La World Rugby ajustó la tolerancia a la discrepancia: ya no es necesario un insulto para ser suspendido. La mera crítica pública o acciones consideradas intimidatorias tienen un rigor sancionatorio a partir de este año y hay dos casos que cargados de desmesura: el último, contra el apertura de Los Pumas, Tomás Albornoz, quien no podrá estar en los próximos tres compromisos del Seleccionado, ni en el encuentro que su club Toulon disputará con La Rochelle.
Todo comenzó en Santiago del Estero, cuando Los Pumas enfrentaron a Inglaterra en un partido cargado de emociones y abierto hasta el final. Tanto, que con el tiempo agotado pero la pelota en juego el equipo de Felipe Contepomi logró un try que, con su hipotética conversión, hubiese empatado el juego ante La Rosa.
Sin embargo, tras un pedido de revisión desde el TMO, el árbitro australiano Angus Gardner cambió su posición, no convalidó la acción en la que Bautista Delguy apoyó en el ingoal ni tampoco un tackle alto anterior, que podría haber sintetizado el final con un try penal.
Sin embargo, el referí marcó el final y Albornoz se acercó enérgicamente a reclamarle la decisión o pedirle explicaciones y con un brazo le tocó el pecho al oficial del partido. Lo que siguió fue una investigación y posterior citación declaratoria para el argentino. El árbitro lo corrió con el brazo y el jugador, visiblemente molesto, parece gritarle sus argumentos señalándolo con el dedo índice, mientras algunos compañeros lo corren de escena.
Por ese roce, Gardner -que luego apartó a Albornoz con el brazo- abrió un expediente contra el argentino.
Por ese motivo, Felipe Contepomi no lo convocó para los test matches ante Sudáfrica y Australia, ya que con el proceso disciplinario abierto y los antecedentes tras el cambio de criterio de la World Rugby, sabía que habría una sanción y que no podría contar con el apertura. El antecedente más fresco fue la sanción para otro argentino, el entrenador de Italia, Gonzalo Quesada, castigado inmediatamente después de considerar en televisión los errores arbitrales en el primer partido del Nations Championship ante Nueva Zelanda.
Si bien en su descargo Albornoz aceptó que su conducta constituyó intimidación a un referí, no aceptó que sus acciones fueran abusivas, insultantes, ofensivas o amenazantes, una salvedad aceptada tanto por World Rugby como por el comité disciplinario, que de todos modos aplicó una sanción de cuatro partidos, cantidad menor a la estipulada.
El Comité aceptó que el contacto con el referí, si bien limitado, se produjo en el contexto de una disputa sobre la decisión de un oficial de partido y formó parte de una conducta intimidatoria general. Por eso la encuadró con situaciones de contacto con un oficial de partido que, según el Anexo 1 del Reglamento 17, conlleva una suspensión de seis partidos.
"Quiero pedir disculpas a los oficiales del partido por la manera en que me acerqué a ellos. Entiendo que la forma no fue la correcta, más allá de lo que sentía en ese momento. Ya les hice llegar mis disculpas personalmente y voy a tomar esta experiencia como un aprendizaje", dijo Albornoz luego de que se conozca la sanción que impuso World Rugby.
Hasta hace pocos años, World Rugby solía concentrar las sanciones en agresiones físicas o insultos graves pero a partir de este año amplió significativamente el alcance y pueden ser objeto de sanción los cuestionamientos a los árbitros que se consideren "agresivos" durante o después del partido. También se evalúa si una situación resulta intimidatoria y también castiga declaraciones públicas que desacrediten a los oficiales.
En ese contexto, Quesada recibió una sanción que luego se redujo a dos fechas; Albornoz, cuatro; y el español de la Sub 20 Mateo Aragón siete partidos por abuso verbal.
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