Tal como lo viene haciendo al menos durante la última década, y con el propósito de realizar una muestra por año, Emiliano Miliyo, está presentando I Love Miliyo, instantáneas, fotogramas y otros autorretratos, hasta el 10 de agosto, en la galería Cosmocosa (Montevideo 1430 PB, CABA).
Del período 1988- 2003 es la familia de obras expuestas, algo así como el reverso de su trabajo. Todas originadas a partir de la propia imagen del artista, y al mismo tiempo, de las representaciones que los otros tienen de él mismo.
Emiliano Miliyo, Rubio. 1998-2026.
Esos roles creados por Miliyo que pueden parecer verdaderos, aunque no lo son, protagonizan las historias contadas en cada pieza, en clave de humor, satirizados, al borde del ridículo, mediante diferentes técnicas y en distintos momentos de su trayectoria.
Por caso, las versiones de Jardinero, tanto la copia de la fotografía original de hace casi cuatro décadas y la actual fotocopia montada. También están exhibidas Niño de la calle, de la serie Retratos, donde los nenes fotografiados aparecen con la remera que perteneció al autor cuando era chico, además de Preguntas, la pintura de principios de los 90, y el registro en video de la performance que hizo en Club Caniche, para esa misma época, entre otras obras.
Emiliano Miliyo, "Jardinero". Copia Vintage Original, 1988, 49.5 × 30 cm.
Y en una era dominada por la celeridad de los escritos escuetos plasmados en las pantallas, sobresale la atractiva conversación que el artista llevó a cabo con el investigador y ensayista Ernesto Montequin, en tanto texto de sala, disponible en versión impresa para los visitantes.
-Más allá del slogan publicitario, ¿a qué se refiere el título I love Miliyo?
-El título es por la primera obra de la muestra, en este caso. O tal vez, la última, la que le pone el moño al proyecto. Es ya una acción en sí misma, como si fuera que el título fue puesto por alguien que no es parte del trabajo, un fan inexistente. En ese sentido, en la mayoría de las obras, si no es en todas, hay una operación de tono de burla hacia sí mismo, pero, al mismo tiempo, de una especie de fidelidad, como si me tomara en broma para evidenciar cuán en serio me tomo mi trabajo. Y tiene, en gran medida, una cuota de ficción, que está escondida dentro de un gesto mínimo, como si fuera un falso documental. Algo así como la película This Is Spinal Tap o un Bob Fosse retratándose de manera descarnada en All That Jazz. Se podría decir también, como (Diego Armando) Maradona hablando en tercera persona.
6. Emiliano Miliyo, "Retrato I (R. Mutt)", 2003, Fotografía sobre papel Kodak montado bajo acrílico (Copia vintage), 82 x 58 cm.
-Las obras coinciden en la intención de ser verosímiles, incluso en la experiencia más performática, ¿cómo se fue dando esa búsqueda para que parezcan verdaderas?
-No fue una búsqueda o algo buscado, fue más una consecuencia. Hacer una obra siempre es tomar decisiones, hacer elecciones desde el lugar en el cual uno trabaja, que es muy limitado, casi oscuro por momentos. Cada artista tiene su acotado repertorio de herramientas que utiliza para trabajar sus temas principales. Y durante todo este periodo de obras, surgieron, como una cosa excepcional, estas imágenes que tomaban el formato de una posible verosimilitud. Por eso siempre terminaron siendo como una especie de lado B de mi trabajo.
-La vestimenta y toda la caracterización tiene un rol central, sobre todo en las fotografías ¿qué podés decir en ese sentido?
-En esta serie de obras la vestimenta es utilizada como un elemento formal clave. Y lo cierto es que me permitió hacer uso de ese lenguaje de una forma que para mí era imposible trabajar en el resto de las obras. Tal vez está relacionado con el trabajo que sí podíamos hacer en esa época; diseñar una muestra de manera integral, tenía que ver con la forma en que una banda pensaba la tapa de un disco, el flyer de invitación y que eso posibilitaba qué vestimenta usaban, cómo se hacía la toma fotográfica, qué imagen acompañaba el lanzamiento del proyecto, etcétera. Al generar estas imágenes pude juguetear con esos lenguajes y esos registros.
Vista de sala, Emiliano Miliyo, "Niño de la calle" con remera original.
-Montequin habla de autofiguración, y la elección de las obras llega hasta el 2003, una época en que la cotidianidad con la tecnología era muy distinta a la del presente, ¿cómo observás esa autofiguración hoy?
-Bueno, si hay algo de lo que nosotros ahora tenemos experiencia en primera persona es en cómo construimos una autofiguración. Y si contrastamos eso con, no solo el período de las últimas horas de esta muestra que es a principios de los 2000, cuando se podían tener programas de edición, cámaras digitales, una computadora en la cual trabajar, sino que además fue como la antesala de lo que después serían las redes sociales. O sea que ahí ya empieza a haber un algo que preanuncia, y las primeras obras eran de finales de los 80, otro mundo, donde no solo era analógico, sino que además en el caso de un artista adolescente como, con pocos recursos, era muy precario. La construcción de una autofiguración era realmente distinta.
-En casi todas las piezas está la referencia irónica a la imagen que el artista construye de sí mismo. Más allá del campo del arte, ¿se puede decir que ese recurso anticipó a la autorreferencialidad actual?
-Difícil decirlo, determinarlo. La verdad es que la idea de artista como un individuo distintivo viene gestándose desde el Renacimiento y evoluciona hasta el día de hoy. Luego de la Revolución Industrial, del siglo XX y con el auge de la publicidad y de la comunicación, esto toma nuevas formas y aquí estamos. Pero es cierto que, en la época actual, creo que, por ejemplo, ya no sé si corre tanto la idea a lo Oscar Wilde, que la vida imita el arte, sino que ahora pareciera que el arte imita al arte y la vida imita la vida, en términos de construir una imagen de la vida a semejanza de un ideal o de una fantasía.
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