Frente al cambio climático, el aumento de las temperaturas a nivel global y la temporada de verano al norte del planeta, la ciencia ha vuelto a poner el foco en la proliferación de poblaciones de mosquitos.
Un estudio publicado este miércoles en la revista Frontiers in Tropical Diseases, halló nueva evidencia temprana de que el mosquito Aedes aegypti, el transmisor del dengue, el zika, la chikunguña y la fiebre amarilla, está desarrollando resistencia a la alfa-cipermetrina, uno de los insecticidas piretroides más utilizados en el mundo para el control de este vector.
Uno de los autores de la investigación, el doctor Rohit Lakhwani, explicó que la población de insectos analizada registró una mortalidad del 97,91 % —y no del 99%, como antes— al ser expuesta a la dosis diagnóstica recomendada de alfa-cipermetrina, un porcentaje que los científicos interpretan como una señal temprana de resistencia.
"Tenemos evidencias de que los mosquitos están desarrollando resistencia a los insecticidas", escribió Lakhwani.
El equipo capturó ejemplares de Aedes aegypti con jaulas y aspiradores especiales para analizar los cambios bioquímicos asociados a la resistencia. Una vez que obtuvieron la muestra, se dedicaron a estudiar cómo reaccionaban dos enzimas que ayudan al insecto a neutralizar el químico antes de que actúe.
Una enzima que se activa hasta 21 veces más
Los resultados mostraron que la actividad de la enzima beta-esterasa del animal aumenta hasta 21 veces cuando el mosquito entra en contacto con la alfa-cipermetrina, lo que le permite descomponer parte del insecticida y sobrevivir a la exposición. Además, los autores identificaron una segunda proteína, la CYP450, también vinculada a procesos de desintoxicación, aunque su función exacta dentro del mecanismo de resistencia continúa en estudio.
El zoólogo Rohit Lakhwani, de la Universidad de Delhi. Foto LinkedIn
La doctora Sarita Kumar, coautora principal e investigadora del Departamento de Zoología de la Universidad de Delhi, explicó que, al entrar en contacto con el insecticida, el organismo del mosquito activa una respuesta celular que desencadena en horas la producción de proteínas defensivas.
"Comprender los mecanismos biológicos que permiten a los mosquitos sobrevivir a este insecticida mientras la resistencia aún está en sus primeras etapas es ventajoso", añadió Kumar. En ese sentido, hay una aclaración fundamental: la investigadora concluyó que la resistencia detectada todavía no está generalizada, lo que abre una oportunidad para que las autoridades sanitarias diseñen estrategias de manejo antes de que el insecticida pierda más su eficacia. También advirtió que no es posible prever cuándo la resistencia alcanzará un nivel suficiente para inutilizar la alfa-cipermetrina, aunque precisó que este tipo de resistencia bioquímica puede revertirse si se deja de usar el producto.
Fotografía cedida por el Instituto de Ciencias Agrícolas y Alimentarias de la Universidad de Florida (UF/IFAS) donde se muestra una hembra adulta de un Aedes aegypti, el mosquito transmisor de la fiebre amarilla. Foto EFE/ UF/IFAS
El equipo aclaró que los resultados corresponden a una población de laboratorio observada en un momento determinado y que los niveles de resistencia pueden variar en otras poblaciones, regiones o condiciones naturales.
El fenómeno también avanza en Estados Unidos
La resistencia a los insecticidas piretroides no es exclusiva de India u otros países tropicales. En Estados Unidos, investigadores del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura (USDA-ARS), el Centro de Excelencia en Entomología de la Marina y el Departamento de Agricultura de Florida documentaron el fenómeno desde 2019, en un estudio impulsado por el brote del virus del zika.
Ese trabajo halló que algunas poblaciones resistentes de Aedes aegypti necesitaban dosis de permetrina hasta 60 veces más altas que las poblaciones susceptibles para lograr el mismo control, y detectó marcadores genéticos asociados a esa resistencia. Los científicos en EE. UU. ya habían descubierto que el Aedes aegypti es capaz de adaptarse a las temperaturas en su "entorno local" en medio del cambio climático, lo que optimiza su desempeño a la hora de transmitir enfermedades.
Las barreras físicas son otra manera eficiente de impedir la picadura de un mosquito. Foto Shutterstock.
Por otro lado, un estudio del mes pasado publicado en la revista Parasites & Vectors amplió el panorama al identificar que la resistencia se propaga en una zona suburbana del condado de Wake, en Carolina del Norte, en poblaciones de Aedes albopictus.
Un tipo de gen vinculado a la resistencia alcanzó una frecuencia del 0,36 en 2023 y se extendió por toda la región muestreada, lo que indica que el problema ya no se limita al vecindario donde fue detectado por primera vez.
En conjunto, los mosquitos son responsables de enfermedades que afectan a más de 400 millones de personas al año y las enfermedades transmitidas por este vector provocan unas 700.000 muertes anuales en el mundo, según cifras de la OMS.
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