A esta altura del ya viejo fenómeno del streaming se vuelve difícil encontrar algo diferente, al menos en el territorio de las series. Por supuesto que hay algunas excepcionales, audaces o arriesgadas que se transforman en únicas y bien despegadas del pelotón. Y hasta difíciles de ser encasilladas en un género. Éste no es el caso y, sin embargo, El mapa de los anhelos suelta un tono lúdico sobre el abordaje del duelo que no parece un calco de otras. Le quedaría grande la etiqueta de imperdible, pero sí vale la pena ser vista.

Basada en la novela homónima de Alice Kellen -dueña de una pluma que sabe retratar el universo juvenil-, la serie española que el mes pasado estrenó Netflix consta de seis episodios que tratan el duelo, la culpa, el amor, la desconfianza, la esperanza y el dolor en todas sus formas.

No es de las excepcionales, pero la trama le busca una vuelta narrativa al triste escenario de un puñado de personajes que deben reinventarse para seguir tras la muerte de un ser querido.

En este caso se trata de la partida de Lucy (Georgina Amorós, a quien más se la ve a partir de los flashbacks y de los diálogos imaginarios de la protagonista), quien, entre otros legados, le deja a su hermana un juego de pistas para que pueda reconstruirse y seguir y, si es posible, recuperando la sonrisa.

Will, Greta y Lucy: nunca estuvieron juntos los tres, pero entre anhelos y ensoñaciones todo es posible en la ficción.

La hermana de Lucy es Greta, quien protagoniza esta historia que respeta bastante las líneas del libro de Kellen, y que está a cargo de la actriz Alicia Falcó, en un gran trabajo de composición. Su infancia estuvo dedicada en ayudar a su hermana, diagnosticada de leucemia desde pequeña.

Lucy enfrentó la enfermedad con dignidad, con compromiso en el tratamiento y con el apoyo incondicional de una familia, ingredientes que le permitieron vivir más de lo que los médicos imaginaban.

Cuando la serie deja en claro que ella ya no sigue en este plano aparece Will (Pablo Alvarez), quien rastrea a Greta hasta encontrarle para entregarle una caja con pistas que había dejado su hermana para ella. Greta no sabe quién es él -el espectador también tarda en descubrir su rol, aunque se vuelve previsible cómo terminará el vínculo entre ellos- ni por qué Lucy le planteó ese desafío.

Will y Greta, juntos, cumpliendo uno de los pedidos de Lucy.

Pero el mapa va haciendo escalas en cada uno de los episodios -el sexto y último se titula, curiosamente, Vuelve a la casilla de salida- para entender no sólo lo que Greta debe cumplir, sino cómo cada uno vive el duelo a su manera, sabiendo que quien se fue dejó una huella clave para su camino.

Y Greta empieza a caminar, con más o menos desconfianza, con Will como aliado suyo y enviado de Lucy, sin que su familia sepa exactamente que el alma de quien ya no está sigue de cerca el recorrido de los anhelos de su hermana menor.

Lo mejor de la serie se concentra en el modo de atravesar temas delicados, con toques de humor y algo de absurdo, sin por eso quitarle peso ni tapar el dolor. Pero lo que no le permitiría escalar al muy bueno es la falta de sorpresa en las idas y vueltas entre Will y Greta, los ángeles de Lucy en la tierra.

Ficha

Calificación: Buena

Drama Protagonistas: Alicia Falcó, Pablo Alvarez y Georgina Amorós Idea: basada en la novela homónima de Alice Kellen Emisión: seis episodios en Netflix.