Entre 2007 y 2009, una de las peores sequías que recuerde el sur bonaerense estuvo a punto de terminar con el sueño de la familia Jaca. En Carmen de Patagones, donde la ganadería se desarrolla en un clima extremo, la falta de lluvias arrasó con casi todo. Murieron las vacas y el paisaje terminó cubierto por médanos de arena que sepultaron corrales, tanques australianos y hasta los alambrados de siete hilos de la cabaña La Txapela. El disgusto también deterioró la salud de Ángel Jaca, el fundador, quien fallecería en 2013.

"Lo perdimos casi todo. Quedaron unas pocas vacas de pedigree y allí, entre los médanos de tierra volada, con mi señora y mi hija de un año en brazos, nos miramos y decidimos empezar de nuevo", recuerda hoy Gabriel Jaca, hijo de Ángel, en diálogo con Clarín Rural. Aquella decisión, tomada cuando parecía no haber futuro para el establecimiento, terminaría convirtiéndose en el punto de partida de una historia que por estos días vive un capítulo de gloria.

Diecisiete años después de aquella sequía, La Txapela subió al podio de la Exposición Rural de Palermo con "Ventarrón", un toro criado íntegramente en Carmen de Patagones que obtuvo el Reservado Gran Campeón Macho Hereford de la 138ª edición de la muestra. Para una empresa familiar de apenas 140 madres, entre Puro Pedigree y Puro Registrado, instalada sobre 600 hectáreas de secano, el reconocimiento significó mucho más que un premio: fue la validación de una filosofía de selección genética construida sobre la resiliencia.

El toro Ventarrón, Reservado Gran Campeón macho Hereford en la última expo de Palermo, junto a la familia Jaca.

La historia de La Txapela inicia en la década de 1990, cuando la familia empezó a formar un rodeo de vacas Hereford con un objetivo muy claro. "Siempre quisimos aportar un chorrito de genética a los rodeos de nuestra zona para aumentar la productividad y ayudar al mejoramiento de la ganadería", explica Jaca.

Como el establecimiento nunca tuvo escala para competir por cantidad, apostó desde el inicio por la calidad. "Decidimos innovar en tecnologías, una premisa que nos acompaña hasta hoy", dice el cabañero. Así incorporaron inseminación artificial cuando todavía era una práctica poco frecuente en la región, luego sumaron IATF, producción de embriones mediante MOET y FIV, y construyeron un plantel de alto valor genético junto con un importante banco de material genético congelado y vitrificado.

Esa misma búsqueda de eficiencia se trasladó al manejo del establecimiento. En un campo relativamente pequeño desarrollaron un sistema de pastoreo rotativo con numerosas subdivisiones, cuatro reservorios de agua y acceso permanente para los animales, complementado con destete precoz, suplementación estratégica y verdeos de invierno. Todo ello procurando intervenir cada vez menos el suelo y aprovechando al máximo los recursos naturales.

Pero la verdadera diferencia de La Txapela no nació de la tecnología sino del ambiente. En una región donde las precipitaciones apenas rondan los 280 o 300 milímetros anuales, la rigurosa naturaleza se convirtió en el principal aliado del programa de selección.

Una muestra del áspero ambiente al que están adaptados los reproductores de La Txapela.

"La marginalidad y el extremo del clima hacen que mucha gente se pregunte cómo hacemos para producir", señala Jaca. La respuesta está en un rodeo construido durante más de tres décadas bajo esas mismas condiciones. "Hace más de 30 años tenemos una población de animales adaptada al ambiente. Han desarrollado una enorme resistencia en los períodos críticos y una gran resiliencia. Son capaces de aprovechar los cortos períodos de bonanza para acumular energía, carne y grasa y así resistir lo que después viene".

Lejos de intentar corregir esa selección natural, la familia decidió potenciarla. "Tratamos de no meternos mucho en hacer experimentos y dejar que el ambiente vaya armando el individuo capaz de resistir, sobrevivir, producir y multiplicarse acá", explica. Ese concepto terminó dando identidad propia a la cabaña. "Buscamos un tipo de animal hecho en Patagonia y para la Patagonia, creyendo que si funcionaba acá también funcionaría en cualquier parte del país".

La conclusión llegó después de muchos años de observación. "Lo que a todas luces parece una debilidad, para nosotros a nivel genético se convirtió en una fortaleza, porque pudimos lograr el tipo de animal que producimos: funcional y productivo, con genes de alta resiliencia en las crisis y muy explosivos en los períodos de bonanza", remarca Jaca.

Parte del equipo de La Txapela, trabajando en la manga en el desafiante ambientye de Patagones.

Los resultados comenzaron a multiplicarse. La Txapela fue una de las primeras cabañas de Puro Registrado del norte patagónico y hoy es la única de la región que produce toros S/ (de calidad genética superior). Obtuvo Grandes Campeones en exposiciones regionales y nacionales, dos de sus reproductores fueron incorporados como machos dadores en importantes centros genéticos y, durante los últimos dos años, recibió el premio Niagara Sur que distingue a la mejor cabaña Hereford de Pedigree de la Patagonia.

El salto definitivo llegó este año en Palermo. Lo hizo, además, con un solo ejemplar y de origen ciento por ciento propio. El desempeño de "Ventarrón" despertó inmediatamente el interés de varias de las principales cabañas del país, por lo que la familia decidió vender el 50 por ciento del reproductor.

"Somos pequeños y medianos productores. No tenemos remates propios y había muchísimo interés por el toro, así que decidimos compartir el cincuenta por ciento. Nos enorgulleció la altura de las cabañas que lo disputaron", cuenta Jaca, y detalla que fue la cabaña San Marón, de Chubut, la que adquirió la mitad del ejemplar en una operación de 30 millones de pesos.

Gabriel y Justina Jaca, junto a dos de sus Hereford, hace unos años en una expo del circuito patagónico.

Como corolario de estos éxitos, esta semana la familia Jaca recibió un reconocimiento oficial del Consejo Deliberante de Carmen de Patagones en el que se destaca que los premios obtenidos “ponen en valor el aporte de la cabaña al desarrollo de la ganadería local y nacional, reflejando el potencial productivo del Partido de Patagones y el compromiso de quienes apuestan por la excelencia genética”.

Detrás de cada logro, insiste Jaca, permanece intacto el espíritu con el que decidieron volver a empezar después de la sequía. "Atrás de todo esto hay una enorme base de años de sacrificio y trabajo de mi papá, Ángel Jaca", dice. Hoy la cabaña sigue siendo una empresa familiar integrada por Gabriel, su esposa Carolina Amadeo y su hija Justina. "Vivimos de esto y vivimos en el campo. Lo hacemos todo con mucha pasión y sacrificio, de manera artesanal y cuidando mucho nuestro medio ambiente. Hay una conexión muy profunda con nuestra tierra y con cada uno de nuestros animales", concluye.