Yasunari Kawabata fue uno de los escritores que mejor exploró la nostalgia y la fragilidad de la condición humana. Primer japonés en recibir el Premio Nobel de Literatura, en 1968, dejó una obra donde el tiempo nunca transcurre de la misma manera para todos y donde los recuerdos pueden permanecer intactos incluso cuando la vida sigue avanzando.

Entre las frases que mejor sintetizan su pensamiento aparece una idea que atraviesa buena parte de su literatura: "El tiempo pasa, pero los recuerdos permanecen". Aunque existen distintas versiones de la cita, el concepto se desarrolla especialmente en Lo bello y lo triste, donde el autor compara el tiempo con un río cuyas corrientes avanzan a velocidades diferentes según las emociones de cada persona.

La reflexión no habla únicamente del paso de los años. También plantea que el deseo, los afectos y las heridas del pasado pueden permanecer inmóviles durante décadas, convirtiéndose en una presencia constante en la vida de quienes no logran desprenderse de ellos. Esa mirada convirtió a Kawabata en una de las voces más influyentes de la literatura japonesa del siglo XX.

El tiempo no transcurre igual para todos

En Lo bello y lo triste, publicada en 1965, Kawabata desarrolla una metáfora que se volvió una de las más recordadas de su producción. Allí explica que el tiempo es como un río, con una corriente principal que avanza sin detenerse, pero también con remansos donde ciertas experiencias parecen quedarse para siempre.

El escritor japonés, Yasunari Kawabata. Foto: Archivo

Mientras el calendario sigue su marcha, los personajes continúan aferrados a antiguos amores, pérdidas y culpas. El escritor sugiere que cada persona vive el tiempo de manera diferente: para algunos, los recuerdos permanecen vivos mucho después de que los hechos hayan terminado.

Esa diferencia entre el tiempo cronológico y el tiempo emocional constituye uno de los pilares de su obra y explica por qué sus novelas siguen despertando interés varias décadas después de haber sido publicadas.

La memoria y el deseo como forma de resistir al paso de los años

Otro libro fundamental para comprender su pensamiento es La casa de las bellas durmientes, una novela protagonizada por hombres ancianos que pagan por dormir junto a jóvenes profundamente dormidas, sin poder despertarlas ni tocarlas.

Lejos de ser una historia erótica convencional, la obra funciona como una reflexión sobre la vejez, la soledad y la memoria. Allí el deseo no desaparece con la edad, sino que sobrevive incluso cuando el cuerpo comienza a deteriorarse.

Kawabata muestra que la mente conserva intactas muchas emociones y que los recuerdos pueden convertirse en el último refugio frente al paso inevitable del tiempo.

El concepto japonés que atraviesa toda su literatura

Gran parte de la sensibilidad presente en sus novelas está vinculada al mono no aware, una noción estética japonesa que podría traducirse como la emoción o la melancolía que produce comprender que todo es pasajero.

Yasunari Kawabata, ganador del Premio Nobel de literatura en 1968. Foto: Archivo

Los cerezos en flor, la nieve, el silencio de los jardines o la llegada del otoño aparecen constantemente en sus libros como símbolos de una belleza destinada a desaparecer.

Sin embargo, mientras la naturaleza cambia de forma permanente, los sentimientos humanos parecen resistirse a hacerlo, generando un conflicto entre aquello que el tiempo transforma y aquello que permanece vivo en el interior de las personas.

Una infancia marcada por la pérdida

La fascinación de Kawabata por la soledad y la nostalgia no fue casual. Nació en Osaka el 11 de junio de 1899 y quedó huérfano cuando apenas tenía cuatro años. Poco después también perdió a su hermana y a sus abuelos, una sucesión de tragedias familiares que marcaría profundamente su sensibilidad literaria.

Estudió Literatura en la Universidad de Tokio y comenzó a publicar durante la década de 1920. El reconocimiento internacional llegó con novelas como País de nieve, Mil grullas, El sonido de la montaña, El maestro de Go, La casa de las bellas durmientes y Lo bello y lo triste, consideradas hoy clásicos de la literatura universal.

El primer japonés en ganar el Premio Nobel

En 1968, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer escritor japonés en recibir esa distinción. El jurado destacó su capacidad para expresar, con una extraordinaria sensibilidad, la esencia espiritual de Japón y transformar escenas cotidianas en profundas reflexiones sobre la existencia.

Kawabata falleció el 16 de abril de 1972, a los 72 años. Su muerte, ocurrida pocos años después del suicidio de su amigo y discípulo Yukio Mishima, puso fin a una de las trayectorias literarias más importantes del siglo XX.

Más de medio siglo después, sus novelas siguen invitando a pensar que el tiempo avanza de manera inexorable, pero que los recuerdos, los deseos y las emociones no siempre obedecen al reloj, una idea que explica por qué la obra de Yasunari Kawabata continúa conmoviendo a lectores de todo el mundo.