Obtener el permiso de conducir sigue siendo un paso casi imprescindible para acceder a numerosos empleos y desplazarse con autonomía en buena parte de España. Sin embargo, el sector de las autoescuelas atraviesa un momento especialmente complejo por la acumulación de aspirantes y la falta de examinadores de la Dirección General de Tráfico (DGT), una situación que ha provocado largas listas de espera en distintas provincias y movilizaciones del sector durante los últimos meses.

En este contexto, el creador de contenido Adrián G. Martín visita una empresa familiar con más de siete décadas de historia para conocer desde dentro cómo funciona realmente el negocio de las autoescuelas. En la entrevista conversa con los responsables de una compañía que afronta la tercera generación al frente del negocio. A lo largo de la conversación desgranan cuánto cuesta montar una autoescuela, cuál es su rentabilidad real y por qué la falta de examinadores se ha convertido en uno de los mayores problemas del sector.

Sin examinadores

Aunque las autoescuelas son empresas privadas, su actividad depende por completo de que la Dirección General de Tráfico (DGT) disponga de suficientes examinadores para dar salida a los alumnos. Joana Ribas, una de las propietarias, asegura que ese es hoy el mayor obstáculo para el sector. “El problema es que nosotros podemos preparar alumnos. Pero si no los dejan examinar, ¿qué hacemos con ellos? Una vez que están preparados, les tenemos que poder dar salida y la Administración no nos deja darles esa salida”, explicaba.

Aunque las autoescuelas son empresas privadas, su actividad depende por completo de que la Dirección General de Tráfico (DGT). Foto: IG/adriang.martin

Solo cuatro euros por práctica

Al hablar de la rentabilidad del negocio, Pep Ribas desvela cómo funcionan realmente las cuentas de una autoescuela. Concretamente, afirma que el beneficio que deja cada práctica es mucho menor de lo que suele pensar la mayoría de la gente. “El precio de una práctica son unos 35 euros. Le quitamos el IVA, el coste del combustible, que es lo que más ha subido, el coste del profesor, que esto es el coste mayor por clase, y el del vehículo. Si te fijas, entonces nos quedarían unos cuatro euros. Este sería el beneficio neto sobre los 35 euros que paga el usuario”.

Lo mismo sucede con las matrículas del permiso B. Según explica, buena parte del dinero que paga el alumno corresponde a gastos y trámites que no forman parte del beneficio de la empresa. “Nosotros realmente de esto lo único que tiene la autoescuela son estos 150 euros y la tramitación de examen. Todo lo demás se va”, reconocía.

Rentabilidad

La empresa familiar comenzó su actividad en 1950 y hoy cuenta con doce autoescuelas y una flota de alrededor de sesenta vehículos. Al ser preguntada por la dimensión del negocio, Marga Ribas ofrece una cifra que llama la atención.”Nosotros estamos en torno a unos un millón de euros, una cosa así”.Sin embargo, aclara que el volumen de facturación no refleja la rentabilidad real del negocio:”Estamos en torno a un 5 o un 10 dependiendo del año”, comentaba.

A continuación explica por qué esos márgenes son tan ajustados. “El mayor coste es cuando ya tienes personal. Nos va en torno a un 60-65% de todo el coste de la facturación. El personal es nuestro mayor coste.” Pese a ello, considera que sigue siendo un negocio viable gracias al esfuerzo diario. “Lucrativo sí, porque trabajas mucho, pero no tenemos fines de semana ni teemos festivos”. Una realidad que, según sostiene, explica por qué el volumen de facturación no siempre se traduce en grandes beneficios.

Cómo hacen dinero las autoescuelas. Foto: IG/adriang.martin

El mito de los suspensos

Sobre uno de los grandes mitos del sector, Pep Ribas responde a una de las preguntas más habituales: si a las autoescuelas les interesa que los alumnos suspendan para vender más clases. “Por supuesto que no, al menos para nosotros no. Para nosotros, lo lucrativo es que la gente apruebe y deje paso a otros alumnos que están esperando para hacer más prácticas”. A su juicio, el verdadero problema es precisamente el contrario: la acumulación de alumnos pendientes de examen por la falta de fechas disponibles.

La amenaza del vehículo autónomo

Al mirar hacia el futuro, Pep Ribas cree que las herramientas digitales irán ganando peso, aunque no sustituirán el trato directo con el alumno. “Yo creo que irá hacia un modelo un poquito más online, que no tan físico como tenemos ahora”, afirma. En su opinión, el contacto personal seguirá marcando la diferencia frente a otros modelos. “La gente quiere confiar en una marca, una marca que le pueda dar sostén si tiene algún problema”.

Aun así, reconoce que el desarrollo del vehículo autónomo abre incógnitas sobre el futuro del sector. “Tenemos la amenaza del vehículo autónomo, donde dicen que en el futuro los vehículos no necesitarán conductor. Entonces, claro, si no necesitamos conductores, no necesitamos autoescuelas que los formen. ¿Qué va a cambiar, rápido o lento? No lo sé, no tengo ni idea. Pero nosotros seguiremos haciendo nuestro trabajo, formando conductores, que es para lo que estamos aquí”, terminaba diciendo.

Elegir bien la autoescuela

Mientras tanto, la Dirección General de Tráfico (DGT) insiste en que los aspirantes deben elegir siempre autoescuelas autorizadas y priorizar una formación de calidad por encima del precio. El organismo recomienda comprobar con antelación las tarifas, el programa de enseñanza y las condiciones del contrato, además de confiar en el criterio del profesor para decidir el momento más adecuado para presentarse al examen práctico. La DGT recuerda que el objetivo de la formación no es solo obtener el permiso de conducir, sino adquirir los conocimientos y habilidades necesarios para circular de forma segura y responsable.

Christian Jiménez