La felicidad se ha convertido en una exigencia social, en una meta que debemos alcanzar, en una obligación difícil de cumplir. Todo, porque los estándares en el siglo XXI son bastante altos. No alcanza con la salud, como decían las abuelas, y aunque lo parezca, tampoco con tener dinero. Siempre hay algo más.

El psicoterapeuta español José Luis Marín ha publicado un libro provocador desde el título: La salud mental no existe, la salud sí. El autor es conocido por la aplicación de la Psicoterapia Breve y por afirmar que “el 90% de los antidepresivos que se consumen actualmente son innecesarios”.

En una entrevista con la revista Cuerpo Mente, reflexiona sobre la felicidad. “Hemos convertido la felicidad en producto de consumo, porque hay toda una industria montada alrededor de ella: libros, cursos, apps, tazas con mensajes motivacionales”. Agrega que “cuanto más la buscas, como quien busca un tesoro, más se escapa. Porque la felicidad no es algo que se compra ni algo que se consigue solo con fuerza de voluntad”.

El psicoterapeuta José Luis Marín.

Entonces, vale preguntarse, de nuevo, qué es la felicidad. Marín responde: “Es lo que queda cuando tu vida tiene cierto orden, ciertos vínculos, cierto sentido. Y cuando no lo tiene, ninguna técnica de pensamiento positivo va a fabricarla”.

El problema para Marín es que “hemos creado ministerios, presupuestos, profesionales y hasta un mes de concienciación dedicados a algo que no puede existir por separado. Es como hablar de la salud hepática sin mencionar lo que comes, lo que bebes o cómo vives. El hígado no flota en el vacío y el cerebro tampoco”.

El escaparate perfecto de las redes sociales

Por supuesto, en la entrevista, surge el tema de las redes sociales y cómo influyen en la percepción de la felicidad. Marín es claro: “Las redes son el escaparate perfecto de una cultura enferma de positividad, ya que todo el mundo muestra su mejor versión, su vida editada, sus logros, sus viajes, sus cuerpos trabajados…”.

Para Marín, “hemos convertido la felicidad en producto de consumo, porque hay toda una industria montada alrededor de ella". Foto ilustrativa XAI

Del otro lado de la pantalla, inevitablemente, agrega, surgen las comparaciones. “El resultado es una sensación generalizada de que a los demás les va mejor, de que uno no está a la altura, de que le falta algo”, explica.

Marín también afirma que las redes sociales han sido “diseñadas para capturar la atención y no soltarla, para activar circuitos de recompensa intermitente que funcionan exactamente como las máquinas tragamonedas: mantienen el sistema nervioso en estado de alerta y búsqueda permanente, y ello tiene consecuencias reales en el cuerpo”.

En otra entrevista, con P de Pódcast, afirmó que la sociedad vive una “epidemia de diagnósticos de depresión”, más que una epidemia en sí misma. Para él, el sufrimiento humano (tristeza, duelo o frustración) se ha convertido en algo intolerable, y “hemos bajado el listón de lo que consideramos enfermedad”. La psiquiatría contemporánea ha transformado emociones normales en trastornos mentales, afirmó.