En 1984, Marguerite Duras se vuelve rica y famosa gracias a la publicación de un libro que se convierte en bestseller. El amante catapulta a miles de lectores a una obra tan extraordinaria como indigesta. ¿Cuánto y cómo se puede leer a Duras? Sería como comer foie gras todos los días y terminar con el hígado a la miseria. Sus comas, sus pausas, su estilo fragmentario, sus repeticiones, su contundente brevedad. En una entrevista, su amigo Gérard Depardieu dijo: “Marguerite Duras es alguien que ha logrado hacer hablar al silencio”. Se refería, quizás, a su cine; hablaba de El camión, la película de Duras protagonizada por él, pero también es posible aplicar el diagnóstico a su literatura.

Sobre El camión, y tantas otras cosas que su mirada vuelve deslumbrantes, podemos opinar ahora con más conocimiento de causa, puesto que acaba de publicarse un libro genial: Outside. Papeles diarios. En su momento, la edición quedó al cuidado de su último amante, Yann Andréa, de quien los fans tendrán amplias referencias y si no, vale decir que era homosexual y devino, a la muerte de Duras, en un escritor poco prolífico que imitó a la perfección el estilo de su maestra.

Marguerite Duras, nacida en Indochina en 1914, marxista, feminista no declarada (hoy, a la luz de estos artículos y de sus libros, estaría probablemente cancelada, como lo está también, por otras razones, su amigo Depardieu), fue primero, como lo señala María Moreno en su brillante prólogo, “una escritora de unos pocos (aunque esos pocos no son cualquiera)”, y una vez millonaria, después de la película de Jean-Jacques Annaud (una de las pocas adaptaciones felices que nos ha legado la historia del cine), se convertiría en “fiestera dadivosa a pesar de su célebre tacañería”.

No sin maldad María Moreno señala que Duras se volvió alcohólica tomando Campari, “mezcla falsamente inofensiva y barata”. Duras, por el contrario, en Escribir hablará del whisky (habría que ver qué whisky) como la bebida de su vida. Frédérique Lebelley, quien escribió una biografía sobre ella, hablará de hectolitros de vino tinto barato. Como sea, a sus ochenta años Marguerite ya había estado al borde de la muerte por alcoholismo en más de una oportunidad.

Fue probablemente su obstinación, su decisión radical de escribir a como diera lugar, lo que la mantuvo viva hasta 1996. El terreno que hoy llamamos “corrección política” le era desconocido. En estos artículos (escritos para Vogue y para France Observateur, entre otros) se puede apreciar. Para France Observateur va a entrevistar a la mujer de André Berthaud, un camionero de cuarenta años que en 1961 raptó a una niña de ocho. No hubo violación. “Yo creo plenamente en este amor”, escribe en su introducción. “A. Berthaud y la niña se amaron”.

Son estos los temas de su vida. Se hiere y se asesina por amor; el odio no es otra cosa que una forma de amor. Sobre Simone Deschamps, una mujer que mata a su amante, dirá: “No nos engañemos […] a la vez que pasa al crimen, representa el último acto de amor. Ella lo amaba”.

Pero el amor no es lo único de lo que se habla en estas páginas. Duras tiene, por el mundo, una curiosidad infinita. Nadie ignora su militancia en el Partido Comunista, sus intereses políticos, su capacidad monstruosa para vincular lo general a lo particular. En “La sangre azul de La Villete”, escribe: [En 1945-46] “El adobo hacía pensar en los alemanes, la marmita en la divisa del mariscal, el plato de costillas en las vacas flacas, y el bistec era gaullista”.

Su recorrido histórico por la carne es una joya, como los son sus entrevistas a obreros, emigrantes, presidiarios o sobrevivientes del gueto de Varsovia. Sus retratos, en cambio, son ciertamente más empalagosos que los bifes. Por ejemplo, aquellos que versan sobre sus amigas actrices, como Jeanne Moreau o Delphine Seyrig.

Pero bueno. Ya ella advierte en la introducción a estos papeles que no existe periodismo ni periodista objetivo. No podemos pedirle más. Vale la pena leerla siempre, aunque la advertencia es la del comienzo: “An apple a day keeps the doctor away”. Con una es suficiente. Marguerite Duras es excesiva, redundante, caprichosa, genial: conviene evitar la indigestión.

Outside. Papeles diarios. Marguerite Duras. Trad. Clara Janés. Banda Propia, 340 págs.