Las rupturas de pareja, por más dolorosas que puedan resultar, son una usina de aprendizaje para el futuro. Por supuesto, hay muchas formas de "cortar" una relación y estas tienen un poder de impacto mayor según la etapa de la vida en la que se esté, sumando las experiencias previas de la persona. Por lo general, el grueso de las personas ha sufrido una ruptura que dejó cicatrices.

La historia de Olivia, una mujer de 39 años, puede ser la de cualquiera de esa edad, quien aseguró que tuvo una ruptura muy dolorosa con su ex, pero que la hizo madurar de maneras que nunca imaginó. La mujer mandó su historia al sitio digital Bolde, en la que resume en doce lecciones que le quedaron de esa experiencia.

La construcción del amor es en el día a día de la pareja: qué le pasó a una mujer de 39 años cuya ruptura de matrimonio le enseñó algo para siempre. (Foto: Shutterstock).

Entre las primeras conclusiones que sacó fue que, lo que más le dolió en un principio era romper con su idea que durarían "para siempre" y "soltar" esa historia junto con esa persona. En la ruptura hubo palabras hirientes, confianza rota y un final amargo. Por eso también fue difícil.

"Estaba consumida por la ira y el resentimiento", se definió. Pero dijo que la experiencia la obligó a crecer de maneras que jamás imaginó, aceptando sus emociones en lugar de huir de ellas. "Asumir la responsabilidad de mi parte en las cosas y, lo más importante, aprender a estar completa sin otra persona", definió.

Qué aprendió una mujer de 39 años que tuvo su peor ruptura: "Se convirtió en lo mejor que me pasó"

Otra de las doce lecciones que dijo haber aprendido fue el "lenguaje del amor". Aseguró que se trata de reconocer cómo prefiere cada persona dar y recibir amor, ya sea a través de palabras o de actos. Que debía primar el tiempo de calidad, contacto físico, regalos, etc. Desconocer estos "lenguajes del amor" le provocaron con su ex muchos malentendidos y necesidades insatisfechas.

Definió además que aprendió su "estilo de apego", o reflexionó sobre la dinámica de la relación que tuvo, que le dejó claro que la ansiedad generaba conflictos y malentendidos. Le fue útil comprender que los estilos de apego se forman a partir de experiencias pasadas, y que esto puede mejorar los resultados en las relaciones.

Pelear y competir en la pareja es contraproducente, pero tampoco hay que forzar lo que no va. (Foto: Shutterstock).

Una de las lecciones más fuertes que esa ruptura le causó, que tardó en reconocer, fue el "miedo al abandono". Contó que se dio cuenta de que esto influía mucho en cómo se manejaba en los conflictos con su pareja, y esta constante preocupación por el fin de la relación provocaba comportamientos que, sin quererlo, la acercaban más a ese desenlace.

Esto último no era solo un problema de pareja, sino algo más profundo, arraigado en experiencias pasadas. Poder comprender esto la ayudó a cambiar su enfoque, comprendiendo que no solamente se puede culpar a la otra persona, sino que hay que comprender los propios desencadenantes.

Por último, el texto también rescata otra lección que nombra y que se dijo con anterioridad: el dolor es crecimiento. Sin dudas, las emociones negativas pueden ser catalizadoras de la transformación personal. Además, la autora indicó que con esa ruptura aprendió que "no se pueden forzar las cosas que no están bien".