Lo que debía ser el punto de encuentro para decenas de familias en Georgetown, Texas, hoy permanece vacío. La piscina comunitaria del barrio Carlson Place dejó de funcionar después de que sus administradores detectaran un problema conocido como "cáncer del hormigón", un defecto que, según especialistas, podría afectar a cerca de 30.000 piscinas en el centro del estado y provocar daños por miles de millones de dólares.
Brett Lagrone, vecino del barrio, esperaba que sus dos hijas disfrutaran allí del verano, igual que él lo hizo durante su infancia. Sin embargo, la piscina se vació durante el invierno pasado y nunca volvió a llenarse. En lugar del habitual movimiento de familias y niños, ahora solo queda una estructura agrietada.
Según informó KXAN, el problema responde a la reacción álcali-sílice (RAS), un proceso químico que ocurre cuando ciertos minerales presentes en la arena y las rocas reaccionan con el cemento. Esa reacción forma un gel que absorbe agua, aumenta de volumen y provoca grietas internas en el hormigón. Con el paso del tiempo, las piscinas pierden su capacidad para retener agua y presentan fisuras con aspecto de telaraña.
La asociación de propietarios informó a los residentes que estudia distintas alternativas para reconstruir la piscina. Entre ellas figura la posibilidad de solicitar un préstamo que implicaría un aumento en las cuotas de mantenimiento desde enero de 2027, mientras continúa un proceso judicial para intentar recuperar los costos de la empresa constructora Pulte y de otras partes que podrían resultar responsables.
Según KXAN, la empresa respondió que transfirió la piscina y su mantenimiento a la asociación de propietarios en 2024 y que recibió recientemente información sobre el caso, la cual permanece bajo revisión.
El problema responde a la reacción álcali-sílice (RAS). Foto: Brett Lagrone.
La única solución viable según los expertos
Especialistas de la Alianza de Piscinas y Jacuzzis del Centro de Texas sostienen que la región de Austin se convirtió en uno de los principales focos del país para este tipo de deterioro. El ingeniero John McIntyre afirmó que no existe un tratamiento capaz de reparar el daño. Según explicó, la única solución definitiva consiste en demoler la estructura y construir una nueva, con un costo estimado de entre 150.000 y 500.000 dólares por piscina.
McIntyre señaló que muchas de las piscinas afectadas podrían haberse construido con mezclas que contenían poca ceniza volante, un material que ayuda a reducir el riesgo de esta reacción química. Explicó que, tras una medida impulsada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en 2016, numerosas centrales eléctricas sustituyeron el carbón por gas natural. Como la ceniza volante es un subproducto de la combustión del carbón, su disponibilidad disminuyó de forma considerable. A ese escenario se sumó el fuerte crecimiento de la construcción de piscinas en la región, lo que dificultó todavía más el acceso a ese material.
"Actualmente, solo existe un tipo de productor de cenizas volantes en el estado. Antes había varias docenas, y ahora solo queda uno. Por lo tanto, el costo de las cenizas volantes es muy elevado”, dijo Juan José Armenta-Aguirre, presidente de la sección del Centro de Texas de la Asociación de Profesionales de Piscinas y Jacuzzis. También explicó que los propietarios pueden solicitar análisis de laboratorio para detectar la presencia de la reacción álcali-sílice, aunque el costo supera los 3.500 dólares por muestra.
La piscina comunitaria del barrio Carlson Place dejó de funcionar. Foto: Brett Lagrone.
El problema ya llegó a los organismos públicos
Desde marzo de 2024, los registros muestran más de una docena de denuncias presentadas ante la Oficina del Fiscal General de Texas contra empresas constructoras de piscinas y proveedores de hormigón. Algunas familias también recurrieron al Departamento de Seguros de Texas para intentar obtener cobertura por los daños, aunque el organismo informó que no detectó violaciones de la legislación estatal.
Según informó KXAN, la representante estatal Vikki Goodwin presentó dos proyectos de ley para ordenar la creación de estándares de calidad para el hormigón y exigir que las empresas informaran los ingredientes utilizados en sus mezclas. Las iniciativas no avanzaron durante la última sesión legislativa, aunque la legisladora espera que otro representante las retome cuando el Congreso estatal vuelva a reunirse en enero de 2027.
McIntyre también explicó que el deterioro suele manifestarse entre dos y cinco años después de la construcción y que con frecuencia aparece primero en los spas debido a los cambios de temperatura. Por ese motivo, recomendó a quienes planean construir o comprar una vivienda con piscina consultar quién la construyó, cuándo se realizó la obra y qué materiales utilizó el contratista. Para familias como la de Lagrone, la prioridad continúa siendo recuperar un espacio que consideran esencial para la vida de su comunidad.
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