Cuando muchos empresarios sueñan con vender su empresa por cientos de millones de dólares y retirarse, Eddie Smith Jr. tomó el camino contrario. Después de dedicar casi seis décadas a rescatar una fábrica de barcos que estaba al borde de la quiebra, rechazó ofertas de compra que, según trascendió, superaban los US$ 400 millones y decidió entregar la compañía a una estructura sin fines de lucro para que sus ganancias financien proyectos sociales.

La decisión del empresario estadounidense, de 83 años, sorprendió al mundo empresarial porque implica renunciar a una fortuna personal en favor de un modelo pensado para garantizar la continuidad de la empresa y destinar sus beneficios futuros a iniciativas vinculadas con la educación, la salud, la conservación ambiental y el desarrollo comunitario.

La apuesta de un joven de 26 años que parecía imposible

La historia comenzó en 1968, cuando Smith tenía apenas 26 años y acababa de graduarse en la Universidad de Carolina del Norte.

Ese año decidió comprar Grady-White Boats, un fabricante de embarcaciones recreativas y de pesca con sede en Greenville, Carolina del Norte, que atravesaba una profunda crisis financiera y estaba muy cerca de desaparecer.

Para concretar la operación pidió un préstamo e invirtió buena parte de sus propios ahorros. Los primeros años fueron especialmente duros.

Eddie Smith Jr compró Grady-White Boats a un fabricante de embarcaciones recreativas y de pesca . Foto cortesía

Según contó en distintas entrevistas, trabajaba habitualmente entre 80 y 100 horas por semana, casi no se tomaba vacaciones y dejó de practicar golf, uno de sus pasatiempos favoritos, porque todo su tiempo estaba dedicado a mantener viva la empresa.

Ese esfuerzo terminó dando resultado. Con el paso de los años, Grady-White se convirtió en uno de los fabricantes de embarcaciones de alta gama más prestigiosos de Estados Unidos, con cientos de millones de dólares en ventas anuales y múltiples reconocimientos por la satisfacción de sus clientes.

La muerte de su hijo cambió su manera de pensar

Aunque el crecimiento de la empresa fue constante, la vida de Smith también estuvo marcada por una tragedia familiar.

La muerte de su único hijo lo llevó a replantearse qué quería hacer con el legado que había construido durante casi seis décadas. Sin un heredero que continuara al frente del negocio y convencido de que vender la empresa implicaría perder la cultura que había creado, comenzó a buscar una alternativa diferente.

Fue entonces cuando conoció el modelo implementado por Yvon Chouinard, fundador de Patagonia, quien en 2022 transfirió la propiedad de la compañía a un fideicomiso y una organización sin fines de lucro para garantizar que las ganancias futuras se destinaran a la protección del medio ambiente.

Ese antecedente terminó de convencerlo de que una empresa podía seguir teniendo un propósito social incluso después de la salida de su fundador.

"No necesito un yate de 200 pies ni pasar los inviernos en el Mediterráneo", aseguró Smith Jr. Foto cortesía

Por qué rechazó una oferta de US$ 400 millones

A medida que Grady-White consolidaba su posición en el mercado, comenzaron a llegar propuestas de compra por cifras millonarias. Sin embargo, Smith decidió rechazarlas todas.

En una entrevista con la revista Fortune, explicó que había visto a varios amigos vender las empresas que habían construido durante años y observar luego cómo desaparecían la cultura organizacional, los valores y el compromiso con los trabajadores.

"No necesito un yate de 200 pies ni pasar los inviernos en el Mediterráneo. Soy realmente feliz aquí, en el este de Carolina del Norte", reveló.

Para él, aceptar una oferta de 400 millones de dólares significaba poner en riesgo aquello que consideraba el verdadero patrimonio de la compañía.

"Esta empresa tiene alma, y no quería perderla", sostuvo. Y agregó: "No tenía ninguna confianza en que un nuevo propietario mantuviera ese tipo de cultura".

Cómo funcionará la empresa a partir de ahora

En lugar de venderla, Smith transfirió la propiedad a dos entidades independientes.

El reconocimiento para el empresario estadounidense de 83 años. Foto cortesía

Por un lado, las acciones con derecho a voto quedaron bajo un fideicomiso de propósito perpetuo, diseñado para impedir que Grady-White pueda ser vendida en el futuro y asegurar que continúe funcionando de acuerdo con los principios establecidos por su fundador.

Las acciones restantes fueron cedidas a una organización sin fines de lucro, que recibirá las utilidades de la empresa y las destinará a financiar proyectos vinculados con:

  • Educación.

  • Atención médica.

  • Conservación del medio ambiente.

  • Programas comunitarios.

Smith continuará ligado a la compañía como director ejecutivo emérito, aunque la administración quedará en manos de consejos directivos independientes.

Una empresa donde el bienestar de los empleados era parte del negocio

La cultura interna fue una de las principales razones por las que Smith decidió no vender.

Cada año, Grady-White destina entre US$ 350.000 y US$ 400.000 a programas de formación para sus empleados. La compañía financia la lectura de libros sobre desarrollo personal y organiza encuentros semanales dedicados al liderazgo, la salud, las relaciones familiares y la educación financiera.

Uno de los yates de la empresa. Foto cortesía

Además, implementó un sistema de participación en las ganancias y hasta incorporó un capellán corporativo para brindar acompañamiento a los trabajadores.

"Dios realmente me bendijo al ponerme en una posición en la que puedo donar la mayor parte de mi patrimonio", aclaro.

Para Smith, una empresa no debía limitarse a fabricar productos o generar utilidades, sino también contribuir al crecimiento de las personas que forman parte de ella.

Su decisión de renunciar a una fortuna de cientos de millones de dólares refleja esa misma filosofía: construir un legado que sobreviva a su fundador y que, en lugar de terminar en una cuenta bancaria, continúe beneficiando a miles de personas durante las próximas generaciones.