No hace falta manejar cientos de kilómetros para caminar entre árboles gigantes, perderse por senderos de tierra y disfrutar de un paisaje que parece salido de un cuento. En el sur del conurbano de Buenos Aires, el Parque Provincial Pereyra Iraola ofrece una de las escapadas a esta suerte de bosque encantado, con naturaleza, historia y actividades.
Ubicado entre los partidos de Berazategui, Florencio Varela, Ensenada y La Plata, este espacio protegido sorprende por su magnitud: cuenta con 10.248 hectáreas, una superficie equivalente a poco más de la mitad de la Ciudad de Buenos Aires. Su combinación de bosques, caminos rurales, lagunas, construcciones históricas y chacras productivas lo convierten en un destino único muy cerca de CABA.
Además de ser uno de los pulmones verdes más importantes del Área Metropolitana, desde 2007 integra la Red Mundial de Reservas de Biósfera de la UNESCO, un reconocimiento reservado para áreas donde conviven la conservación ambiental, la investigación científica, la producción sustentable y las comunidades locales.
Un parque con más de 170 años de historia
Mucho antes de convertirse en un paseo público, estas tierras formaban parte de la histórica Estancia Las Conchitas, adquirida en 1850 por Simón Pereyra, quien la transformó en la Estancia San Juan. Décadas después, su hijo Leonardo Pereyra Iraola impulsó una profunda forestación inspirada en los grandes parques europeos, incorporando especies exóticas provenientes de distintos continentes.
La icónica arcada de ingreso al Parque Pereyra Iraola. Foto: gba.gob.ar
Ese trabajo paisajístico todavía puede apreciarse en los enormes eucaliptos, robles, cedros y otras especies centenarias que hoy forman parte de la identidad del parque y le dan ese aspecto de "bosque encantado" que cautiva a quienes lo visitan.
El gran cambio llegó en 1949, cuando el Estado expropió las más de 10.000 hectáreas pertenecientes a la familia Pereyra Iraola para abrirlas al uso público. El 24 de febrero de 1950 fue inaugurado como Parque de los Derechos de la Ancianidad y, pocos años después, adoptó el nombre con el que es conocido hasta la actualidad.
En 1967 fue declarado Reserva Forestal de la Provincia de Buenos Aires, mientras que cuatro décadas más tarde obtuvo el reconocimiento internacional de la UNESCO por su extraordinario valor ambiental.
Qué hacer en el Parque Pereyra Iraola
Uno de los mayores atractivos del parque es que permite disfrutar de una jornada completa sin gastar dinero. La enorme extensión hace posible encontrar sectores tranquilos incluso durante los fines de semana o las vacaciones de invierno.
Entre las actividades más elegidas se destacan:
- Recorrer senderos rodeados de árboles centenarios.
- Hacer caminatas y trekking de baja dificultad.
- Andar en bicicleta por los caminos internos.
- Organizar un picnic en las áreas habilitadas.
- Observar aves y fauna autóctona.
- Descansar bajo la sombra de eucaliptos y robles históricos.
- Visitar edificios y cascos de antiguas estancias.
Los amantes del ciclismo también encuentran uno de los mejores circuitos naturales del conurbano, mientras que quienes buscan desconectarse pueden simplemente caminar entre los bosques y disfrutar del silencio.
El Árbol de Cristal, uno de los secretos mejor guardados
Entre los rincones más curiosos del parque aparece el famoso Árbol de Cristal, un ejemplar de Agathis alba originario de Malasia.
El famoso árbol de cristal del Parque Pereyra Iraola. Foto: gba.gob.ar
Se trata del único sobreviviente de los doce árboles que Leonardo Pereyra Iraola hizo plantar hace aproximadamente 150 años. Fue declarado Monumento Natural de la Provincia de Buenos Aires en 1992.
Su nombre proviene de una particularidad llamativa: desprende una resina transparente en forma de lágrimas que, durante las noches de luna llena, refleja la luz y produce un brillo que alimentó numerosas leyendas alrededor del ejemplar.
Un recorrido entre casonas históricas y patrimonio rural
Además de sus bosques, el Pereyra Iraola conserva construcciones que permiten conocer parte de la historia de la provincia.
Uno de los sectores más visitados es el Casco de la Estancia Santa Rosa, rodeado por jardines y especies arbóreas de gran porte. Muy cerca se encuentra la Capilla Santa Elena, inaugurada en 1940 y considerada uno de los edificios patrimoniales más importantes del parque.
El Molino holandés del Parque Pereyra Iraola. Foto: gba.gob.ar
Otro punto emblemático es el Molino Holandés, donado por los Países Bajos a fines de la década de 1940 y utilizado originalmente para abastecer una usina eléctrica. Con el paso de los años también funcionó como oficina de información turística.
Esta combinación de naturaleza, arquitectura e historia convierte al parque en mucho más que un simple espacio verde.
Cómo llegar al Parque Pereyra Iraola
Llegar es sencillo desde distintos puntos del Área Metropolitana.
En auto, el viaje demanda entre 45 minutos y una hora desde el centro porteño. La opción más utilizada es la Autopista Buenos Aires-La Plata, con acceso por Villa Elisa o Hudson. También puede ingresarse por el Camino General Belgrano, que atraviesa parte del predio.
Cipreses de los pantanos, otra especie exótica traída al parque por Leonardo Pereyra Iraola. (Foto: Mario De Fina)
Quienes prefieran el transporte público tienen una ventaja poco conocida: el tren Roca, en su ramal La Plata, cuenta con la estación Pereyra, ubicada prácticamente dentro del parque. Desde allí solo hay que caminar unos metros para comenzar la recorrida.
También llegan distintas líneas de colectivos, entre ellas la 129, 195 y 338, con paradas cercanas a los principales accesos.
Horarios, entrada y recomendaciones
El ingreso al Parque Provincial Pereyra Iraola es gratuito y permanece abierto todos los días, incluidos los feriados, de 9 a 20.
Para preservar este enorme espacio natural existen algunas normas básicas:
- Solo se puede hacer fuego en los sectores autorizados.
- Está prohibido cortar leña o dañar la vegetación.
- No se permite acampar.
- Las mascotas deben permanecer bajo supervisión permanente.
- Es obligatorio retirar todos los residuos antes de abandonar el lugar.
- Se recomienda circular únicamente por senderos habilitados.
Durante el invierno, las temperaturas más frescas hacen que las caminatas resulten especialmente agradables y el paisaje adquiera un encanto particular gracias a las hojas secas que cubren los senderos.
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