Salvo unas pocas noches de su vida, el sueño de mi primera hija ha sido grabado y analizado por el Sistema de Monitoreo Inteligente para Bebés Nanit. Una elegante cámara de video blanca, fijada a la pared, apunta directamente hacia abajo, hacia el cuerpito de ella. Las imágenes en alta definición se transmiten a un servidor distante donde algoritmos de aprendizaje automático registran sus movimientos y los momentos exactos en los que ella abre y cierra los ojos. Los datos se sintetizan en gráficos e información que mi marido y yo consultamos en la app de Nanit: un puntaje diario sobre la "eficiencia del sueño" (de cero a 100), los minutos que tarda en conciliar el sueño y el número de veces en que nos requirió a lo largo de la noche.

En un principio compramos el monitor simplemente por la posibilidad que nos daba de vigilar a nuestra hija desde cualquier lugar usando nuestros teléfonos. Pero pronto nos maravilló todo lo demás que podía hacer, aun cuando yo misma reconocía lo innecesario que resultaba tener tal cantidad de datos sobre nuestra beba, que, de hecho, dormía decentemente bien. "¡Cuánta información!", le escribí a una amiga en un mensaje. "Sinceramente es demasiada pero me encanta".

Nanit se mueve en la delgada línea entre lo escalofriante y lo encantador. Es como el Ojo sin Párpado de El señor de los Anillos, pero también sabe cuándo entramos en la habitación de nuestra nena a la mañana y la carita se le ilumina de alegría, y Nanit nos envía montajes hábilmente editados con esos momentos.

Cuando quedé embarazada de mi segunda hija en 2025, mi esposo y yo ni hablamos siquiera de comprar otra cámara Nanit. Ya la teníamos lista para el día en que llegó a casa de la maternidad.

Como herramienta que combina lo más tierno que existe —una criatura recién nacida—, con la recopilación incesante de datos por parte de una empresa tecnológica con fines de lucro, la Nanit siempre ha resultado un poco inquietante. Una empresa consultora de imagen de marca que colaboró en la creación de la "identidad visual" del producto señala en un estudio de caso publicado en su sitio web: "El desafío central de este proyecto consistió en cómo presentar esta tecnología innovadora en el mercado de la crianza, trascendiendo al mismo tiempo las connotaciones negativas asociadas a la ‘vigilancia’".

Los padres millennials y de la Generación Z parecen haber sido convencidos. Nanit afirma contar con un millón de usuarios diarios e ingresos superiores a los 100 millones de dólares anuales. La versión más cara de su equipo cuesta 474 dólares en Estados Unidos, a lo que se suman unos 100 dólares por año en concepto de suscripción. Y el mercado de la tecnología para bebés no deja de aumentar.

Los productos de monitoreo de Nanit incluyen una pantalla, cámaras y una banda que permite seguir la respiración del bebé. Foto Margeaux Walter/The New York Times

Owlet, el mayor competidor de Nanit, ofrece un monitor de oximetría de pulso (para medir el nivel de oxígeno en sangre y la frecuencia cardíaca) de 300 dólares, que se coloca en el pie de la criatura mediante una media. Huckleberry, una aplicación gratuita para registrar las sesiones de amamantamiento o alimentación y los cambios de pañal, comercializa el upgrade de su app a una suscripción premium de 120 dólares con "predicción optimizada de siestas" y acceso a un chatbot de inteligencia artificial que, después de cargarle los hábitos de tu beba o tu bebé, puede proporcionar orientación personalizada y palabras de estímulo. Con un precio de 359 dólares, el Smart Baby Monitor 3 de la marca CuboAi presume de sus "arrorrós programados mediante IA" y por mandar alertas cuando el rostro de la criatura aparece cubierto.

A medida que proliferan los productos y sus promesas, me inquieta un poco lo fácil que resulta hoy delegar en la tecnología decisiones cotidianas de la crianza de los chiquitines. Los inconvenientes de esta tendencia son evidentes: costos elevados y a menudo ocultos, erosión de la autonomía y la confianza de los padres y entrega de datos confidenciales a grandes empresas.

