El Palacio Barolo cumplió 103 años. En ese marco y en el Mes de la Arquitectura, la Fundación Los Amigos del Palacio Barolo (que lideran Miqueas y Tomás Thärigen) organizó un recorrido exclusivo para la matrícula del CPAU.

La visita fue guiada por la empresa Los Sombreros y el Arq. Fernando Carral. Durante el recorrido, que culminó en la cúpula donde se aloja el faro, Carral compartió detalles sobre las complejidades de mantener un monumento histórico.

- ¿Qué implica restaurar y mantener hoy un edificio con la complejidad expresiva y constructiva del Barolo?

- Es un trabajo constante y casi de orfebrería, porque el Barolo combina desde grandes estructuras de hormigón y mampostería hasta detalles mínimos en fundición de bronce, ladrillos de vidrio y ornamentación floral Art Nouveau.

Además, al no contar con un archivo completo de planos originales, porque Palanti era sumamente celoso de su producción, muchas veces cada intervención requiere explorar el edificio como si fuéramos arqueólogos. La instalación eléctrica, brillantemente realizada hace más de un siglo, tampoco cuenta con los planos originales y tenemos que hacerlos ahora.

Parte del grupo que recorrió el Barolo.

- En este recorrido pudimos conocer secretos sobre cómo el propio edificio “guarda” su memoria en los cielorrasos…

- Totalmente. En las intervenciones que hicimos, encontramos desde una cápsula del tiempo oculta dentro de una losa con cartas y monedas de 1920 hasta marquillas antiguas de cigarrillos o telegramas que atestiguan cómo era la vida del edificio. Restaurar también es dialogar con esas capas del tiempo que quedaron atrapadas entre las falsas bóvedas y los espacios técnicos.

La visita se realizó en el marco de las actividades del Mes de la Arquitectura del CPAU.

- La gran estrella del recorrido es, sin duda, el faro. ¿Con qué desafíos técnicos se encuentran?

- Trabajar en la cúpula es complejo por la escala y el espacio. Para intervenir la lámpara o el sistema del faro, las reparaciones tienen que hacerse in situ, porque no hay margen para desmontar y bajar piezas de esa envergadura.

El faro original funcionaba con un sistema de arco voltaico de 300.000 bujías, una potencia luminosa altísima para la época. Hoy trabajamos con tecnología moderna, la lámpara halógena tiene 186.000 lúmenes, adaptando el rendimiento energético pero buscando devolverle a la ciudad la fuerza visual de ese haz de luz.

- Existe la leyenda urbana de que el faro del Barolo y el del Palacio Salvo en Montevideo estaban pensados para comunicarse entre sí sobre el Río de la Plata.

Las fantasías alrededor de este edificio son infinitas (risas). La curvatura de la Tierra y la distancia geográfica impiden que los faros se vean en forma directa a nivel del mar. Sin embargo, los haces proyectados contra las nubes o en noches de extrema claridad siempre alimentaron esa idea de un puente de luz rioplatense.

El faro del Salvo falta hace 15 años. Ver este faro encendido y operativo sigue siendo una emoción enorme para todos los que amamos la arquitectura.