La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba principalmente dos patologías crónicas: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Ambas provocan inflamación en el aparato digestivo y pueden manifestarse con síntomas como dolor abdominal, diarrea o sangrado en las heces.

Aunque se trata de enfermedades crónicas que actualmente no tienen cura, los avances científicos y las mejoras en la atención médica permitieron cambiar el escenario para quienes conviven con ellas.

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba principalmente dos patologías crónicas. Foto: Pixabay

El objetivo ya no consiste solamente en reducir las molestias, sino también en controlar la inflamación y evitar que la enfermedad condicione la vida cotidiana.

Qué diferencia a la enfermedad de Crohn de la colitis ulcerosa

Aunque ambas forman parte de la EII, no afectan exactamente de la misma manera al organismo. La enfermedad de Crohn puede comprometer cualquier sector del aparato digestivo, mientras que la colitis ulcerosa se limita al colon y al recto.

Los síntomas pueden aparecer en forma de brotes y variar considerablemente de una persona a otra. Entre los más habituales se encuentran la fatiga, la inflamación abdominal, el dolor de estómago, el aumento de las deposiciones, la urgencia para ir al baño y la diarrea. También pueden aparecer pérdida de peso y sangrado rectal.

Aunque ambas forman parte de la EII, no afectan exactamente de la misma manera al organismo.

El problema es que algunas de estas manifestaciones pueden confundirse con las de otros trastornos. Un dolor abdominal puede atribuirse al estrés y un sangrado puede relacionarse con hemorroides, lo que puede retrasar la consulta y el diagnóstico.

“Hay signos clínicos que son muy poco específicos”, explica Ana Echarri, responsable de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol, quien advierte que esa falta de especificidad puede demorar la identificación de la enfermedad.

Los síntomas que no deberían pasar desapercibidos

Una de las claves para mejorar la calidad de vida es prestar atención a los cambios que se producen en el organismo y no acostumbrarse a convivir con determinadas molestias como si fueran normales.

La EII puede provocar síntomas intestinales, pero también manifestaciones que muchas veces quedan en segundo plano. Entre los signos que pueden aparecer se encuentran:

  • Fatiga, presente en alrededor del 65% de los pacientes.
  • Inflamación abdominal y dolor de estómago, que afectan a cerca del 61%.
  • Aumento de las deposiciones, señalado por el 53%.
  • Urgencia defecatoria, registrada en el 48% de los casos.
  • Diarrea, presente en aproximadamente el 44%.
  • Insomnio y síntomas articulares, que también pueden formar parte del cuadro.
  • Ansiedad y depresión, además de pérdida de apetito o malestar general.

La variedad de síntomas explica por qué el impacto de la EII puede extenderse mucho más allá del aparato digestivo.

Lucía Expósito, presidenta de la Confederación Crohn y Colitis Ulcerosa, señala que “la EII traspasa las paredes de la consulta y el hospital y se instala en todos los ámbitos de la vida de una persona, desde el laboral al sexual”.

Por qué es importante reconocer los brotes

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa suelen atravesar períodos de mayor actividad inflamatoria conocidos como brotes. En esos momentos, los síntomas pueden intensificarse y afectar de manera considerable las actividades cotidianas.

Un cambio repentino en la frecuencia de las deposiciones, por ejemplo, puede ser una señal de alerta. Para una persona que habitualmente va al baño una o dos veces por día, tener que hacerlo cada vez que come representa una modificación significativa que debería ser valorada por el equipo médico.

La identificación temprana permite actuar antes de que el brote tenga un impacto mayor. Por eso, los especialistas destacan la importancia de que los pacientes conozcan su propia enfermedad y cuenten con herramientas para detectar cambios.

El seguimiento ayuda a tener mayor control

La participación activa del paciente es otro de los elementos que pueden contribuir a una mejor evolución. Actualmente existen herramientas que permiten registrar síntomas y realizar un seguimiento de la actividad de la enfermedad.

Una de ellas es educainflamatoria.com, una plataforma desarrollada por el Grupo de Trabajo de Enfermedades de Crohn y Colitis Ulcerosa (Geteccu).

La participación activa del paciente es otro de los elementos que pueden contribuir a una mejor evolución. Foto: Pexels

A través de un cuestionario, permite evaluar la actividad de la enfermedad, el grado de control y la calidad de vida. El resultado se representa mediante un sistema de colores que orienta sobre la necesidad de consultar a los profesionales o recibir atención urgente.

Este tipo de recursos no reemplaza el seguimiento médico, pero puede ayudar a identificar cambios y facilitar la comunicación entre los pacientes y los equipos que los atienden.

El objetivo ya no es solamente controlar los síntomas

Los tratamientos actuales buscan ir más allá de conseguir que el paciente se sienta mejor durante un período determinado. Uno de los objetivos terapéuticos es alcanzar la llamada curación mucosa, es decir, lograr la cicatrización de las lesiones y la ausencia de ulceraciones en el intestino.

Este objetivo tiene una importancia que excede la desaparición de las molestias. Según los especialistas , conseguir que la inflamación y las lesiones intestinales estén controladas puede favorecer una mejor evolución a largo plazo y reducir el riesgo de complicaciones.

Por ese motivo, recomiendan no normalizar síntomas persistentes aunque hayan formado parte de la rutina durante mucho tiempo. La ausencia de dolor o diarrea no siempre significa que la enfermedad esté completamente controlada, por lo que el seguimiento médico continúa siendo fundamental.

Una atención que también contempla la salud mental

La EII puede interferir en el trabajo, las relaciones sociales, la vida sexual e incluso en decisiones relacionadas con la reproducción.

Los datos recopilados en el barómetro de la enfermedad muestran que el 82% de los pacientes percibe un impacto moderado o muy alto en sus actividades sociales, mientras que el 69% considera que la enfermedad condiciona sus relaciones de amistad.

La EII puede interferir en el trabajo, las relaciones sociales, la vida sexual e incluso en decisiones relacionadas con la reproducción. Foto: Pexels

El impacto psicológico también forma parte de esta realidad. Por eso, algunas unidades especializadas incorporaron equipos multidisciplinares, escuelas de pacientes y espacios de acompañamiento psicológico para ayudar a afrontar la enfermedad.

La intención es que el paciente no organice toda su vida alrededor de la EII. “Buscamos pacientes expertos en su enfermedad para que puedan hacer una vida lo más normal posible”, explica Ana López Calleja, enfermera de práctica avanzada de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Vivir con EII sin renunciar a la vida cotidiana

Los avances en los tratamientos permitieron modificar las expectativas para las personas diagnosticadas con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa. El desafío actual consiste en conseguir un abordaje que contemple tanto el control de la inflamación como las necesidades concretas de cada paciente.

El diagnóstico temprano, el seguimiento de los síntomas, la participación activa del paciente, el acceso a equipos especializados y el acompañamiento psicológico forman parte de ese enfoque. También resulta importante establecer objetivos terapéuticos que no se limiten a disminuir las molestias, sino que busquen preservar la salud intestinal y la calidad de vida.

El camino, según los especialistas y las asociaciones de pacientes, requiere un trabajo conjunto. La EII puede acompañar a una persona durante muchos años, pero el desarrollo de nuevas terapias y un seguimiento adecuado permiten aspirar a que la enfermedad ocupe un lugar cada vez menor en su vida cotidiana.