Sin embargo, es posible que ya no haya forma de frenar el auge de la tecnología para bebés como categoría. Los padres de mi generación y los más jóvenes están cada vez más dispuestos a adoptar sistemas de seguimiento y análisis de datos para sus hijos, algo que forma parte de una obsesión cultural más amplia por la optimización y los datos relacionados con la salud. Casi la mitad de los estadounidenses posee un dispositivo wearable, y las compañías que producen anillos y pulseras inteligentes alcanzan valoraciones propias superiores a los 10.000 millones de dólares.

Nanit y sus rivales aspiran a dominar el seguimiento de la salud las 24 horas del día para los más pequeños. Y sus ya asombrosos niveles de recopilación de datos sobre bebés no son más que el principio. Hace poco Nanit recaudó 50 millones de dólares de diferentes inversores para ampliar su uso de la inteligencia artificial y utilizar su cámara para monitorear el desarrollo del habla y el lenguaje, las capacidades motoras y otros aspectos, al tiempo que extiende su presencia en las habitaciones infantiles hasta la etapa inicial de la adolescencia.

Mi hija mayor ya tiene cuatro años y es consciente de la existencia de "la Nanit", a la que menciona por su nombre. Yo llegué a la conclusión de que quería saber más acerca de la empresa cuyos productos observan a mis nenas durante toda la noche: y que tiene proyectos de empezar a rastrearlos mucho más.

La tecnología de Nanit, en la cuna de un bebé. Foto AP

Cuando visité días atrás las oficinas de Nanit en el centro de Manhattan me recibió la vista de un muñeco bebé muy natural, acostado en una cuna de 600 dólares bajo una de las cámaras de la empresa. El muñeco tenía puesto un enterito y una banda para monitoreo de respiración Nanit de 20 dólares impresa con un estampado de cuadrados y rombos. A través del análisis del movimiento de los píxeles, el software de la compañía puede cuantificar cada ascenso y descenso del pecho de las criaturas y enviar alertas a los teléfonos de los padres si detecta algún peligro.

Nanit fue fundada en 2014 por Assaf Glazer, un israelí que acababa de doctorarse en aprendizaje automático y visión por computadora en el Instituto Tecnológico de Israel Technion. El doctor Glazer y su esposa habían tenido a su primer hijo y él padecía falta de sueño. Junto con un amigo, Tor Ivry, que esperaba a su tercer hijo, Glazer comenzó a idear un dispositivo capaz de identificar y analizar el sueño, superando las prestaciones de los rudimentarios monitores para bebés que había en el mercado por aquel entonces.

Según el doctor Glazer, el nombre "Nanit" surgió a partir de palabras como “nanny" (niñera, niñero) y "nano" (del latín, enano, y también millonésima parte), y aspiraba a evocar "tecnología de vanguardia para padres". (Actualmente Assaf Glazer es director ejecutivo de Vinst, una empresa emergente de tecnología alimentaria de Israel).

Desde 2024 Nanit es dirigida por Anushka Salinas, de 44 años y expresidenta de la plataforma de comercio electrónico Rent the Runway. Salinas supervisa una dotación de alrededor de 150 personas, madres y padres en su mayoría, que trabajan bajo la consigna "Transformá tus dudas en ‘tengo esto bajo control’". Cuando nos reunimos en su despacho de Nanit, Salinas llevaba un anillo inteligente Oura y probaba también en su muñeca una rastreadora de actividad Whoop band. Habló con sinceridad de que Nanit es, “efectivamente, la respuesta para niños" en cuanto a ese tipo de dispositivos.

"Lo que viene ocurriendo con el seguimiento de la actividad en las personas adultas está empezando a trasladarse a los chicos de una manera mucho más significativa", comentó Salinas, madre de dos criaturas. "Por lo general, los menores no empiezan a usar relojes Apple ni dispositivos de ese tipo hasta que tienen unos 10 años o a veces un poco menos. Así que estimamos que la franja de cero a 10 años es el espacio en el que se mueve Nanit."

El seguimiento y la optimización del sueño seguirán siendo la base del negocio de Nanit, sostuvo Anushka Salinas. Pero la app ya ofrece algunas funciones relacionadas con la salud, como la detección y la grabación automática de la tos, información que puede compartirse con los pediatras. La empresa ve un potencial de crecimiento en dotar a su aplicación de la capacidad de evaluar el desarrollo del habla y la motricidad, aspectos que la cámara de Nanit podría monitorear de una manera ambiental, más abarcadora. En teoría, observó Salinas, la aplicación podría detectar un retraso y dar consejos a los padres para favorecer la mejoría, como leer más cuentos antes de dormir.

