Las cuevas de hielo Big Four, o Cuatro Grandes, son uno de los lugares que convocan a los amantes de la naturaleza en el estado de Washington. Cada verano, miles de excursionistas recorren un corto sendero para contemplar estas impresionantes formaciones, al pie de Big Four Mountain. Sin embargo, científicos y expertos advierten que este paisaje podría estar viviendo uno de sus momentos más críticos.

Las temperaturas cada vez más elevadas, la reducción del manto de nieve y los cambios en los patrones meteorológicos están acelerando el deshielo de estas cuevas. Algunos especialistas, incluso, aseguran que existe la posibilidad de que desaparezcan por completo durante el verano, algo que hasta hace pocos años parecía impensable.

El sitio de turismo del estado describe estas cuevas de hielo, una formación geológica poco común en el país. “Formadas por el agua que se filtra por el acantilado y erosiona la nieve, las cuevas de Big Four proponen un viaje a un paisaje invernal, a solo 90 minutos de Seattle y con un recorrido de menos de cinco kilómetros (ida y vuelta)”.

Enclavado al pie de un anfiteatro rocoso, el lugar ofrece mucho más que cuevas de hielo. Imponentes acantilados negros se alzan sobre el valle, proyectando su sombra, mientras que cascadas formadas por el deshielo se precipitan libremente por las laderas. De todas maneras, se recomienda a los visitantes evitar el ingreso a las cuevas de hielo, porque son muy inestables.

¿Cómo se forman las cuevas de hielo?

Esa inestabilidad obedece a que las cuevas de hielo Big Four no han sido excavadas en la roca. En cambio, son túneles que corren bajo acumulaciones permanentes de nieve y hielo. Durante el invierno, las avalanchas depositan grandes cantidades de nieve al pie de la montaña. Al llegar la primavera, el agua procedente del deshielo comienza a abrir galerías bajo esa masa helada, creando espectaculares arcos y cavidades.

Un sendero conduce a un paisaje invernal, a solo hora y media de Seattle. Foto: Explore Washington State.

El calentamiento global disminuye el manto de nieve y, entonces, las cuevas cuentan con menos material para resistir el calor del verano. Al mismo tiempo, las olas de calor cada vez más frecuentes aceleran el proceso de fusión del hielo, reduciendo considerablemente la duración de estas formaciones naturales, dice un artículo de Chron.

La posible desaparición durante los meses de más calor de las cuevas tendría consecuencias que van más allá del turismo. También supondría un indicador del rápido retroceso de la nieve permanente en las montañas del oeste de Norteamérica.

Los científicos explican que la pérdida de nieve afecta al suministro de agua durante el verano, modifica los ecosistemas alpinos y altera el comportamiento de numerosas especies animales y vegetales que dependen de estas condiciones para sobrevivir.

Miles de excursionistas llegan para ver las cuevas de hielo en Washington. Foto: Explore Washington State.

El artículo de Chron asegura que “varias zonas de la cordillera de las Cascadas ya se observa una reducción de glaciares, nieve permanente y acumulaciones de hielo que durante generaciones permanecían prácticamente inalteradas”.

Si bien las condiciones meteorológicas de los próximos inviernos podrían favorecer la recuperación parcial de las cuevas, los investigadores coinciden en que la tendencia general apunta hacia temporadas de nieve más cortas y veranos cada vez más cálidos.