Un truco casero para colocar un tornillo en la pared y lograr que quede firme sin dañarla permite colgar cuadros, estantes y otros objetos sin que la fijación ceda con el paso del tiempo.
El problema suele aparecer cuando el tornillo comienza a moverse, el agujero se agranda o parte del revoque se desprende. En muchos casos, la falla no está relacionada con el peso del objeto, sino con una perforación mal calculada.
El truco casero consiste en usar una broca que tenga exactamente el mismo diámetro que el tarugo. La perforación no debe quedar más ancha, ya que la pieza de plástico necesita apoyarse contra los bordes internos para sujetarse. Por ejemplo, si el tarugo tiene un diámetro de 6 milímetros, la broca también debe ser de 6 milímetros.
El truco casero que puede ayudar en el hogar
Cuando se utiliza una más grande, el tarugo gira dentro del agujero y sale hacia afuera al colocar el tornillo. El largo de la perforación también debe superar ligeramente el tamaño del tarugo.
Así, la pieza entra por completo y queda al ras de la pared, sin sobresalir ni doblarse. Una vez dentro, el tornillo provoca que el tarugo se expanda. Esa presión contra las paredes del orificio genera la fricción necesaria para mantener firme todo el conjunto. La fuerza aplicada con el taladro no reemplaza esta coincidencia entre las medidas.
Perforar con mayor velocidad o ajustar demasiado el tornillo puede romper el revoque, deformar el tarugo o reducir su capacidad de sostener peso. Por ese motivo, la parte más importante del trabajo ocurre antes de perforar. El tornillo, el tarugo y la broca deben tener medidas compatibles con el objeto que se desea colgar.
Cómo elegir el tarugo según el peso y el tipo de pared
Los cuadros pequeños, adornos y objetos livianos pueden sostenerse con tarugos de menor diámetro. Una repisa, un espejo grande o un mueble suspendido necesitan piezas de mayor calibre y varios puntos de fijación.
La regla general es directa: a mayor peso, mayor debe ser el tamaño del tornillo y del tarugo. Sin embargo, no alcanza con elegir una pieza gruesa si no es adecuada para el material de la pared.
En una pared de ladrillo macizo o de hormigón suelen utilizarse tarugos plásticos de expansión. Al ingresar el tornillo, la pieza se abre dentro del orificio y queda presionada contra una superficie resistente.
Los cuadros pequeños, adornos y objetos livianos pueden sostenerse con tarugos de menor diámetro.
Las paredes huecas requieren otro tipo de fijación. En estos casos se usan tarugos diseñados para abrirse, plegarse o generar un apoyo detrás de la placa, lo que permite distribuir mejor el peso.
Un tarugo convencional puede quedar sin sustento dentro de una cámara hueca. Aunque al principio parezca firme, el movimiento o la carga constante pueden hacer que se desprenda junto con una parte de la pared.
También debe comprobarse que el tornillo tenga el largo suficiente para atravesar el objeto que se colocará y entrar en el tarugo. Si es demasiado corto, no alcanzará a expandir la pieza; si es muy largo, puede llegar al fondo y forzarla.
Los pasos para perforar la pared sin agrandar el agujero
El primer paso es marcar el punto exacto con un lápiz. Cuando se colocan estantes o elementos con más de un tornillo, conviene usar un nivel para evitar que los agujeros queden a diferentes alturas.
Luego se selecciona la broca de acuerdo con la medida indicada en el tarugo. La perforación debe comenzar a baja velocidad para impedir que la punta se desplace sobre la pared y deje una marca fuera del lugar elegido.
El taladro debe mantenerse derecho, sin inclinarlo hacia arriba o hacia los costados. Un cambio de ángulo puede ensanchar la entrada del agujero y hacer que el tarugo pierda apoyo.
El taladro debe mantenerse derecho, sin inclinarlo hacia arriba o hacia los costados.
Una vez alcanzada la profundidad necesaria, se retira el polvo acumulado dentro del orificio. Este residuo puede impedir que el tarugo entre por completo o reducir el contacto con los bordes internos.
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