Es posible que, al crecer, en algún momento los chicos llegasen a ver con malos ojos esta intrusión, a partir de que los datos de sus años de formación permanecen almacenados indefinidamente en los servidores de una corporación. (Nanit alega que sus datos están seguros y que nunca se venden ni utilizan con fines de marketing.) Pero Salinas argumenta que en un futuro los chicos podrían querer acceder a los análisis de salud de sus primeros años de vida por diversos motivos. "Tal vez un chiquito quiera ser atleta profesional más adelante y quiera consultar cómo evolucionó su sueño y qué implica eso para su potencial", sugirió.

Anushka Salinas, directora ejecutiva de Nanit. Foto Hiroko Masuike/The New York Times

También dio a entender que cuando nuestros propios hijos monitoreados por Nanit tengan hijos a su vez, valorarán la posibilidad de ver cómo eran sus propias rutinas a la hora de dormir. Nanit no conserva las grabaciones de video indefinidamente, pero el comentario de Anushka Salinas me hizo pensar si esa función sería inevitable. Me estremecí al imaginar un registro permanente de todas las veces en que, con mal humor, me negué a leer un cuarto libro ante las sonoras protestas de mis nenas.

El equipo de Nanit reconoce abiertamente que no tiene total certeza sobre todos los usos potenciales de sus dispositivos. "No voy a fingir que sabemos qué puertas abrirá toda esta información en el futuro", declaró Salinas. Como prueba de que las posibilidades podrían ser significativas se refirió a los recientes avances logrados con dispositivos wearables para adultos, como la detección de la fibrilación auricular y signos tempranos de la enfermedad de Parkinson.

El cuadro ejecutivo de la empresa parece estar absolutamente convencido de los beneficios de su tecnología. El mencionado Tor Ivry, director de tecnología, expuso más ideas. ¿Qué pasaría si a una criatura de cuatro años le diagnosticaran una afección médica y los patrones únicos detectados por la Nanit ayudaran a explicarla? "Tal vez rengas un niño muy introvertido y quieras entender si algunos de los patrones de movimiento de cuando era bebé en cierto modo lo anticipaba", especuló. "No tiene por qué ser algo malo".

Para los entusiastas de Nanit resulta casi una zoncera oponerse a la idea de monitorear con precisión a un bebé. Victoria Vaynberg, directora de marketing de la empresa, destacó hasta qué punto las conductas propias de la vigilancia se han infiltrado en todos los aspectos de nuestra vida. "Nos importa saber dónde está el pedido de delivery que hicimos con nuestra comida y querríamos poder rastrearlo hasta la cuadra exacta en que se encuentra hasta que llega", detalló. "¿E incluso así hay reticencia a saber exactamente cuánto tiempo durmió tu bebé?".

La industria de los monitores para bebés es relativamente pequeña, con ventas de apenas 316 millones de dólares el año pasado según la empresa de investigación de mercado Circana. Transformar los monitores pasivos en dispositivos activos de seguimiento de la salud es una vía para acceder a un caudal de dinero mucho más abundante. Diversas estimaciones sitúan el tamaño del sector de los dispositivos wearables cerca de los 100.000 millones de dólares y a medida que más consumidores los utilizan para monitorizar su actividad y recibir recomendaciones basadas en algoritmos, aplicar al sector infantil la premisa de más datos = mejor vida puede parecer el siguiente paso obvio.

Al decir de las propias empresas, los beneficios de adoptar la tecnología para bebés cambian la vida. Nanit ha manifestado que sus usuarios logran 36 noches de sueño adicionales al año, ya que papás y mamás sienten más seguridad al trasladar a sus criaturas a sus propias habitaciones a una edad más temprana y que el sistema de monitoreo que producen puede prevenir que la cabeza del bebé se aplaste (pagliocefalia posicional). La compañía ha financiado estudios sobre los hábitos sexuales de padres primerizos y plantea que adquirir un dispositivo Nanit puede derivar en una mayor actividad sexual. Por su parte, Owlet y Huckleberry aseguran que más del 90 % de sus clientes duerme mejor.

