“Cuando me llega la última data que teníamos sobre la importancia que los argentinos le asignan a su relación con otras personas, vemos una baja muy significativa de 15 puntos en relación a 2019. Y dije ‘esto está mal, tiene que haber un error’. Volvimos a chequear todo el campo e hicimos controles de calidad y no: el número quedó ahí”, cuenta a Clarín Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices! y coautora de Unbonded. ¿El declive de las relaciones humanas? junto a Cornel Bursuc.
La importancia que las personas les asignan a los vínculos humanos pasó del 62% al 47% en seis años. Foto: Stock Adobe.
Según este informe (que combinó el análisis de datos y dos encuestas online en Argentina de mil casos cada una), la importancia que las personas les asignan a los vínculos humanos pasó del 62% al 47% en seis años. “Me pareció muy sorprendente, porque la vida humana está organizada en los vínculos: la pareja, la familia, la comunidad y el grupo de amigos son ordenadores de la vida social. Que baje la importancia de este tema era muy relevante”.
Además, otro informe de la consultora señala que, cuando aparece la sensación de soledad, las personas recurren menos a otras personas para afrontarla. Es decir, la respuesta más frecuente ya no es llamar a un amigo o familiar, sino buscar refugio en la tecnología: el 64% de los argentinos usa redes sociales, juegos online, chats o distintas herramientas digitales cuando se siente solo. En el otro extremo, sólo el 10% elige por llamar a alguien por teléfono.
¿Las razones? Se mencionan la falta de tiempo (37%), los costos (35%), la falta de motivación (33%) y el cansancio (31%) como las principales barreras para encontrarse con otros.
"La gente redistribuye toda esa energía vincular, no solo en otros humanos". Foto: Stock Adobe.
“La gente redistribuye toda esa energía vincular, no solo en otros humanos, sino también en los animales, en las plantas y la IA como refugio emocional”, señala Cilley.
Andamios emocionales
Para la experta, el contexto emocional es crítico: “La gente está tan cansada o irritada, que relacionarse con otro está siendo visto como una carga en algunos segmentos, porque hay que darse tiempo, hay que darse espacio, hay que mirarse, hay que esperar”.
Y muchas veces no hay momentos reales para compartir o ponerse al día. Hablar con otro implica contextualizar demasiado y hablar mucho, mientras los tiempos son cortos y la necesidad, más inmediata.
Recurren a andamios emocionales y prótesis relacionales: apoyos no humanos o de baja exigencia, como mascotas, plantas e inteligencia artificial. Foto: ilustración Stock Adobe.
“El concepto de ‘Unbonded’ -título del informe- describe un cambio: de la abundancia relacional a la sostenibilidad relacional, en el que los vínculos humanos no se rechazan, sino que se reducen de manera selectiva y se reorganizan para gestionar el riesgo emocional, la incertidumbre y la sobrecarga”, señalan en el estudio.
Así, la necesidad de contacto y la energía vincular cambia y deriva en animales, plantas y la IA como refugio emocional. “Los individuos no se retraen hacia el aislamiento, sino que recurren cada vez más a andamios emocionales y prótesis relacionales (apoyos no humanos o de baja exigencia, como mascotas, plantas e inteligencia artificial), que permiten la regulación emocional sin el peso de la negociación, la reciprocidad o la exposición que las relaciones humanas conllevan cada vez más”.
No cambia el vínculo, sino el protagonismo que se le asigna a animales, plantas y la IA. Foto: ilustración Stock Adobe.
Constanza explica que lo que cambia no es el vínculo (que existió siempre), sino que lo nuevo es el protagonismo que se le asigna a animales, plantas y la IA: “La relación de los humanos con los animales obviamente es una relación de siempre. Lo que cambia es el espacio que se le da a los animales, que son titulares de derechos dentro de las familias -en algunos casos- con igual importancia que otros miembros humanos”.
El 70% dice que su perro es “como un hijo”, y uno de cada cuatro argentinos dice que los animales o las plantas son más importantes para ellos que otras personas (entre los jóvenes, esa proporción aumenta a uno de cada tres).
Uno de cada cuatro argentinos dice que los animales o las plantas son más importantes para ellos que otras personas. Foto: ilustración Shutterstock.
Mientras tanto, un tercio de los argentinos encuestados (y 6 de cada 10 jóvenes) usa la inteligencia artificial como refugio emocional para contar sus miedos. “Es más fuerte esta búsqueda entre las personas que están insatisfechas con sus vínculos”, advierte la autora.
Amigos que no nos conocen y vínculos sin profundidad
“La amistad es algo identitario para los argentinos: cuando preguntamos en las encuestas cuáles son los valores centrales de la Argentina, te dicen familia, solidaridad y amigos”.
“Pero en las investigaciones veíamos en forma creciente que si bien los amigos eran lo más importante del mundo, hay muchos temas que les resultaban incómodos de hablar: además de los obvios, los políticos, empezaba a aparecer bastante fuerte la dificultad para hablar con amigos temas de salud mental o los propios miedos -a pesar de que es un momento donde los temas de salud mental están puestos por primera vez en la historia muy en el tapete-”, explica Constanza a Clarín.
Así, las amistades se vuelven “informativas”, el famoso “ponerse al día” que representa un racconto de hechos ocurridos en el pasado, y no una compañía presente en la diaria para compartir celebraciones y problemas. Los “amigos” se convirtieron en orejas que escuchan qué le ha sucedido a una persona, y no alguien que la acompaña en su devenir.
Relaciones “fáciles”
En este contexto, muchas personas buscan relaciones con una “cláusula fácil de salida”: vínculos flexibles que ofrecen conexión, pero sin la carga de responsabilidad que implica un compromiso real.
Prevalecen vínculos con cierta conexión emocional, pero sin toda la carga de responsabilidad o compromiso real. Foto: ilustración Stock Adobe.
Esto impulsa la aparición de lo que llaman “formatos relacionales emergentes”, como las “situationships” o el “just talking” (los famosos “en algo”). Estos modelos permiten una “búsqueda de tener una cierta conexión emocional, pero sin toda la carga de responsabilidad que eso implica”.
Según el informe, existe una tendencia a concentrar los sentimientos en unos pocos vínculos de “alto significado” (como hijos o madres) y se “minimizan los vínculos que exigen energía, negociación o vulnerabilidad excesivas”.
Madres y padres, más conectados
Según el informe, la paternidad y la maternidad actúan como un factor que refuerza el vínculo humano y la valoración de los demás: las personas con hijos tienen 10 puntos porcentuales más de probabilidades de valorar sus relaciones con otras personas en comparación con quienes no los tienen.
La paternidad y la maternidad actúan como un factor que refuerza el vínculo humano. Foto ilustración Shutterstock.
En un contexto donde baja la natalidad, ¿cómo afectan estas diferencias? Para Cilley, “este cambio tiene implicancias en todos los órdenes: en cómo nos organizamos como sociedad, en la capacidad para transitar crisis, en lo que la gente espera de las marcas… Ya lo mencionaba Sherry Turkle en la baja de la habilidad para conversar y dialogar, algo innato en los humanos, pero que requiere práctica. Y hay cada vez menos conversación: si uno lo piensa en su vida personal, está clarísimo, las cenas en familia, la gente con el celular… Y la conversación -en definitiva- es lo que nos hace humanos”.
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