Un productor valenciano explicó por qué el campo español compite en desigualdad de condiciones frente a países como Egipto. Señala diferencias salariales, restricciones europeas y precios que los agricultores no controlan.
Vivir de la agricultura en España es cada vez más difícil. Así lo resume Juan Manuel, un agricultor español que gestiona 60 hectáreas de cultivo y que explicó los principales problemas del sector en una entrevista con el canal Cultiva y Emprende.
Para él, una de las mayores dificultades es que los productores no tienen control sobre los precios. Pagan los insumos al valor que fijan los proveedores, pero cuando venden su producción son los compradores quienes imponen cuánto vale la fruta.
“Lo único que nos falla es que, a la hora de comprar como clientes, el proveedor te pone los precios de los abonos y materiales. Y a la hora de vender como proveedores, el cliente te impone el precio de tus frutas. Ese es el gran problema”, señaló.
La comparación con Egipto
El agricultor puso el foco en la diferencia de costos laborales entre España y otros países que también exportan alimentos a Europa, como Egipto.
“Un trabajador acá, por ejemplo, cortador de naranjas que manipula en el almacén, está en alrededor de 15 o 16 euros la hora. Eso le cuesta a la empresa. Ellos cobrarán 11 o 12, pero a la empresa le cuesta 16”, explicó.
El productor señaló que los agricultores españoles afrontan costos laborales más altos y restricciones que no siempre rigen para sus competidores.
Luego hizo la comparación que, según él, muestra la desigualdad del sistema: “Un trabajador en Egipto, ¿cuánto cobra al día? Cobra 5 o 6 euros al día”.
Para Juan Manuel, esa brecha hace imposible competir bajo las mismas reglas. “Es competir en desigualdad de condiciones”, afirmó.
“Nos prohíben muchos productos que usa la competencia”
El productor también cuestionó las diferencias regulatorias. Según explicó, a los agricultores españoles se les prohíbe usar ciertos productos que sí se emplean en países que luego exportan alimentos al mercado europeo.
“A nosotros nos prohíben muchos productos que luego nuestra competencia los utiliza y luego nos los importan para acá”, denunció.
En ese sentido, apuntó contra lo que considera una contradicción: Europa exige determinados estándares a sus productores, pero permite el ingreso de fruta producida con reglas distintas.
El problema del recambio generacional
Juan Manuel también habló de la falta de jóvenes dispuestos a seguir en el campo. Según su mirada, la baja rentabilidad y la incertidumbre hacen que muchas familias desalienten a sus hijos a continuar con la actividad.
“Te inculcan ya de pequeño: ‘hijo, estudia y trabaja de funcionario, cobras todos los meses, trabajas lo que te manden... no más’”, contó.
Para el agricultor, el campo necesita otra forma de transmitir el oficio: integrar a los hijos, enseñarles el valor del trabajo y permitirles construir una independencia económica dentro de la actividad familiar.
“Tienes que saber que tu relevo tiene que recibir el sacrificio de la casa”, sostuvo.
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