Kurt Workman, director ejecutivo de Owlet, compañía que cofundó en 2012 en el estado de Utah, me comentó que ha notado que los padres hacen "muchas menos preguntas sobre la utilización de los datos, sobre qué podría significar eso o si son seguros". La empresa, que cotiza en bolsa, registró ingresos de 106 millones de dólares el año pasado y contabiliza que más de 2,5 millones de personas han utilizado sus productos. "Tenemos padres que dicen ‘Sé que puedo poner a dormir a mi bebé cuando el ritmo cardíaco le baja más allá de un nivel determinado y que va a seguir durmiendo’", ejemplificó Workman. "Ya estamos empezando a pescarle la vuelta a eso".

En 2021, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) le envió una carta de advertencia a Kurt Workman después de verificar que Owlet había infringido una ley federal con una estrategia de marketing que se orientaba al ámbito de los dispositivos médicos: avisos publicitarios del producto Smart Sock de Owlet habían prometido que ese dispositivo alertaría a los padres sobre cambios peligrosos en el pulso y los niveles de oxígeno en sangre de sus hijos. Ahora, Owlet comercializa un Dream Sock autorizado por la FDA, promocionándolo como sistema de "monitoreo de calidad médica" que "te da una visión en tiempo real del bienestar de tu bebé, para que puedas saber en lugar de suponer".

Algunos pediatras han criticado a Owlet por llevar a cabo un marketing que recurre al miedo —en el sitio web de la empresa figuran testimonios de familias que dicen que sus bebés podrían haber sufrido "insuficiencia cardíaca" si no hubiesen tenido puesto su dispositivo—, y por provocar una ansiedad innecesaria. Cuando el Dream Sock funciona mal, los padres creen que su bebé ha dejado de respirar. Workman apunta que los relatos de cómo Owlet ha detectado afecciones potencialmente mortales constituyen pruebas "increíbles". "Representan el impacto tangible y real de tener acceso a tecnología sanitaria", replicó. "No se trata de asustar a la gente, sino de demostrar que eso es real".

Owlet, el mayor rival de Nanit, ofrece un monitor de oxígeno en sangre y pulsaciones que va en el pie del bebé. Foto Margeaux Walter/The New York Times.

Otra forma de ver la industria de la tecnología para bebés es considerarla un disparate total: las criaturas recién nacidas sobrevivían perfectamente antes de que existieran las cámaras con visión nocturna infrarroja, los sensores de humedad y el cifrado de 256 bits.

Mi madre, que nos crio a tres hijos, nunca ha ocultado que piensa que mi generación está loca. No hace mucho se reunió con algunas de las tías de ascendencia aborigen cuyos hijos crecieron conmigo. Entre risas se contaron entre ellas anécdotas sobre los protocolos que les pedían que siguieran cuando se encargaban del momento de dormir de sus nietos: las Nanit y los Owlet, las máquinas de ruido blanco para bebés y los controles de temperatura, las secuencias de pasos precisas que hacían que el apagado de un reactor nuclear pareciera un trámite sencillo. A estas tías les resultaba curioso y desconcertante ver lo diferentes que eran aquellas rutinas de sus propias experiencias en la primera etapa de la maternidad, a la que recordaban como algo mucho más relajado.

Cuando instalé la aplicación Nanit en el teléfono de mi madre para que cuidara a las nenas una tarde, las notificaciones del aparato la desconcertaban y no entendía por qué podía yo querer tener acceso a esos datos analíticos. Claramente, además, le desagrada que yo use la aplicación para comprobar, de forma algo compulsiva, si mis hijas realmente están durmiendo. En su opinión, todo eso solo genera ansiedad. Le resulta inquietante la idea de que los datos de mis chiquitas se almacenaran en un servidor y que, tal vez, pudieran extraerse algún día. "Es demasiado", dijo.

Encima, pese a todas las declaraciones y ambiciones de Nanit, los padres suelen volcarse a las redes sociales para quejarse de que los datos más básicos pueden ser erróneos. La cámara indica visitas o llantos que en realidad no han ocurrido.

Rebekah Diamond, pediatra y profesora adjunta de la Universidad de Columbia, teme que los padres que dependen de estos dispositivos estén adormeciendo sus instintos naturales y permitiendo que la tecnología interfiera en una de las experiencias humanas más universales y significativas. "Yo me muestro muy cautelosa y recelosa ante el panorama general del seguimiento de la actividad y la salud de los niños, dada la forma hiperdetallada e hiperobsesiva en que parece estar desarrollándose", me dijo. "Los padres están perdiendo un poco la capacidad de confiar en sí mismos y de tomar decisiones".

