María, de 32 años, cambió la vida en la ciudad y compró una casa abandonada en un bosque de Asturias por 6.000 euros. Allí vive una vida simple, de forma autosuficiente, sin luz de red ni agua corriente tradicional, adaptando sus tareas cotidianas al clima y a las horas de sol.

Su historia fue difundida por el canal de YouTube de Arnau Serrado, que muestra a quienes dejan la ciudad. María también comparte su experiencia en su propio canal, @elcampuylamaria.

Hace más de seis años, María decidió abandonar todo para establecerse en el bosque asturiano. Con sus propias manos, comenzó a restaurar una casa que llevaba décadas deshabitada, ahora llamada Nogalia." Aquí estamos la Senda (su perra) y yo dándote la bienvenida a nuestra casita", saluda María al youtuber.

Ella relata que todo inició inesperadamente durante el encierro por el Covid. Durante la pandemia, María se refugió en el pueblo de su madre, con pocos vecinos y bajo riesgo de contagio. Limpiando un río, siguió el sonido de una cascada y halló una casa abandonada.

Todo comenzó de forma inesperada, durante el confinamiento por el Covid. Según su propio testimonio, María se refugió en el mismo pueblo donde vive su madre, un lugar con "muy pocos vecinos" y "muy poco riesgo de contagio".

"Me encontré este maravilloso lugar, que para nada era como es ahora. Solo se veía la parte de arriba, porque todo lo demás era zarza", recuerda. Sintió que ese entorno podría ser su nuevo hogar. Su primer paso fue consultar a su madre sobre la propiedad de la casa. Descubrió que la había heredado el primo de un vecino, con quien María pronto entabló una conversación.

El primo se mostró receptivo: "Si quería, podía entrar en la casa cuando quisiese". Con el tiempo, María se encariñó y pagó 6.000 euros al propietario, logrando así su hogar soñado.

María arregló la vivienda sola, usando materiales reciclados y bioconstrucción. Vive sin red eléctrica, con placas solares, y un manantial propio por 6 euros anuales. "Vives con los ritmos de la vida".

Pese a la falta de agua caliente, lavadora o lavavajillas, María mantiene el optimismo. "Yo lo hice porque quería, vivir la experiencia a tope", afirma, orgullosa de cada avance logrado."Hay que seguir avanzando", justifica.

Cómo es su día a día

Vivienda: Una casa en ruinas que arregló con sus manos y técnicas de bioconstrucción.

Luz y agua: Usa placas solares para la energía y se conecta a un manantial propio.

Costo: Paga 6 euros al año por el manantial.

Rutina: El sol y la lluvia mandan en sus tareas del día.