a todo el mundo cada vez que detecta una contradicción.

"Puedo notar que alguien no está siendo sincero y decidir no decir nada. Lo importante es dejar de convencerme de que estoy equivocada solo porque a otros les resulta más cómodo que no vea lo que veo", sostiene. Después de décadas escuchando que era "demasiado", llegó a una conclusión diferente.

"Si pasaste toda tu vida escuchando que sos demasiado intensa, demasiado perceptiva o demasiado sensible, quizá no sea porque estés equivocada. Tal vez simplemente ves cosas que otras personas preferirían no reconocer. Y ya no pienso seguir pidiendo disculpas por eso", concluye.