Para la trompetista y cantante Andrea Motis, uno de los nombres más internacionales del jazz catalán, el verano tiene una dirección fija: Argelaguer, el pequeño pueblo de la Garrotxa donde sus padres tienen casa desde que ella era pequeña.
Una segunda residencia que marcó su infancia
Desde niña, sus padres han tenido una vivienda en la plaza del pueblo de Argelaguer. Era una segunda residencia para los fines de semana, los puentes y las vacaciones, que la familia no aprovechó tanto como habría querido. Aun así, Motis se siente afortunada de haber vivido esa experiencia, que no habría sido posible en Barcelona, donde no salió sola a la calle hasta los once años.
En el pueblo, en cambio, hacía trayectos cortos desde los seis años, yendo con amigas hasta la zona de la iglesia o al campo de fútbol. Allí fue donde, por primera vez, compró sola el pan en la panadería y el periódico para su abuelo, "toda una aventura", recuerda. También fue el lugar donde aprendió a moverse en bicicleta: "Íbamos por caminos de pueblo en pueblo, hasta Sant Jaume de Llierca, que era un trayecto corto y bonito, y también llegábamos hasta Besalú".
Sus padres han tenido una vivienda en la plaza del pueblo de Argelaguer. Foto: IG/motis_andrea
"Había mucho intercambio social, teníamos que tomar más decisiones"
La artista está convencida de que existen diferencias entre los niños que crecen únicamente en la ciudad y quienes tienen cierta experiencia de vida de pueblo, aunque sea de forma intermitente: "En Barcelona la vida era más limitada, ir a la escuela y extraescolares. En Argelaguer había mucho intercambio social, teníamos que tomar más decisiones, también el riesgo estaba más presente y había menos supervisión adulta". Es consciente, además, de que siempre se ha sentido atraída por personas criadas en entornos rurales, a quienes considera más atentas y espabiladas que las de ciudad.
"Te abre un montón de posibilidades"
Sobre por qué eligió Argelaguer como su lugar preferido de Catalunya, Motis cree que el hecho de ser madre ha influido en esa decisión; de lo contrario, seguramente habría optado por un espacio que la inspirara profesionalmente. Así lo explica: "La vida de pueblo te da la oportunidad de sentirte libre, de tener que decidir qué haces y adónde vas, te abre un montón de posibilidades, sin unas pautas concretas como cuando vas de colonias".
La furgoneta, su versión particular del pueblo. Foto: IG/motis_andrea
La furgoneta, su versión particular del pueblo
Motis admite que, como madre, junto a su pareja se plantea si Barcelona es una buena opción para vivir o si les gustaría instalarse en un lugar más pequeño. Mientras tanto, con sus hijos hacen muchas escapadas en camping, una experiencia que consideran similar a la vida rural: "Tenemos una furgoneta donde podemos dormir y vivimos dos meses. Es nuestra versión del pueblo. Y si la pareja o yo tenemos concierto, nos acompañamos al aeropuerto más cercano, marchamos los días que haga falta y después volvemos".
Una casa acordeón donde siempre caben más
Su padre es el principal fan de Argelaguer, quien les transmitió su amor por el pueblo. Motis vuelve de vez en cuando y, aunque no ve con regularidad a sus amigas de allí, siempre que pueden se encuentran para ponerse al día. Sobre la vivienda familiar, reconoce que si hace mucho frío o mucho calor quizá no es el hogar más práctico, pero le encanta que sea una casa acordeón: "si hace falta caben muchas personas".
A veces iban con los cuatro abuelos, amigas de la escuela y los padres de esas amigas. "Es una casa de las que caben muchas personas, tiene muchísimas camas. Una especie de refugio, a pesar de pasar gran parte del día fuera", recuerda la trompetista.
A veces iban con los cuatro abuelos, amigas de la escuela y los padres de esas amigas.
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