En otras palabras, los dispositivos de seguimiento para bebés pueden resultar infantilizantes. "¿Qué harías si no tuvieras esta aplicación que te dice que tu bebé necesita una siesta?", preguntó la doctora Diamond. "Observarías a tu bebé y verías que parece cansado".

El origen de los monitores para bebés radica en el miedo. En 1932, los padres y las madres estadounidenses se horrorizaron al enterarse de que el hijito del aviador Charles A. Lindbergh había sido secuestrado estando en su habitación, situada en el segundo piso de la casa, y luego asesinado, mientras cinco adultos se encontraban en el domicilio. Pocos años después, Zenith Radio Corporation lanzó al mercado el primer monitor comercial para bebés. El dispositivo, llamado "Radio Nurse" (enfermera o enfermero de radio), fue concebido para "estar alerta" con los bebés, así como con los enfermos y las personas mayores. Un manual de instrucciones decía: "Si el bebé llora, si el inválido desea un vaso de agua, si se produce un incendio, si aparece un intruso... ¡usted se entera al instante!".

Nanit, Owlet y sus competidores siguen manejándose en este ámbito. El comediante John Mulaney bromeó hace poco sobre la configuración para dormir montada en torno a su hijo pequeño, comentando que su habitación parecía una "instalación secreta de la CIA", con una carpa de campaña opaca cubriendo la cuna. "No sé por qué tenemos imágenes de circuito cerrado de televisión de la cuna de mi hijo las 24 horas: él no va a ninguna parte, duerme dentro de una bolsa", declamó. "Tenemos tres máquinas de ruido blanco funcionando a todo volumen. Y, como lo leímos una vez en Instagram, mantenemos su cuarto a 20 grados de temperatura. Un poquito más de calor y tu bebé muere automáticamente".

Alguien que permanece ajena a toda esta ansiedad parental es mi hija mayor. Para ella, la Nanit es simplemente un elemento más de su habitación. Entiende que puede hablar con mi marido y conmigo a través de ese dispositivo, cuyas cuatro luces rojas parpadean para activar la visión nocturna, y que nosotros podemos verla a ella por la noche mediante nuestros teléfonos. Me imagino que llegaría a tener sentimientos más definidos hacia la cámara si ésta empezara a desempeñar un rol más amplio en su vida durante los años por venir.

En su intento de extender su presencia en las habitaciones infantiles más allá de la etapa de los primeros años, Nanit cree que una solución para eso son unas nuevas fundas llamadas "Cammies", que hacen que el monitor parezca un conejito, un oso o un elefante. Anushka Salinas opinó que hacer que la cámara se asemeje a un amiguito o a un juguete puede "generar mucho más cariño" hacia ella. Pero agregó: "Cada familia tendrá que decidir por sí sola si a sus hijos les parece bien tener la cámara en la habitación a medida que llegan a la edad en la que empiezan a tomar sus propias decisiones".

En su opinión, este es el comienzo de un nuevo futuro, una biblioteca de datos de salud que comprende desde la cuna hasta la sepultura. "La curva de aceptación se aceleró considerablemente en los últimos años -subrayó Salinas-, y espero que eso continúe, de manera que prácticamente todos los padres cuenten con algún producto como Nanit que les ayude a obtener información mucho más valiosa de sus hijos y sobre cómo se están desarrollando".

Incluso antes de conocer a Salinas ya me preguntaba yo cuándo retirar la Nanit de su soporte sobre la cama de la mayor de mis nenas. Es posible que ella supere la necesidad de tenerla antes de que mi esposo y yo lleguemos a una conclusión definitiva sobre el dilema entre privacidad y comodidad. Últimamente ella ya no duerme la siesta y a la mañana es igual de probable que nos salude en nuestra propia cama como que ocurra a la inversa. Su cara sigue mostrando alegría y yo me aseguro de verle esa alegría directamente en el rostro, en lugar de a través de una pantalla.

La autora es periodista especializada en tecnología y medios.

Fuente: The New York Times.

Traducción: Román García Azcárate.